La
diversidad en las manifestaciones artísticas ha creado un sin fin de mundos
paralelos que advierten formas diferentes de percibir y expresar temores,
traumas y obsesiones, dentro de un contexto que se rige por una estética que
cada vez más degrada nuestra condición humana. El arte se ha emancipado de la
armonía y belleza de la sociedad, a través de los monstruos que radican en
nuestra imaginación, los cuales nos ayudan a amplificar nuestra capacidad
perceptiva y creativa.