Crítica e historia en la formación de los jóvenes arquitectos mexicanos. Por Edgar Fabián Martínez Castillo.

“Es necesario fomentar en ellos la lectura, el acercarse a las distintas expresiones de la cultura, el estudio comparado de las obras importantes previas que les han antecedido, la visita permanente a estas obras, entendiendo que la experiencia de la calle es la mejor escuela de arquitectura.  Invitarlos  a pensar,  discutir, escribir, formando grupos interdisciplinarios y a realizar sus proyectos desde luego, confiando en que lo más importante es el valor de sus propias ideas, asumiendo los riesgos de lo que esto implica, sin dejarse deslumbrar por lo que piensan los otros. Sin el ejercicio de la crítica, seria, constante, razonada, documentada, el futuro nos relega necesariamente a ocupar en el mejor de los casos,segundos planos en los lugares de la historia.”1

Me llama la atención la diferencia que existe entre la mentalidad actual de los arquitectos, y la idea que los maestros de crítica tienen del mundo, y sin ir más lejos, lo que asume estudiante de arquitectura. Es raro encontrar entre los estudiantes, alguno que realmente cumpla con lo que menciona Gustavo López Padilla.  Que tenga una pasión por la lectura, que realice visitas a obras, en pocas palabras que quiera pensar, vivir la arquitectura de otro modo que no sea por medio de lo más fácil y cercano para nuestra época, es decir, internet. Sin duda alguna, una arma muy valiosa e importante, pero peligrosa dependiendo al área que sea dirigida.

Como herramienta, el internet ahorra tiempo sin duda alguna, pero como próximos arquitectos, todo estudiante debe de hacer conciencia de lo importante que es vivir la arquitectura, lo importante que es tener las bases claras, saber cuál es el origen de las grandes ideas de aquellos que admiramos. De nuestros ídolos.

La página de internet, Navegando la arquitectura, creada por López Padilla la considero una interesante herramienta. Un complemento de gran valor, para tener en cuenta muchos aspectos ligados con la arquitectura que en el aula no se enseñan. Toda crítica considero que es importante para no cometer los errores que muchos han cometido, o para aspirar a logros que otros han realizado. Así, al aprovechar las ventajas de internet como un medio ágil para compartir ideas e información, López Padilla nos ofrece entre otros temas, conceptos de teoría de la arquitectura, con lo cual me pregunto; ¿ qué pasaría si los arquitectos que tanto admiramos, plasmaran en forma teórica, escrita, y porque no, hasta gráfica, el origen de sus diseños, de sus ideas, de sus teorías, las bases de todo su quehacer arquitectónico, y no sólo, el resultado final de su obra?, ¿Cambiaría nuestra mentalidad como futuros arquitectos? .

Muy positivo de este arquitecto, pensador y crítico, el aprovechar esta eficiente y poderosa plataforma, ligada con las redes sociales, que sabiéndolas utilizar, no resultan tan negativas al ofrecer una página electrónica con ideas, conocimiento y crítica, a prácticamente el mundo entero, o por lo menos el ligado a la arquitectura.

Sin duda alguna todo consiste en cómo se usa la herramienta, para saber dar el golpe. Más páginas como esta, más crítica, historia y teoría de la arquitectura, para volver a generar arquitectura, y no tan sólo moda.

En su publicación “Crítica e historia en la educación de los jóvenes arquitectos mexicanos” habla sobre la forma en que la crítica ha crecido en el mundo arquitectónico, sin embargo, se debe de tener en claro, que esta profesión principalmente es gráfica, que los arquitectos se entienden y expresan mejor de esta idea, son pocos los que se han detenido a escribir ideas, teoría, explicaciones, lo que lleva a que este problema sea muy amplio desde la vida como estudiante de arquitectura. Aunque hay muchas publicaciones de historia y crítica, una más que otra respectivamente, falta mucho por integrar al arquitecto una forma más de desarrollar, de hacer su tarea como arquitecto, y no solo por su obra construida, sino a través de la crítica, ya sea desarrollada para otra obra, o la llamada autocrítica, tema que se supone se va desarrollando a lo largo de la vida profesional y que como arquitectos debemos llevar un poco todos, según Gustavo López Padilla.

Renovación o mantenimiento. Deportivo Hermanos Galeana. Por Fernando Minaya Hernández

A principios del presente año, las autoridades delegacionales de Gustavo A. Madero cerraron, de manera total, las instalaciones del Deportivo Hermanos Galeana. El motivo fue claro: la rehabilitación y renovación del conjunto para actualizar su funcionamiento a las demandas actuales, así como la transformación de la parte recreativa con el objetivo de ofrecer un lugar “moderno, seguro y funcional, no solo para la ciudad sino de todo el país”, en palabras de la delegada Nora Arias Contreras. El pasado 24 de mayo, el deportivo fue reinaugurado por las autoridades de GDF, asistiendo el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera. La obras tuvieron un costo de 30 millones pesos, algo que democráticamente se consideraría aceptable cuando la población beneficiada es para algunos miles.

Al iniciar las primeras palabras de este ensayo, surgieron algunas reflexiones sobre el tema: ¿y el diseño?, ¿en dónde fue pensado?, ¿fue utilizado como un principio?, o en su caso ¿solo fue un acto político, al puro estilo de la vieja escuela priista?, o peor aún, un hecho que solo maquilla la ausencia de una verdadera política de los espacios públicos.  Si bien es cierto que después de haber sido inaugurado en 1964 por el presidente Adolfo López Mateos y el regente Ernesto Uruchurtu, como parte de una red de deportivos dirigidos a cumplir con la demanda de espacios de encuentro social y deportivo para sociedad capitalina, fue algo que contribuyó, de manera significativa, con diseño y planteamientos sociales a un género arquitectónico que se observó desarrollarse y consolidarse ampliamente durante las siguientes décadas. Por lo tanto, aquellas palabras de la vieja escuela partidista del PRI si tuvieron una época protagónica en la construcción de espacios públicos y de aportaciones significativas a la ciudad y la arquitectura mexicana.

Las décadas transcurrieron y el mantenimiento fue realmente nulo para instalación deportiva, algunas inversiones se realizaron, pero en lo general solo la capacidad material y del diseño original pudieron postergar la agonía de un espacio fundamental para la zona de Aragón en el norte de la Ciudad de México. Hasta la fecha, lo aportado por GDF para “actualizar” el deportivo es lo relevante de la noticia, ya que los trabajos realizados distan de lo planteado en el discurso político contemporáneo. Los trabajos solo se limitaron a darle una pintada al exterior de la cerca perimetral, por cierto solo en la parte exterior, la canchas de futbol solo se empastaron algunas, la gradas fueron reparadas, la alberca ya tiene agua caliente –lo cual resulta extraño ya que desde hace algunas décadas ya contaba con esta característica-, se renovó el gimnasio con aparatos nuevos y duela en el piso, además de pintar el pavimento para delimitar un andador, pista para corredores y ciclo pista en la calle principal del conjunto, entre otras acciones menores.

El punto de partida se establece entre el discurso político y la gran reinauguración de un objeto de diseño que dista mucho de ser algo que festejar, ya que solo se refleja un mantenimiento mayor y una ausencia del diseño por actualizar las instalaciones, en donde solo se efectuaron reparaciones del trabajo no realizado durante años, en cuanto a la preservación material y funcional del equipamiento urbano existente.

En la reflexión del quehacer político sobre lo hay que hacer en la ciudad y su pertinencia, podríamos comparar el actuar de una época sobresaliente de espacios para la comunidad, como lo sucedido en la década de 1960 cuando no existía el equipamiento e instaurarlo implicó un gran suceso político y social. En la actualidad, la realidad supera al presupuesto financiero y por supuesto al propio discurso que se orienta a “festejar” hasta el mantenimiento preventivo de una estructura existente que conforma la ciudad, sin duda los tiempos han cambiado y las metas son modestas, sin embargo el protagonismo de los actores es el mismo.

Reinauguración. Fuente: Excélsior

Propuesta a la calle interior. Fuente: Fernando Minaya 

Plaza principal, sin modificaciones. Fuente: Fernando Minaya

Julio 2014

Querer formar parte de la mafia (arquitectónica). Por V. Alfonso Maldonado Gómez

Escuchar la palabra mafia probablemente puede traer a mente alguna película en donde un grupo poderoso y sus matones tiene sometida y controlada a una ciudad, nada pasa sin que este lo sepa o se encuentre involucrado, son una red de crimen organizado. Esta situación puede no estar tan alejada de la realidad, parece ser cierto que la toma decisiones con respecto al desarrollo de la ciudad solo pertenece a unos cuantos. Ya sean obras de carácter público o privado casi siempre se adjudican a personas y empresas que suelen pertenecen a un privilegiado “clan”. 

Al ingresar a cualquier facultad de arquitectura se empieza a conocer el trabajo de ciertos arquitectos, ya sea que se inicie por estudiar la edad antigua y se finalice analizando la obra de los arquitectos de la época moderna y la nueva generación. Resulta un tanto raro que constantemente se repitan los mismos nombres; publicaciones, congresos, talleres y exposiciones todas mayormente enfocadas y dedicadas al trabajo y obra de los mismos de siempre; ¿por qué?, ¿podrían estos arquitectos ser parte de un predilecto sistema corrupto? o aun peor, ¿podría la arquitectura ser la mafia misma?

Si bien las escuelas de arquitectura son el lugar en donde se empieza a estudiar, fomentar y referenciar el trabajo de este distinguido circulo de arquitectos, son otro grupo de personas y medios los que se encargar de promoverlos y difundirlos, “unos”, los acogen y favorecen, “otros”, los premian y les aplauden, los colocan en un pedestal, se les convierte en iconos; y los alumnos empiezan a querer formar parte de todo ello. Se les admira, a veces pienso que de manera superficial, y quizás falsamente, todo estudiante conoce su trabajo, pero pocos saben en qué consiste, lo importante es que se quiere probar ese poder y gloria,  trabajar o colaborar con algún arquitecto o despacho reconocido.

Pero el problema de toda mafia, es que si se quiere ingresar habrá que pasar por una iniciación, pues existen los rangos y hay que estar dispuesto hacer el trabajo sucio y pesado, claro a veces sin ninguna paga, reconocimiento o escaso crédito, la excusa, es la de ser pasantes, más que formar parte de esa familia se actúa como un subordinado. Y es aquí donde la situación empieza a volverse un tanto contradictoria, ¿no parece algo cínico ver a estos arquitectos estrella hablando de educación, del perfil deseado en un egresado, de la importancia de tener iniciativa, de ser creativo, de seguir haciendo uso del boceto y de la maqueta o de dar mayores oportunidades a los jóvenes?, cuando también son ellos mismos los que parecen buscar, no colaboradores, sino dibujantes de autocad, editores de photoshop y  productores de renders, claro, con una experiencia profesional comprobada, de minino dos años. 

Para bien o mal, quizá puede o no existir una mafia arquitectónica, ingresar a ella seria decisión de cada uno, el conformarse y trabajar para alguien más o tratar de surgir independiente, ser autónomo y proactivo, generar su propio trabajo. La verdad es que, solo es hasta que se logra incorporar al mundo laboral en donde se consigue poner los pies sobre la tierra, se empieza a reflexionar y decidir bajo qué circunstancias se quiere crecer profesionalmente. Todo es parte de un forzoso y a veces decepcionante proceso de aprendizaje, por el cual debemos pasar si es que se quiere actuar en una ciudad gobernada por grupos que controlan todo, es decir, las mafias del poder.   

Junio, 2014

Casa-Estudio Luis Barragán. Por Irving Misael Frías Hernández.

Recientemente escuché decir a Carlos González Lobo que la composición en la arquitectura no es otra cosa que una secuencia de significantes, esto es, una serie de elementos ordenados con un propósito tal que al recorrer los espacios en donde fueron dispuestos, generan al usuario un cumulo de experiencias y sentimientos únicos. Esta teoría de la composición nos habla de un factor que muchas veces no consideramos al momento de diseñar: la subjetividad, y es que para integrar nuestros diseños al contexto debemos por obligación incorporar nuestro espíritu creador, ordenar los espacios imaginando siempre que es lo que queremos transmitir.

En el arte, el creador siempre busca transmitir “algo” a través de su obra, entonces, si consideramos a la arquitectura como un arte, este debiera ser el propósito principal de nuestras obras, más que el de satisfacer solo necesidades primarias (que por supuesto están implícitas en los procesos de diseño, al menos en teoría).

Estas ideas abandonadas a principios del siglo XX gracias al surgimiento del movimiento funcionalista, fue reinterpretada y puesta en práctica muchas veces con éxito, otras no tanto; pero un arquitecto mexicano fue capaz de elevar al nivel más alto el sentido mismo de esta teoría: Luis Barragán.Ya se ha leído muchas veces y en varias publicaciones la exaltación del valor estético y emocional que generan los espacios propuestos por este arquitecto jalisciense, sin embargo no deja de admirarnos la manera en que concebía los espacios, y para muestra tenemos su proyecto más ambicioso: Los jardines del pedregal, aunque no es el propósito principal de este texto.


 Escalera de la biblioteca, casa - estudio de Luis Barragán
Fuente: www.casaluisbarragan.org

Al paso de la carrera de arquitectura y en general de la vida, existen momentos que te cambian los paradigmas, o los fortalecen; así, visitar y recorrer la Casa-Estudio Luis Barragán supone un parteaguas en la visión y en la experiencia kinestésica de todo ser sensible, y consciente del lugar en que está habitando, ese fue mi caso.

La experiencia que provoca recorrer un  espacio diseñado por Barragán es, como leer un buen libro: al principio lo compras por el título, pero su trama comienza a ser más interesante conforme se recorren las páginas, hasta que el clímax te invita a comenzar de nuevo. Así la casa de Luis Barragán te  envuelve en sus tonos rosados y amarillos matizados siempre en muros blancos, escaleras que hablan de intimidad y otras que te invitan a flotar, vanos que proponen diferentes sensaciones conforme juegas con sus aberturas. También, jarrones que expresan esa necesidad de sentirnos identificados con algún valor y nombrarlo nacional, muebles con dimensiones distintas a las convencionales que obligan a hacer reverencia a la casa, cada vez que intentas levantar algo de su superficie. Juegos de luz que lanzan un discurso en el que el protagonista siempre es el reflejo o el imite del haz, jardines que invitan a la comunión y a admirar la majestuosidad de la naturaleza, pinturas y objetos de carácter personal dispuestos de forma aparentemente circunstancial, que evocan a ese carácter de mimetización del entorno. Y es que se dice de Barragán que por su afán de ordenar cosas en los espacios era un escenógrafo, pero más que eso yo lo consideraría un poeta visual, ya que armoniza con esos elementos que pueden ser desde una pintura de Orozco hasta un Facistol, con el único fin de transmitir las sensaciones que el experimentó al crear cada espacio.

Es por eso que en este texto hablo más de lo que Barragán produjo en mí, que de lo que aparece en la página web de la casa:


“No miren lo que yo hice, miren lo que yo vi”
                                              Luis Barragán, discurso del premio Pritzker, 1980

Junio, 2014