La adaptación a la Nueva Normalidad. Por Martha Susana Villegas Salazar


En enero de este año nos sonaba tan lejana la noticia, hasta que en marzo nos informaron que el virus había llegado a México, nos calló como balde de agua helada, porque también congeló nuestras vidas cotidianas, la economía, la educación y la calidez humana. En la colonia donde vivo observé las calles vacías y los negocios cerrados, había una cierta hora en dónde daba un poco de miedo salir, la curiosidad me llevó al centro de la ciudad, en dónde encontré calles con barreras y policías vigilando, y otras, en las que no hacían falta esas restricciones, porque simplemente, no había nadie.


Vicisitudes del aula virtual en tiempos de excepción. Por Alejandro Ochoa Vega

Empezamos 2020 con las noticias lejanas de una pandemia en China, la cual llegó a México a fines de febrero con un primer caso, y  para marzo ya se declaraba la contingencia para retraerse y salir a la calle, solo estrictamente para lo necesario. En Europa, la cantidad de muertos diarios eran ya de cientos. Del 20 de marzo al 30 de abril todas las escuelas y universidades cerraron en nuestro país, no obstante los contagios empezaron a aumentar, sin que hasta la fecha, ya en agosto, pare una  tendencia que ya llega a miles de infectados y fallecidos. El impacto económico y emocional para todos en el mundo entero ha sido enorme, y hemos tenido que seguir con nuestras vidas, en la llamada “nueva normalidad”, que significa usar cubrebocas y caretas, guardar distancia y no saludar de mano, besos o abrazos a la gente, evitar la reunión de grupos grandes, y quedarnos en casa, en un porcentaje que casi nadie lo hacía. Un cambio de vida radical, para un sector privilegiado de la sociedad que no tiene que salir si o si, para ganarse el pan de cada día.