Carlos Mijares Bracho. Retrato malhablado. Por Eduardo Basurto Salazar

Carlos Mijares Bracho. Retrato malhablado. Por Eduardo Basurto Salazar
Antes que nada, quiero dejar en claro que me resulta extremadamente difícil cumplir con la solicitud de Alejandro Ochoa: escribir sobre el arquitecto Carlos Mijares. Esto por varias razones, entre ellas el tener el enorme privilegio de contar con su amistad y por ello tener el riesgo de caer en el sentimentalismo. El haber iniciado y participado con él en proyectos como Menhir hace ya más de 20 años y conocer de su gran interés por la difusión de la arquitectura, además por la gran cantidad de publicaciones realizadas acerca de su obra, la más reciente en Artes de México, así como los textos, libros y documentos realizados por él sobre la teoría y el oficio de la arquitectura, lo cual me deja poco que decir.

Es por ello que se me ocurre contar fragmentos que recuerdo compartiendo momentos que me hicieron pensar: -¡¡¡este es un bato chingón!!!- (para aquellos que no están familiarizados con este adjetivo, significa, según el diccionario de la Real Academia Española de mi IPhone De muy buena calidad o factura).

 Arq. Carlos Mijares Bracho Fuente: Eduardo Basurto Salazar

En los noventa, en el ISAD (Instituto Superior de Arquitectura y Diseño A.C., en la ciudad de Chihuahua), a raíz de un seminario sobre el aprendizaje y la enseñanza de la arquitectura, invitamos a Carlos a participar como ponente y asesor sobre el tema. A lo largo de una semana, se realizó el seminario, Carlos presentó su ponencia y conversó con estudiantes y profesores. Al final se organizó, a manera de clausura, una comida en Santa Eulalia con viandas y brebajes típicos del norte (ergo: carne asada y barril(es) de cerveza) con todos los participantes; estudiantes, profesores, demás asesores y ponentes (entre ellos Macario Aguirre, el Vico y Mario Macalpin).

Durante la comida, en torno a una larga mesa con todos los asistentes, se suscitó un acontecimiento (catarsis diría) a raíz de una pregunta que una de las estudiantes le hizo a Carlos. La pregunta, si mal no recuerdo, giraba en torno a lo que significaba ser arquitecto y hacer arquitectura. De manera improvisada Carlos respondió, modestamente como lo suele hacer, pero como si tuviera el texto debidamente redactado en una pantalla frente a él. Puso el acento en las frases significativas, las palabras, las sílabas y las letras precisas, cada una en su lugar y con el tono correspondiente, tejiendo con ello un discurso, el cual dio como resultado que al final de su exposición, todo el mundo se levantara de su asiento, y en silencio, sin aplaudir, se tomaran de la mano para expresar profundamente su agradecimiento y expresar un momento de aprendizaje.

 Arq. Carlos Mijares Bracho Fuente: Eduardo Basurto Salazar

Ahí comprendí que su discurso, expresaba (y expresa) no sólo una manera de hablar de arquitectura y concebir el oficio del arquitecto, sino de materializarlo como sólo él lo sabe hacer. Con ello aprendí, que la manera en que construye un discurso, verbal o textual, guarda una íntima correspondencia con la forma de pensar el diseñar y construir. Como en su discurso frente a los estudiantes, pone el acento en el detalle, como colocar un tabique encima de otro (las letras), para construir una bóveda, un arco o un dintel (las frases), imprimiendo una gramática precisa, para expresar una retórica, entendida esta, como el arte de dar eficacia y significado al lenguaje de su obra (el discurso).

En otra ocasión, en un convivio en la tarde en el patio de su casa de Coyoacán, al final de una comida, de esas que te dejan con ganas de…más (una de mis afinidades con el Maestro, lo sibarita) nos ofreció un café endiablado (mezcla de diversas hierbas con un café cargado). Maestro, le pregunto, qué es eso?, me respondió, eso no es, se siente, te introduce un calorcito que sube, sube y sube... Produce un estado de ánimo lúdico. Después de beber una taza te provoca una euforia difícil de contener, sobretodo con respecto al sexo opuesto (otra de nuestras afinidades).

Arq. Carlos Mijares Bracho Fuente: Eduardo Basurto Salazar

Ahí comprendí y confirmé, este es un bato chingón.

Febrero, 2014

Un gigante modesto (nota sobre Carlos Mijares). Por Pablo Quintero Valladares

Un gigante modesto  (nota sobre Carlos Mijares). Por Pablo Quintero Valladares
Este texto pretende señalar brevemente algunas características que encuentro significativas para entender a Carlos Mijares y a su obra. Le he escuchado en diversas conferencias, he visitado algunas de sus obras, nos ha orientado en la realización de varios proyectos. Pero, sobre todo, tengo la fortuna de compartir con él una profunda amistad.[1]

Le conocí hacia 1990 en algún homenaje a Barragán y coincidimos en varias ocasiones, pero la cercanía se incrementó particularmente a partir del año 2000 en el que hicimos un viaje a Portugal y en donde, con nuestras respectivas familias, recorrimos y descubrimos para nosotros ese país maravilloso. Como cosa poco habitual, hicimos coincidir tres generaciones: la de Carlos y Malena, seguido de sus hijas, Carminha y yo y, finalmente nuestras niñas que entonces eran pequeñas. La duda se disipó rápidamente pues la convivencia fue de inmediato muy grata, lo cual se facilitaba entre otras cosas por la esmerada programación del viaje que ellos hicieron así como por el apoyo para la lengua (engañosamente semejante al español) que nos brindaba mi esposa, quien vivió mucho años en Brasil. A raíz de aquella experiencia la amistad con Carlos  se consolidó y se mantiene cercana.

Sala Manuel M. Ponce, Arq. Dolores Martínez Orralde, Arq. Carlos Mijares Bracho, Arq. Fernando González Gortazar.   
Fuente: Dulce Ma. García Lizárraga

La obra de Carlos Mijares consigue, a partir del conocimiento de distintas arquitecturas, hacer una arquitectura para este lugar y este tiempo y, en tanto ha conseguido alcanzar la excelencia, aporta para otros lugares y tiempos; es decir, ha conseguido realizar ese singular proceso de ida y vuelta en el que lo universal se materializa en lo particular para (por su calidad) volverse nuevamente universal. En esta línea, la producción de Carlos puede plantearse como una alternativa verdaderamente valiosa en el contexto mexicano de este flamante siglo puesnos ofrece un camino original en diversos sentidos; tanto en sus aportaciones para la experiencia del espacio como por sus riquísimas evocaciones. Carlos Mijares personaliza una paradoja: su obra es claramente contemporánea, al tiempo que está exenta de concesiones a la moda; es una obra que le apuesta a la permanencia vital, no al consumo.

Y, como dice el dicho: de lo bueno poco, la obra de Mijares no es excepción, más aún considerando que él se ha permitido adicionalmente otro filtro: no ocuparse particularmente por conseguir a toda costa encargos o notoriedad; así, ha avanzado en la construcción de su particular discurso, donde se evidencia el acierto para establecer una lectura fina del sitio y poder tomar la palabra. Por ejemplo, es clara su capacidad de apreciar y sacar partido a los materiales convenientes así como de entender las posibilidades de los constructores y operarios con que se cuenta. En este sentido son notables (y característica clave de su arquitectura) las obras de ladrillo, transformándolo en un personaje polifacético que permite la configuración de espacios con un lenguaje variado en razón del orden cuidado de la escala, de la luz y sus matices. Se trata de una suerte de trabajo de equipo de millares de piezas las cuales, dispuestas de tantas maneras (en arcos, trompas, columnas, ventanas), nos capturan. Es la experiencia intensa de la manifestación tectónica de la arquitectura.

Otro aspecto significativo es su particular actividad docente. Más allá de sus muchos años en diversas universidades y sus numerosas charlas (pues Carlos Mijares es por cierto también un notable conversador), conviene enfatizar la certeza de sus correcciones con un profundo, respetuoso (y a veces devastador) sentido crítico. Quizás apoyado en su experiencia como jurado de concursos, resulta notable su capacidad de comprensión de los proyectos, ya que rápidamente atina a lo sustantivo de una propuesta. Aparte de las reflexiones acerca de los proyectos, vale la pena subrayar su capacidad de lectura de los edificios. Como si fueran libros abiertos, resulta particularmente grato compartir un recorrido con quien encuentra cosas esenciales y las participa con sencillez y naturalidad. Esta facilidad para mostrar la arquitectura se traduce también en su constante interés por promover la cultura arquitectónica.

Finalmente (o, de inicio), para entender a Carlos Mijares, este boceto incluye necesariamente la mención especial que merece Malena Fernández, su esposa. Cuando en 1985 se realizaron en la UAM una serie de conferencias en las que 18 arquitectos exponían su práctica profesional y académica[2], sólo Mijareshace referencia explícita a su familia. Más adelante entendí la razón; Malena Fernández fue ciertamente una mujer extraordinaria; quizás, si una cualidad entre tantas hubiese de destacar, mencionaría su excepcional calidez. Por esto, si bien compartir y disfrutar nuestra profesión es lo que en principio nos convoca, sigo viendo a Carlosen la compañía afectuosa y solidaria, aún si ya no físicamente, de Malena.

En fin, estas y otras experiencias en torno a la arquitectura han sido base para apreciar otra dimensión: su calidad humana y, con ésta, su enorme gusto por la vida, la amistad, la música, la comida… .  Resulta estimulante saber que contamos con estos adelantados compañeros de viaje.



[1]Esta texto fue realizado inicialmente para acompañar el catálogo de una exposición sobre Carlos Mijares; fue publicado en la serie monografías, Ministerio de Fomento, Madrid, 2000. Para responder a la invitación del Dr. Alejandro Ochoa lo he revisado y tiene esta nueva versión.

[2]Estas conferencias fueron publicadas con el título: MODERNIDAD EN LA ARQUITECTURA MEXICANA, 18 protagonistas. UAM X, CyAD, 1990.

Febrero, 2014

Mijares y la experimentación. Por José Ángel Campos Salgado

Mijares y la experimentación. Por José Ángel Campos Salgado
El ejercicio de la arquitectura, si se hace responsablemente, obliga a una cuidadosa experimentación comprometida con el uso que tendrá lo edificado, con los sujetos que ocuparan sus espacios y con el espacio mismo que a su vez estará definido por la materialidad de la arquitectura. A esta correlación de factores hay que añadir el entorno,  donde Carlos Mijares diría que es mejor “ubicarse en el coro que intentar siempre ser el solista”. Y precisamente este gran arquitecto nos da ejemplo de lo que significa el compromiso con todos esos requerimientos. Su trabajo parte de una primera búsqueda donde la preocupación será cómo darle un sentido más humano, cabe decir, táctil, a la arquitectura moderna, cómo hacer que el concreto pierda su frialdad, su condición de piedra artificial, inerte y ajena a quien la toque. Y para ello estudia con cuidado la cimbra que dejará su huella aparente una vez retirada, y combinará este material con tímpanos de ladrillo en aparejos no convencionales.

Christ Church, Ciudad de México Fuente: www.existelo.tumblr.com

Este último material será en sus mejores obras un amigo, un compañero y un cómplice, recuperando su nobleza, su versatilidad y sus capacidades naturales. Mijares experimenta con el ladrillo apoyado en la tradición, lo usa para muros, arcos, trompas y bóvedas y cada vez arriesga más sin modificar el material en su estado original. Lo que exige esta tarea es el dominio del oficio que quiere decir: conocer y manejar las reglas de la geometría con la se pueden combinar diversas formas y volúmenes, saber de las capacidades de trabajo de cada material y la manera en que se comporta cuando se reúne o se combina con otros materiales, manejar con destreza los instrumentos y materiales que permiten expresar las ideas y comunicarlas a quienes estarán a cargo de construir lo proyectado, saber observar lo existente en el lugar y tener el juicio suficiente para adoptar una posición que respete y mejore esas condiciones y finalmente, considerar con toda sabiduría las capacidades de los trabajadores, sus casi siempre precarias condiciones de vida y su entrega comprometida con lo que será el fruto de sus esfuerzos físicos y emocionales.

Christ Church, Ciudad de México Fuente: www.existelo.tumblr.com

Todo esto está en el trabajo de Carlos Mijares y ha alcanzado tal nivel que indudablemente merece el más alto grado académico que puede conferir una institución educativa, porque además de su trabajo profesional ha sido un desinteresado formador de nuevos arquitectos, con su ejemplo y transmitiendo en el aula y el auditorio todo lo que sabe, sin guardarse nada de sus secretos. Pero aun debemos reflexionar sobre otro aspecto: la enorme diferencia de su arquitectura es que al pasar de los años alcanza hoy una presencia simbólica, un reconocimiento como marca de un lugar. Sus usuarios saben que están dentro de una obra mayor de arquitectura y la cuidan, la miman y la presumen. Esta es una gran diferencia frente a las últimas búsquedas que realizan los arquitectos que están de moda, los que salen en las revistas o en las recopilaciones de los mejor del inicio del siglo XXI, como pomposamente se hacen llamar estos escaparates de la irreflexión. Se trata de una arquitectura del espectáculo, para un público que ha sido educado por la televisión comercial, el cine de tercera dimensión y la publicidad que impone la forma de vida de una clase social que sueña con encontrarse en otro país. El mundo del consumo donde los objetos están planeados para ser sustituidos por otros en una siguiente etapa de la moda, que por sí misma debe ir cambiando todo el tiempo.

Espacio Lúdico, Bogotá, Colombia Fuente: Carlos Mijares B.

La arquitectura de Mijares es lo contrario, se trata como él mismo dice, de demorarse en el disfrute del espacio, de transitarlo lentamente para saborear cada rayo de luz que acaricia la textura del ladrillo de sus muros, de dejarse acariciar por los rayos de luz que proyectan sobras sorprendentes delante de nuestros pasos; la serenidad está detrás de sus experimentaciones y el resultado nos deja para las nuevas generaciones, las lecciones de una vida que se vive y se disfruta en comunidad. Celebremos que aun nos viva para intercambiar con él ese gozo.

Febrero 2014

Concursos para estudiantes de arquitectura. Por Omar Sandoval Hernández

Concursos para estudiantes de arquitectura. Por Omar Sandoval Hernández
Para muchos profesionales de la arquitectura los concursos simplemente son una práctica insostenible porque demandan mucho tiempo, dinero y la posibilidad de resultar ganador es prácticamente mínima, además de agregar que en nuestro país en los últimos años la creación de edificios públicos en su mayoría han sido asignados de manera directa o a través de concursos por invitación, por lo que nuestra profesión no cuenta con una cultura sólida para concursar proyectos.

En contraparte, es cierto que los concursos son la dinámica más sana y democrática para obtener un mejor resultado en la elección del mejor proyecto, ya que se trata de una actividad colectiva, en donde los participantes ya sean ganadores o no, todos, aportan ideas y diversidad de estrategias para abordar el problema a diseñar.
¿Cuál es la situación en la que nos encontramos los estudiantes de arquitectura? ¿Cuál es el objetivo de participar en concursos?, se dice que la mejor manera de aprender arquitectura es haciéndola y la mejor manera de hacerla es practicando. Para mí, los concursos son una práctica lúdica, es decir; aprendes jugando. Creo que los concursos son como un juego, a veces ganas, a veces pierdes, pero siempre habrá algo importante que rescatar, como bien lo dice el maestro Carlos Mijares:

“El juego de la arquitectura, un juego, si, un mundo que se crea, especial, espacial, con sus principios (qué) y sus propósitos (para qué), con sus tácticas (cómo) y sus propias piezas (con qué), con su campo de juego (dónde), su tiempo particular (cuándo), sus razonamientos (por qué), sus jugadores (quién) y, por supuesto, sus espectadores (para quién). Como en todo juego, lo importante serán tanto los principios (precisos y abiertos) y los propósitos (claros pero no previstos) como el modo particular de haber sido jugado en cierta ocasión, bajo determinadas circunstancias. De aquí nace la posibilidad de seguir jugándolo sin necesidad de repetirlo, de aprender algo cada vez que se juega y de transformar sus tácticas y sus estrategias para producir nuevas y apasionantes experiencias; de ahí también la necesidad de cumplir sus reglas, de conocer sus principios, de practicarlo en sus campos, de dominarlo gradualmente con la práctica y de reconocer sus límites, para en verdad jugar ése juego y no otro”.[1]

Por esta idea lúdica es que creo que cada vez los concursos cobran más importancia durante la formación de estudiantes de todo el mundo, puesto que el proceso tiene una chispa que provoca en los participantes un aliciente y un ambiente positivo de trabajo, independientemente de resultar ganador o no; el espíritu de aprendizaje crea una batalla interior, el dar siempre lo mejor de uno mismo. En cambio, la dinámica del Taller de proyectos escolar en que la mayoría de las veces es muy cerrada y tediosa, no se vive la misma experiencia. Es esa chispa la que creo que ha propiciado involuntariamente, que las escuelas de arquitectura y los profesores de todo el mundo involucren la dinámica del concurso como parte de la curricula.

En esta práctica lúdica; los concursos,  existen ciertas reglas y ciertos principios que tenemos que conocer respecto a las circunstancias del proyecto: el qué, para qué, cómo, con qué, dónde, cuándo, por qué, quién y para quién. Estos principios son los que al final enriquecen a todos los participantes de un concurso, porque es impresionante la diversidad con la que cada persona o equipo de trabajo aborda el mismo tema de estudio, y cómo es que estos principios se reflejan en el resultado final del proyecto. Esto sin duda, significa un aprendizaje muy importante, pues con esta práctica colectiva, se pueden identificar aciertos, errores, dudas, y encontrar siempre una mejor solución, apoyándose en los resultados y trabajo de los demás.

Los concursos pueden ser otra herramienta que ayude en el fortalecimiento del  aprendizaje de un estudiante, son una oportunidad para superar nuestros propios límites puesto que nos encontramos en un momento importante, por todo lo que el internet y las nuevas tecnologías nos ofrecen. Ahora tenemos la oportunidad de compartir nuestro trabajo y aprender de cualquier estudiante, escuela de arquitectura en el mundo; estamos abiertos a cualquier posibilidad, no existe ninguna barrera para tener colegas de Suiza, Japón, Chile o cualquier parte del mundo o interior de nuestro país. Ahora existe esa oportunidad, y los concursos son la plataforma que hacen posible ese encuentro virtual y físico.

27 Premio a la Composición Arquitectónica Alberto J. Pani. Concurso Corto. MUCA,  Facultad de Arquitectura, UNAM. 
Fuente: Omar Sandoval H.

Mucho se habla de que si la arquitectura se puede enseñar, o de las mejores maneras para aprender, también de la situación en la que hoy en día se encuentran las escuelas de arquitectura, de que si están en crisis o que si son demasiadas. En mi opinión como estudiante, creo que es importante que todos los que estén involucrados tanto en la enseñanza y el aprendizaje de la arquitectura deban tener siempre en cuenta, eso a lo que el maestro Carlos Mijares denomina espíritu de aprendizaje, porque como bien lo dice, si alguien quiere llegar a ser arquitecto debe saber que el espíritu de aprendizaje no se limita a la etapa académica, sino que es necesario mantenerlo toda la vida.



[1] Carlos Mijares, Transitos y demoras. Esbozo sobre el quehacer arquitectónico. Universidad Piloto de Colombia, Bogotá, 2008.

Febrero, 2014

Las autopistas urbanas ¿Una opción de movilidad? Por Fernando Minaya Hernández

Las autopistas urbanas ¿Una opción de movilidad? Por Fernando Minaya Hernández
En años recientes, la construcción de autopistas urbanas dentro y en los alrededores al Distrito Federal ha permitido una mejoría en la movilidad de los habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México, pero ello ha conllevado costos de uso y de otras opciones de transportes.

En el D. F. se inauguro, a finales de 2012, el primer tramo de la Autopista Urbana Norte que va desde Cuatro Caminos hasta San Antonio, el cual se complementa con el tramo, construido años atrás, en el Estado de México, Cuatro Caminos hasta la autopista México-Querétaro. A partir de estas obras se han erigido más autopistas urbanas en tiempo record, ya que son financiadas desde su diseño hasta la operación por títulos de concesión a empresas privadas; en este sentido, el peaje es uno de los principales objetos de crítica para la movilidad del siglo XXI, además de los problemas de incorporación con las vías existentes de la ciudad y un aumento en el uso del automóvil.

Autopistas como Ecatepec-Naucalpan,  San Antonio-Cuemanco, Santa Fe-San Jerónimo son parte de proyectos integrales de mejora vial en tiempos de recorrido, reducción de contaminantes, ampliación de la red de transporte, entre otros. Estas obras pretenden liberar zonas de la ciudad que se encontraban con congestionamientos de transporte de carga y desviar la circulación vehicular de los centros de ciudad. Estos esfuerzos, en general poco ayudan a la ciudad en el largo plazo, ya que por un lado el cobro permite la elección de rutas sin costo, además de la privatización de la vialidad ante los problemas de deficiencia y ausencia de transportes públicos masivos como los sería los autobuses articulados, el Metro o nuevos sistemas ferroviarios para desincentivar el uso del automóvil.

En los problemas de la ciudad, y en específico de la movilidad, los países de orientales como Japón o Hong Kong han optado por autopistas con sistemas paralelos de transporte público masivo, para resolver de una manera más equitativa para quien tiene auto, y en su caso para los que prefieren los sistemas ferroviarios de transporte. En cuanto Europa, las soluciones se han encaminado a reforzar y mejorar las vías de trenes existentes con nuevos sistemas de alta velocidad para la conexión las zonas conurbadas de sus metrópolis. Otro fenómeno importante es la imagen urbana de los segundos pisos, ya que al no existir espacio en la traza, se sobre pone la autopista en trazos de arterias existentes, creando así problemas de diseño entre los edificios y las partes bajas de las nuevas vialidades.


Autopista Urbana Sur.  Fuente: http://www.obras.df.gob.mx

Si bien las autopistas urbanas son una opción, esta no debería ser la única, el planteamiento está condicionado a que fuese un plan integral, que contemple a todas los estratos sociales y las diversas posibilidades de transporte para una ciudad con millones de habitantes desplazándose de diferentes formas y en horarios diversos.

Enero, 2014

Mi visión después de la Universidad. Por Ernesto Hernández N.

Mi visión después de la Universidad. Por Ernesto Hernández N.
A tan solo unos meses de haber concluido la carrera de arquitectura en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco; puedo expresar una visión con respecto al papel que desempeño en el ámbito profesional, así como las inquietudes y problemáticas con las que a diario debo enfrentarme.

Uno de los motivos más importantes que me inspiro a estudiar arquitectura,  definitivamente fue el hecho de ya laborar en una pequeña constructora en donde solo tenía oportunidad de cumplir funciones muy limitadas. En esta retrospectiva reconozco mi afán pleno de lograr en un principio mi estabilidad laboral, que al mismo tiempo permitiera colocarme en el área de diseño, y donde existiera la posibilidad de asumir y tomar  decisiones. Supongo que cuando no se tiene ese panorama que solo este tipo de universidad puede abrir, uno queda limitado a una lógica globalizada de producción y mercado. Afortunadamente la UAM te recibe con un claro objetivo que fundamenta y da sentido, a esa nueva oportunidad y responsabilidad que uno adquiere. Me refiero a los alcances del Plan de Estudios con principios como la  “autonomía”, “casa abierta al tiempo” y más aun en lo particular de los objetivos generales de la carrera, puntualizando para una singular interpretación los siguientes; “profesionales”, “diseñadores”, “contexto”, “necesidades sociales”, “enfoque critico”, “visión”, “soluciones”, “teoría”, “técnica”, “metodología”, “equipo”, “interdisciplinas”, “lenguaje especifico” y “servicio a la comunidad”. Pienso que este conjunto de propósitos forman una guía en la complejidad de la arquitectura como enseñanza.

Honestamente solo puedo recordar algunos docentes con los que me sentí satisfecho por su conocimiento transmitido,  pero aun más importante es la trascendencia que lograron fuera de la escuela y que han quedado como mis referentes a seguir. Me viene a la mente el primer día de clases con el Maestro Horacio Sánchez, un teórico objetivo, de quien aprendí las premisas de la arquitectura funcional con un sentido claro y lógico. Del arquitecto José María Buendía pude ver una cara tan distinta de la arquitectura, desde una perspectiva poética, de vivencias  y hazañas, que me transportaban inmediatamente en cada clase a sus orígenes culturales. También fue en esa etapa inicial de mi aprendizaje cuando tuve la oportunidad de ser alumno del Doctor Alejandro Ochoa Vega, quien cambio por completo un concepto errado de lo que para mi significaba tomar una clase de historia, creo que hoy en día despertar el interés en esa práctica es un verdadero reto, ya que solo escuchar el titulo de la metería me remontaba a una carga con la que había que cumplir. Posteriormente fue  un alivio el saber que el Dr. Ochoa impartiría el último año de la carrera, apegándose al plan de estudios y abordando en el último trimestre la critica arquitectónica, algo que desconocía, y en todo caso tenía un prejuicio por el simple peso de la palabra. Pero el contenido, el método didáctico con que abordó el modulo, así como por su experiencia y trayectoria, que no solo queda en el salón de clases, dejó claro el sentido y la responsabilidad del análisis crítico, que nos corresponde también a nosotros practicar. Por otra parte profesores como el Maestro Carlos Mercado y la  arquitecta Beatriz García, develaron en mi la capacidad de valorar nuestros espacios patrimoniales, no solo con la intención de conservarlos sino también intervenirlos, en coherencia con nuestro tiempo y contexto.

Considero que otros aspectos aprendidos en la carrera son también importantes, pero se quedaron en muchas ocasiones fuera de la realidad concreta; en el mejor de los casos en los aspectos técnicos, que finalmente solo a través de la experiencia en el campo, habría que reforzarlos.

Definitivamente lo que me deja mi paso por la Universidad, son las lecciones de mis buenos maestros, para que tarde o temprano pueda concretarlas en mi vida profesional, con una visión integral, de búsqueda social, comprendiendo el contexto y  siempre con un enfoque crítico. Sin dejar de lado, la posibilidad de que en algún momento pueda integrarme a la estructura docente  de mi casa de estudios, en la cual hoy observo una mala coordinación, un discurso burocrático, contradictorio y un protagonismo en ocasiones tan presuntuoso, que solo confunde apartando al alumno y desalentando al egresado.

1.- Entrega de Diplomas Mtro. Carlos Mercado y Ernesto Hernández.
2.- Ejecución de obra Promotora Habitacional Milán
3.- 2Do Simposium de Arquitectura  Mtro. Horacio Sánchez.
4.- Coloquio la casa mexicana IIE.UNAM. Dr. Alejandro Ochoa.

Enero, 2014

PEATONES EN LA CIUDAD. Por José Ángel Campos Salgado

PEATONES EN LA CIUDAD. Por José Ángel Campos Salgado
En el siglo XX los arquitectos plasmaron proyectos cuya intención era impresionar a quien la observara. Fue el primer intento de volver a la arquitectura un espectáculo. Bruno Taut dibujó en 1919 su arquitectura alpina de cuyos templos con cubierta de cristal salían rayos que hacían brillar el edificio, ello con la intención de iluminar el camino a la perfección. Frank Loyd Wright en 1945 muestra una vista nocturna de su proyecto del Museo Guggenheim de Nueva York iluminado por reflectores como si fuera la presentación de una película holliwoodense. En ambos casos, estos edificios espectaculares se contemplan a pie, es decir, para conocerlos hay que visitarlos llegando hasta ellos caminando.

En los días de hoy la idea predominante es lograr una arquitectura cada vez más espectacular, algo que sorprenda en medio de otros intentos de lo mismo, algo que sea tan diferente que no pase desapercibido en el maremágnum de otras arquitecturas. Sólo que esta vez no se puede contemplar este espectáculo a pie, estas arquitecturas están hechas para ser vistas desde el automóvil. Toda su parafernalia espectacular tiene la finalidad de llamar la atención desde cierta distancia y a cierta velocidad, más rápida que cualquier paso de viandante. Y si todas las edificaciones compiten con el mismo objetivo, estamos entonces en un espacio donde las personas que caminan no perciben más que una pequeña parte del edificio o tal vez no requieren percibirla, pues han llegado al mismo a bordo de su automóvil sin entrar por la que se supondría, sería la puerta principal.

La ciudad entonces ha dejado de existir. No hay más comunicación entre arquitecturas y usuarios, sólo los fríos espacios de los estacionamientos, los elevadores y las oficinas despersonalizadas para no distraer el trabajo. Todos los siglos de haber usado lo que llamamos calle, para ingresar a los espacios interiores de las arquitecturas, ha dejado de tener sentido. No más relación con este anacrónico espacio público. Nada de contemplar los interiores desde el exterior, nada de observar cómo viven otros habitantes de la ciudad, nada de detenerse a conversar con los amigos, los vecinos o saludar a cualquier desconocido. Nada de niños que jueguen libremente en la banqueta, nadie que salga a comprar en la esquina una pieza de pan, nada de antojos ni de pérdidas de tiempo. Esa ciudad es obsoleta, no sirve en los tiempos de la producción y el consumo acelerado, de la competencia individual, de la desvinculación de los otros. Hay que ir de un lugar a otro en auto, si es que esto es necesario, si es que no es suficiente una videollamada. Y si se trata de una reunión en un lugar público, hay que llegar en auto, hasta el punto en que un valet lo recibe y un empleado nos conduce al lugar convenido.

Pero hay todavía otras ciudades dentro de la misma ciudad, la “metápolis”, donde la vida comunitaria permanece y se acrecienta. Donde se da aun el intercambio callejero, donde se regatea, se coquetea, se abraza y se besa sin que haya impedimento para ello. Una ciudad donde la aglomeración es síntoma de vitalidad, donde el acontecimiento es cotidiano y la fiesta se repite cuantas veces sea posible. Esa es entonces la verdadera ciudad, la que luego del aburrimiento de las soledades que deja la modernidad pasteurizada es buscada por aquellos que en aquellos lugares habitan, para vivir aunque sea por un momento lo que desde luego en el fondo se añora. Seamos entonces capaces de enriquecer estos espacios; que el diseño sirva para hacer más amable la vida cotidiana, para recuperar el deterioro que ha dejado el intento de ser modernos demoliendo el testamento urbano que nos heredaron. Se requiere de oficio y de sensibilidad. De compromiso social y de firmeza para exigir la participación democrática y la igualdad de oportunidades.

Reunión a un costado del Mercado de Artesanías “El Parián”, Ciudad de Puebla   Fuente: José Ángel Campos

Por fortuna, en algunos lugares de nuestra ciudad parecen irse dando algunos pasos en esta dirección. Que la experiencia se difunda, se expanda, se comparta y se repita, aquí y en otras entidades. Y que las arquitecturas recuperen su presencia inmediata y personal, su contacto con la gente, su personalidad urbana. Que el espectáculo sea la misma gente disfrutando. Sería el mejor elogio a lo que hasta ahora se ha realizado.

Diciembre, 2013

Enseñar arquitectura en la UAM-X. Por Alejandro Ochoa Vega

Enseñar arquitectura en la UAM-X. Por Alejandro Ochoa Vega
Cuando gane mi primera plaza de profesor temporal en la UAM-X, en noviembre de 1988, justo hace 25 años, me sentía muy satisfecho de llegar a una institución educativa con un perfil crítico y de apertura social, encajaba muy bien con mis antecedentes en la Universidad Autónoma de Sinaloa, y la maestría en investigación y docencia recién terminada en la UNAM. De entonces para acá, muchas cosas han pasado, en la UAM, de aquella ilusión inicial a un desencanto en los últimos años, en México, que iniciaba un difícil pero prometedor camino por la democracia, a un presente donde el PRI después de perder la presidencia en 2000, desde 2012 gobierna de nuevo con una imagen más reformista y ligada al capital, que transformadora desde la justicia social.

En ese contexto no muy alentador que digamos, planteo una reflexión sobre el reto y compromiso que significa ser docente e investigador en una universidad pública como la UAM, y en particular en la Unidad Xochimilco y su Sistema Modular. Veamos que enuncia el Plan de Estudios de la Licenciatura en Arquitectura, en sus objetivos generales:

Formar profesionales en el diseño de espacios arquitectónicos que comprendan el contexto en el que se inserta su hacer y los problemas que surgen de las necesidades socialmente relevantes. Que posean un enfoque crítico de la realidad, en la visión totalizadora del problema a solucionar; los conocimientos teóricos, técnicos y metodológicos así como las habilidades para resolver en equipos interdisciplinarios los problemas de su campo, en el lenguaje específico de su disciplina, con claro sentido de servicio a la comunidad.

Queda claro entonces, que se busca realizar propuestas de diseño para un contexto real y comprendido, donde la investigación de campo y la teoría de la arquitectura juegan un papel importante. A su vez, el enfoque crítico no puede construirse sin una visión histórica totalizadora y concreta, más allá de la visión estilística de la arquitectura en el tiempo. Por otro lado, la interdisciplina y el oficio específico, vertidos en un servicio a la comunidad. ¿Qué tanto cumplimos estos objetivos?, una pregunta compleja, que probablemente en las reuniones que la Licenciatura viene realizando desde hace meses en aras de redefinirse, pudieran identificarse algunas respuestas. En mi caso, sin haber podido ser parte integral de ese proceso de discusión, me atrevo a compartir algunas ideas y una posición, desde un hecho concreto sucedido el pasado 7 de octubre, cuando la Coordinación de la Licenciatura y el profesor Roberto Vélez organizaron un festejo por el Día del Arquitecto. La falta de comunicación interna, hizo que dicho evento se encimara con otro organizado por mi área de investigación, Procesos Históricos y Diseño, la Primera Jornada de Arquitectura Artesanal.

Por ser parte del comité organizador y comentarista en el evento de mi área, no tuve oportunidad de asistir al de la Carrera, en el nuestro el auditorio estuvo repleto, y supondría que en el otro también, puesto que las clases oficialmente se suspendieron. No obstante, por los ecos que he podido percibir de ambas iniciativas, me animo a suponer que respondieron a dos visiones de la arquitectura en una misma escuela; por un lado la que en el marco del Día del Arquitecto, privilegio la del profesional liberal y tradicional, a través de la conferencia de un arquitecto que mostró su obra, y de unos ejercicios propuestos a los grupos, donde desde maquetas se trabajaría la obra de diversos autores de talla internacional. En cambio, la Jornada de Arquitectura Artesanal, con la presencia de dos arquitectos traídos de Oaxaca, donde además de mostrar sus trabajos, invitaron a los alumnos presentes a sumarse a diversos proyectos de en ese Estado, donde las comunidades indígenas y de campesinos, requieren de las manos de arquitectos. Vale decir que hasta la fecha, penden desde lo alto de nuestro edificio, unos carteles gigantes con obras de arquitectos del “Star System”. ¿Eso pretendemos como referencia principal para nuestros egresados?. Digo, solo por preguntar.

 Jornada de Arquitecturas Artesanales, Dr. Alejandro Ochoa Vega, Arq. Juan José Santibañez, Arq. Joao Boto Caeiro, Dr. Luis F. Guerrero Baca, Arq. Josue Olguin  Fuente: Alfonso Maldonado G.    

    Carteles del Star System para el día del Arquitecto en la UAM Xochimilco  Fuente: Alfonso Maldonado G.

Noviembre, 2013

Las universidades como parte del problema. Por Eduardo Cadaval

Si todos nos quejamos del estado actual de la arquitectura pública en México ¿por qué no buscar las causas que han originado esta situación? Un ejercicio más riguroso nos pediría ir más allá para saber quiénes han sido los responsables y buscar cuáles son las posibles soluciones. Dicho análisis exhibiría muchos elementos que cumplirían la doble condición de ser responsables de lo sucedido y al mismo tiempo parte indispensable de la solución. En un lugar destacado se hallarían las universidades por su importancia y las repercusiones de lo que se  enseña en sus aulas, parece difícil conseguir cambio alguno si éste no ocurre también en los lugares donde se reflexiona y donde se dan los primeros pasos en la larga trayectoria de aprendizaje que requiere la profesión. 

México es el país con más escuelas de arquitectura del mundo. Sobra decir que muchas son auténticas bromas o entran en la  fantástica categoría “patito”.  Muchas otras creen que por estar cerca de Dios -según ellos- o tener rimbombantes nombres anglosajones, esquivan esta clasificación, pero la calidad de su enseñanza demuestra lo contrario. No es un tema menor el preguntarse cómo es que todas estas pseudo instituciones han logrando obtener un registro oficial para ofrecer un título universitario, tampoco lo es el que no exista una mínima supervisión sobre el tipo de educación que ofrecen.  En un país tan desigual como México, la calidad de la educación es un elemento que contribuye al  desequilibrio: si la calidad de la enseñanza es desigual, las oportunidades también lo serán.

Lo dramático es que las escuelas patito no son el verdadero problema. Sí lo son la mayoría de las grandes escuelas de arquitectura del país que, por omisión o enfoque, han contribuido a la situación actual. Las universidades no se han preocupado por construir un ámbito laboral apropiado donde sus egresados puedan desenvolverse. En las escuelas de arquitectura no existe un debate en torno a las  condiciones laborales o temas gremiales que permitan crear espacios para el adecuado ejercicio de la profesión. No hay ninguna discusión sobre cómo se debe gestionar la arquitectura pública del país. Nadie asesora o propone lineamientos a las dependencias gubernamentales sobre cómo deben llevarse a cabo los proyectos financiados con dinero público. Las instituciones académicas no ejercen presión alguna para que las cosas cambien y ni una sola facultad o escuela puede jactarse de ser pionera en este ámbito o de  tener expertos trabajando en temas de desarrollo laboral  o sobre condiciones equitativas para la profesión. Sus investigadores publican ensayo tras ensayo sobre arquitectura virreinal o sistemas paramétricos pero nadie trabaja sobre temas gremiales de urgente actualidad.

¿No parece irresponsable preocuparse solo por formar estudiantes y descuidar las condiciones en las que estos trabajarán?  ¿Cómo un profesor puede exigir el compromiso de sus alumnos sabiendo que al final se enfrentaran  a un sistema carente de reglas si él no hace nada por cambiarlo? En el caso de las universidades públicas este compromiso debería ser indiscutible. Como instituciones financiadas por el conjunto de la sociedad, su responsabilidad última debiera ir mucho mas allá de tan solo formar  licenciados. Deberían ser capaces de influir en otros ámbitos de  la profesión para así responder a las verdaderas demandas del país.

En el caso de las universidades privadas no existe ninguna razón para que esta exigencia fuese distinta, el problema es que muchas de ellas se han convertido en burdos negocios  donde los estudiantes son tratados como  clientes. No se les enseña, se les atiende.  Nadie reprueba y  lo importante es que los alumnos  estén cómodos y paguen su colegiatura. El propósito principal ya no es educar sino mantener la  maquinaria funcionando: que las inscripciones no caigan; y para eso las escuelas han de trabajar con temas atractivos aunque a veces resulten superficiales. Dejan de lado discusiones sobre el estado de la profesión y sus contingencias porque a sus ojos resultan de gestión o para malos arquitectos.

A quien considere que  exagero le pido se pregunte ¿qué papel juegan las universidades en el estado actual de la profesión y cuál es el que realmente deberían jugar? Las escuelas de arquitectura están cada día mas desligadas de las problemáticas reales de la profesión y lo que es peor es que se  consideran ajenas a muchas de las discusiones que afectan a ésta. En el caso particular de la que atañe a  la arquitectura  pública en México,  las universidades tendrían que aportar un poco de luz y claridad al tema,  ser uno de los epicentros del debate sobre cómo ésta se debe gestionar y presionar para que  las cosas se hagan de forma correcta. Tener profesores e investigadores proponiendo soluciones y explorando nuevos caminos que permitan, por ejemplo, crear condiciones claras y justas de contratación de proyectos y servicios. Brindando asesorías a gobiernos, ONGs o instancias financiadoras y coordinando grupos interdisciplinarios entre facultades para poder abordar los distintos aspectos que una reforma o ley requeriría.

Quizá lo más importante es que todo lo anterior permitirá crear una ambiente  donde los estudiantes  se formen en una nueva cultura de transparencia y exigencia en el rendimiento de cuentas. En el caso de cómo se gestiona la arquitectura pública del país no se logrará ningún cambio real si éste no cuenta con el respaldo del mundo universitario y, sobre todo, sin el apoyo y  la fuerza de los estudiantes y los arquitectos jóvenes. Intuyo que en este tema más pronto que tarde las nuevas generaciones terminarán por darnos una gran lección a todas las anteriores para ayudar a que las cosas cambien definitivamente.


Noviembre, 2013

Abriendo la puerta a la complejidad: Primer Seminario, Diseño, Innovación y Sustentabilidad. UAM Xochimilco. Por Jaell Durán Herrera

Abriendo la puerta a la complejidad: Primer Seminario, Diseño, Innovación y Sustentabilidad. UAM Xochimilco. Por Jaell Durán Herrera
Vivimos tiempos de cambios vertiginosos, social y ambientalmente. Al igual que la morfología del planeta, las estructuras sociales se han transformado y se deterioran, a nivel global y local. Las heridas asoman en los conflictos territoriales, políticos, sociales y en las imágenes satelitales del planeta[1].

Sin embargo algunos postulados filosóficos revaloran la importancia de un pensamiento que integre, de manera casi aproximada a lo ideal, un sistema de conexiones entre materialidad y subjetividad,  entre tecnologías apropiadas pero apropiables y entre principios de ética local y civilidad mundial.

Si bien las capacidades de la sociedad y de los sistemas biológicos necesitan para sostenerse de tecnologías apropiadas, es necesario tomar consciencia sobre los otros aspectos inmateriales e inmanentes que están ligados a cualquier proceso de la naturaleza y del universo. El primero de ellos es nuestra relación con el ambiente,  a lo que llamamos principios o preceptos eco-éticos[2]; y los segundos son los aspectos antropoéticos[3], en los que se integra, de manera casi ideal, una triada: la relación del individuo con los seres que lo rodean y con su comunidad.

Para comprender la importancia de esta complementariedad, pensemos en la magnífica metáfora de Juan Villoro sobre el espejo retrovisor[4], en la que el espejo adquiere la condición de un oráculo. Así con esta idea, la historia se comprende hacia atrás pero se vive hacia adelante. Por eso la necesidad de recuperar un modelo holístico de observación de la realidad, aún en tiempos de teorías de lo complejo y del caos, es importante desde la perspectiva de equilibrio humano naturaleza, y humano comunidades. Estas preocupaciones son ancestrales y hoy adquieren vigencia, ahora estamos comprendiendo que el progreso no significa olvido del pasado.

El seminario fue un planteamiento de esta visión complementaria y equilibrada. Por eso la temáticas estuvieron intencionalmente divididas en dos ciclos: el primero de ellos correspondió a las lecturas y realidades diversas de las comunidades y sus localidades, los modos de comprensión individual de símbolos colectivos; los impactos de sinceridad, honestidad y responsabilidad ambiental que detonan los principios humanitarios de los profesionales del diseño en una comunidad; la identidad, los sueños y el subconsciente como fuente inagotable de creatividad en el campo del diseño y las satisfactorias experiencias que propician el trabajo con comunidades indígenas y colectivos. El segundo ciclo de conferencias trató temas directamente ligados con la experiencia, con el uso de ecotecnias para la naturación en los espacios urbanos, las lecciones de habitabilidad de los paradigmas de vivienda colectiva del pasado como base para las futuras propuestas de diseño habitacional;  y finalmente una interesante propuesta que mostró la inserción de la teoría de la complejidad en el diseño.

Ponencia: Neo-artesanía: diseño e innovación artesanal, Arq. Ismael Rodríguez 
Fuente: www.facebook.com/SeminarioDisenoInnovacionYSutentabilidad      

El primer fruto que espera cosechar este seminario, es el de un cambio de actitud de nuestra comunidad universitaria  hacia las problemáticas sociales y ambientales; la re conexión de las redes comunitarias que pueden ser venturosamente el soporte central en momentos de crisis y futuros acontecimientos críticos dentro de nuestra universidad y fuera de ella.

Así con esta puerta abierta a la complejidad inauguramos un camino de re conexiones favorables, en nuestras aulas y en la producción de un nuevo conocimiento para la sociedad, desde la plataforma de nuestra División de Ciencias y Artes para el Diseño.




[1] Véase el artículo de la revista digital Ecoosfera sobre las Heridas del paisaje Americano: fotos aéreas de granjas industriales. http://www.ecoosfera.com/2013/09/las-heridas-del-paisaje-americano-fotos-aereas-de-granjas-industriales/
[2] En relación a esto las corporaciones han aprovechado las problemáticas que ellas mismas ocasionaron ahora ofrecen soluciones verdes, tecnologías limpias, ecología y sustentabilidad a la medida del mercado, convirtiendo estas problemáticas en una oportunidades mercantilistas. Para mayor referencia véase a Fernando Martín Juez, Homoindicadores, http://www.cidi.unam.mx/popup/folleto_homo.pdf
[3] Concepto acuñado por Edgar Morin para describir una equilibrada participación humana con sus congéneres, con otras especies y con el ambiente. Véase Edgar Morin, La ética del género humano, documento pdf, ITAM.
[4] Veáse Juan Villoro, Espejo retrovisor, Seix Barral, México, 2013.

Noviembre, 2013