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DESAFIOS POLÍTICOS Y ARQUITECTÓNICOS
DESAFIOS POLÍTICOS Y ARQUITECTÓNICOS
José
Ángel Campos Salgado*
En
estos tiempos de elecciones es un hecho la sorprendente votación a favor de la
candidata Claudia Sheinbaum, ello hace necesario reflexionar sobre diversos
aspectos que esta situación conlleva. Inicialmente debemos considerar el
trabajo del presidente saliente; su ejercicio cotidiano de comunicación con la
población mexicana a lo largo de casi seis años, logró una toma de conciencia
sobre la situación del país que hasta ahora sólo estaba en la mente de los
estudiosos del tema. Esto explica en parte ese resultado. A partir de esa
condición se da el triunfo referido y se plantea el primer desafío: sostener el
proceso que considera atender primero a los más desfavorecidos del sistema,
para continuar la reducción paulatina de las desigualdades presentes en el
país.
Es
evidente que la candidata electa tiene la preparación y las cualidades
necesarias para mantener este propósito, a pesar de las enormes barreras que
están poniendo los poderes fácticos y que aumentaran conforme pase el tiempo en
el ejercicio de la presidencia. De tal modo que podemos considerar que el
siguiente desafío será la sucesión de esta primera presidenta de México, es
decir, se debe pensar que hacer para ese momento que necesariamente va a llegar
en 2030. Encuentro aquí una primera similitud entre el ejercicio de la política
y el proyecto arquitectónico: se trata de imaginar como se vivirá ese momento
en la convivencia de la población del país, tal como los arquitectos pensamos
cómo será el uso vivencial de los espacios que proponemos para la apropiación
de quienes vivirán esos espacios a futuro.
Por
otra parte, están las tareas que deben realizar los arquitectos si quieren
colaborar en el proyecto de superar las inequidades presentes en nuestro país.
El gobierno saliente ha puesto los cimientos de la transformación así que, partiendo
de esta condición tenemos que imaginar como será la edificación de lo que
sigue. He aquí otra similitud con nuestro ejercicio profesional. El desafío es
que no conviene modificar esta cimentación, a menos que encontremos que algo
esta mal planeado o mal construido.
Hay
que aceptar que vivimos en un sistema en el que el capital sigue siendo el
rector del proceso de desarrollo; el Estado no puede salir de este sistema,
aunque sí puede propiciar que se realicen las obras necesarias para servir a
una población que carece de mucho. Esta a la vista lo que se requiere. En el
plan de gobierno de la virtual presidenta electa se ha anunciado la
construcción de millones de viviendas pues esa actividad se dejó en manos de
inversionistas cuyo objetivo no era resolver la carencia de ese satisfactor
sino obtener la mayor ganancia posible de su inversión.
Ahí está
otro desafío para los arquitectos conscientes y con una ética social probada: miles
de viviendas para una población diversa, en una inmensa variedad de situaciones,
tantas como existen en nuestro enorme territorio. Las viviendas realizadas por
los especuladores inmobiliarios son iguales independientemente de para quienes
serán y donde se van a ubicar, y la oferta se limita a la posible capacidad
adquisitiva de los acreditados por los organismos de apoyo a los trabajadores. La
vivienda digna tiene que partir de la cultura de cada lugar y de cada grupo de
usuarios y proponer las cualidades de los espacios y las percepciones que
ofrecen, no sólo los metros cuadrados. Es un gran desafío para los arquitectos
de hoy.
Por
último, si la propuesta de la candidata electa es construir un millón de
viviendas estas van a impactar a las ciudades del país. Los especuladores
inmobiliarios nunca consideraron las consecuencias urbanas de sus inversiones;
los arquitectos de hoy tienen que tener presente el modo en que sus proyectos se
van a integrar y van a enriquecer las ciudades donde se construirán. El desafío
es sostener esta condición positiva para unas ciudades que pretenden recuperar
la vida en comunidad y no mantener el aislamiento donde cada quien sólo se
ocupa de si mismo. Otros desafíos se presentarán para el nuevo gobierno que
igualmente serán un reto para los profesionales de la arquitectura formados con
otra visión. Habrá que estar atentos.
Julio
2024.
*Doctor
en arquitectura y profesor investigador de CyAD-X.
Calakmul herido
Calakmul herido*
Juan
Carlos Rojo Carrascal**
Siempre he
tenido una especial atracción por la selva. Aunque parezca un lugar inhóspito
para el ser humano, considero que son los lugares óptimos para su supervivencia
en condiciones naturales. Otros lugares en otras latitudes (tundras, desiertos,
bosques templados) o en otras altitudes (como el altiplano o las zonas
montañosas en México) hemos tenido que enfrentar las inclemencias climáticas
adecuando nuestras condiciones de vida para soportarlas. Es decir, sin las
construcciones climatizadas, ropa, fuego u otro tipo de energías, no habría
manera de sobrevivencia.
El pasado
fin de semana visité la Biósfera de Calakmul, una selva excepcional con una
biodiversidad extraordinaria donde por cientos de años las comunidades mayas
han sabido sostener -de una u otra forma- ese complejo equilibrio entre la
actividad humana y el impacto que esta genera en el territorio que habitan.
Actualmente, se está viendo amenazada esta armonía por las nuevas
intervenciones en pro del “desarrollo turístico” que, definitivamente, no hace
buena mancuerna con la conservación de las áreas naturales.
No voy a
polemizar más de lo que ya se ha hecho con este proyecto. Personalmente
simpatizo mil veces más con las vías del tren que con las carreteras como
alternativas de comunicación y medio de transporte. Si algo ha sido letal para
la fauna silvestre son los miles de kilómetros de carretera construidos en el
país sin considerar sus necesidades naturales de desplazamiento en su
territorio.
Solo el 11
por ciento del territorio nacional es considerado Área Natural Protegida, lo
que entre otras cosas significa que solo en estos lugares la fauna silvestre
goza de relativa protección y en el resto de la superficie, que es el 89 por
ciento del territorio nacional, la humanidad incide y pone en riesgo
continuamente a toda forma de vida silvestre. Siendo objetivos, estas
proporciones debiesen estar a la inversa, pero hemos dispuesto “acorralar” los
frágiles ecosistemas naturales en pequeños reductos como si fueran museos para
la conservación natural.
Por todo lo
anterior, la incursión del Tren Maya en la Biósfera de Calakmul es una
operación quirúrgica de alto riesgo. Una herida grave. El solo paso del tren
quizá no implicará tanto impacto como todo lo que conlleva el proyecto y su
puesta en marcha. Actualmente se construye un “hotel ecológico” -nada modesto
según aprecié- muy cerca de la zona arqueológica, en medio de la Biósfera. Esta
y otras obras complementarias que se presume promoverán un incremento
importante de turismo pondrán en riesgo a muchas comunidades mayas que hasta la
fecha habían sabido entender y compartir la selva y sus recursos mediante una
sana convivencia con el entorno que los rodea. Por lo pronto, el ritmo de la
construcción y el continuo paso de vehículos pesados atravesando la selva están
marcando un significativo deterioro ambiental inédito en este lugar.
Pasé dos
noches en la comunidad 20 de Noviembre donde aprendí infinidad de cosas en
pocas horas. Las artesanas y artesanos de este lugar muestran con orgullo sus
productos y ofrecen talleres a quien quiera aprender a hacerlos. El lugar es un
modelo de desarrollo sostenible. La comunidad no tiene hoteles, pero se las
arreglaron estos días para albergar y alimentar a varias decenas de visitantes
mexicanos, finlandeses y franceses. A partir de esta visita, nos hicieron
descubrir la grandeza de lo sencillo, el valor de los entornos naturales y el
orgullo de la cultura maya que aun está presente y de la cual siempre tendremos
mucho que aprender.
Regresé
convencido de una teoría muy personal: Las antiguas civilizaciones mayas, luego
de vivir por siglos en aquellas ciudades, se retiraban de ellas para iniciar
nuevos asentamientos en otras latitudes por respeto al entorno y sus ciclos
naturales. Ellos sabían de límites, tal vez por eso nunca se asentaron de forma
masiva sobre las costas, siempre al interior del continente. Hoy, los nuevos
“colonizadores” de estas regiones -los del siglo veintiuno- no saben de
límites. Pronto nuestra lacerada naturaleza nos pasará factura.
*Tomado de El Noroeste Culiacán Sinaloa 25.03.2024.
**Arquitecto,
Maestro en Arquitectura, Doctor en Geografía y profesor de la Facultad de
Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Julio
2024
Culiacán, un barco a la deriva
Culiacán, un barco a la deriva*
Juan Carlos Rojo
Carrascal**
Las ciudades necesitan contar con un plan
estratégico urbano que garantice su sostenibilidad. El ritmo de expansión
anárquico de la ciudad de Culiacán no garantiza condiciones de habitabilidad
para una siguiente generación, mucho menos para las posteriores. Es decir, no
se trata de pensar en el Culiacán que le vamos a dejar a nuestros hijos sino el
que recibirán los nietos y bisnietos de ellos. La inmediatez no aplica en el
urbanismo. Tratar de resolver por partes los problemas que se van presentando
no resuelven la ciudad solo incrementan cada vez más sus infinitas
demandas.
Hace unos
días fuimos testigos de la colisión del carguero Dali contra el puente Francis
Scott Key de Baltimore. El peso del carguero de 300 metros de eslora con 4 mil
679 contenedores de más de 25 toneladas de peso cada uno hizo ver al puente
como una frágil estructura de naipes. Las causas del accidente no están claras,
lo único seguro es que el buque “perdió el rumbo” poco antes del cruzar el
puente e impactó con uno de sus soportes. Ver el video de este suceso no pudo
evitar en mí evocar, de manera metafórica, el futuro de una ciudad sin un
adecuado plan estratégico urbano. No tener rumbo ni visión clara de hacia dónde
vamos como ciudad implica tener un riesgo latente de colisionar en cualquier
momento como lo hizo el Dali.
Culiacán
requiere de una “carta de navegación”. La sistemática depredación de miles de
hectáreas de bosques caducifolios que la rodean y que hasta ahora eran su
principal fuente de servicios ambientales comienza a impactar de forma
multifactorial en la ciudadanía. Actualmente, se está sufriendo una de las
peores crisis hídricas de su historia y la ciudad seguirá padeciendo el
incremento de olas de calor nunca antes registradas. Por consiguiente, serán
cada vez mayores los padecimientos de salud en su población como claros efectos
colaterales de un mal desarrollo urbano, entre los que se pueden mencionar los
padecimientos del corazón o pulmonares, la diabetes, los golpes de calor, el
estrés y la creciente cantidad de víctimas de cualquier edad por hechos viales
totalmente evitables.
Principio
del formulario
Final
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Las
ciudades necesitan contar con un plan estratégico urbano que garantice su
sostenibilidad. El ritmo de expansión anárquico de la ciudad de Culiacán no
garantiza condiciones de habitabilidad para una siguiente generación, mucho
menos para las posteriores. Es decir, no se trata de pensar en el Culiacán que
le vamos a dejar a nuestros hijos sino el que recibirán los nietos y bisnietos
de ellos. La inmediatez no aplica en el urbanismo. Tratar de resolver por
partes los problemas que se van presentando no resuelven la ciudad solo
incrementan cada vez más sus infinitas demandas.
En estos
días varias y varios aspirantes a la presidencia municipal de Culiacán
comenzarán sus campañas. Seguro prometerán resolver el caos vial, la dotación
de servicios, disminuir la violencia, mejorar parques, desaparecer baches y
todo eso que suelen ser las mayores dolencias de la ciudadanía. Quizá no sea la
mejor estrategia de campaña ofrecer la construcción colectiva de un plan
estratégico urbano, sin embargo, es un paso que debiese considerar quien desee
“conducir la nave”. Una verdadera “carta de navegación”. Quien asuma la
presidencia tendrá en sus manos la oportunidad de promover un verdadero cambio.
Una transformación que deberá partir de un innovador ejercicio de participación
y consulta ciudadana que derive en la definición de qué ciudad queremos que sea
Culiacán en las próximas décadas: Lo que sería una visión estratégica de
ciudad.
Esta nueva
“carta de navegación” deberá responder a los lineamientos internacionales
(Objetivos de Desarrollo Sostenible, Nueva Agenda Urbana, Acuerdos de París,
Carta de la Tierra, entre otros) para afrontar el cambio climático, el
incremento de padecimientos crónicos, la discriminación e infinidad de
injusticias que hoy se viven en nuestras ciudades.
Administración
tras administración han dejado pasar grandes oportunidades y han seguido
actuando de una manera inercial: Si hay demanda de vivienda se permiten más
fraccionamientos cada vez más lejos y desprovistos de necesidades básicas. Si
hay congestionamiento vial se hacen más anchas las calles, se construyen
puentes, túneles y se pavimenta más. Si se genera más basura se compran más
camiones de recolección y se construyen más rellenos sanitarios. Si hay más
inseguridad se compran más patrullas y armas. Si hay más enfermos se hacen más
hospitales y clínicas. No se puede seguir con este estilo apagafuegos.
Con un Plan
Estratégico Urbano se puede revelar la existencia de suelo suficiente al centro
de la ciudad para cubrir la demanda de vivienda que la ciudad tiene. Para ello
se requerirán novedosos instrumentos normativos que rompan con la dañina
especulación del suelo que hoy existe. Los congestionamientos viales se pueden
diluir mediante un plan de movilidad urbana sostenible que apueste por otras
alternativas de transporte (colectivo, bicicleta y peatonal) y a su vez,
induzca a desarrollar la accesibilidad. Es decir, cubrir las necesidades de la
ciudadanía (incluyendo la niñez y adultos mayores) a corta distancia de tal
manera que no se le obligue diariamente a largos desplazamientos.
Para el
tema de la basura, los esfuerzos se deben redireccionar a la reducción
sistemática de los volúmenes y no a seguir deteriorando suelos. La inseguridad
tiene mucha relación con la calidad y la capacidad de uso del espacio público
(que incluyen las calles y banquetas). Una ciudad es para vivirla y no para
esconderse de ella. En la medida de que las condiciones de sus calles, y sobre
todo de sus banquetas, parques y plazas nos inviten a salir a caminar y a usar
de forma constante el espacio público haremos una ciudad más segura y, sobre
todo, más saludable. La salud de las personas se cultiva fuera de los
hospitales y de las clínicas.
La (o el)
presidente municipal en turno tendrán en sus manos la oportunidad de trascender
en la historia de Culiacán. Esta nueva visión de ciudad deberá ser aprobada por
gente convencida de que el futuro de la ciudad, su ciudadanía y de sus futuras
generaciones está verdaderamente en riesgo de una colisión. Debemos afrontar
cambios significativos. Aún estamos a tiempo de trazar el rumbo y navegar con
seguridad las turbulentas aguas que se avecinan.
*Tomado de El Noroeste Culiacán
Sinaloa 08.04.2024.
**Arquitecto, Maestro en
Arquitectura, Doctor en Geografía y profesor de la Facultad de Arquitectura de
la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Julio 2024
Mamani y el espejo de la modernidad
Mamani y el espejo de la
modernidad
Javier Caballero Galván*
Cruzar el espejo que la modernidad nos ha impuesto, no parece ser una
alternativa viable para los pueblos que ven en él su propia imagen devaluada.
Sin embargo, el arquitecto aymara Freddy Mamani, nos demuestra a través de sus
edificios y de su enorme creatividad, que no sólo es posible atravesarlo sino
estrellarlo en nombre de la dignidad.
Este “espejo” al que nos
referimos, es una metáfora interesante del efecto ontológico que ha producido la
modernidad. Como sabemos, el proceso de imposición civilizatoria europea que ha
operado en el territorio americano durante más de 500 años no sólo ha
consistido en la explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo local,
sino que ha construido un sistema social perfectamente articulado sobre la base
de un sujeto “superior”. Me refiero al sujeto
moderno, a esa abstracción conceptual que se materializa a través del color
de la piel, del dato sexual, del dato cultural o religioso y que permite
controlar sus dividendos. En este sistema, el sujeto moderno es “superior” per
se, y no existe mayor explicación; todo aquel que no sea moderno, es inferior y no hay forma de
modificar este principio elemental.
Aunque hoy puede parecernos
completamente absurdo, las prácticas sociales contemporáneas nos desmienten y
nos demuestran que se trata de un principio vigente. Una permanencia
extraordinaria porque la tesis por sí misma es sumamente frágil: ¿por qué este sujeto
es superior? ¿Por qué su superioridad óntica tiene como base el dominio
material? ¿Por qué es superior el color de piel blanco? ¿Por qué el arte
burgués, blanco y masculino es mejor que la “artesanía” indígena? Así que
sabiendo que preguntas tan ingenuas cimbran con facilidad el edificio de una
organización social absurda, se optó por construir un referente marginal que
fuera consciente de su propia irrelevancia existencial. En otras palabras, se
produjo un “otro” automáticamente inferior, al que no se tuviera que estar
convenciendo de ello: que simplemente lo fuera y lo supiera.
La estrategia se fue encontrando
gradualmente en el proceso mismo de modernización, pues se descubrió que, a los
sujetos no europeos, no blancos, no hombres y no burgueses se les podía extraer
con facilidad su propio trabajo; una acción que los vaciaba y los dejaba sin
contacto con el mundo que producían. La enajenación
fue y ha seguido siendo, el principal instrumento de la colonización y
del proceso de aculturación más eficiente, justo porque se trata de un fenómeno
que pone delante de los explotados el “espejo de la modernidad”, es decir, la devolución de una imagen devaluada y
fragmentada de sí; una imagen que los coloca por debajo de aquel ser
inexplicablemente “superior” que los flagela y les impedía comprender por qué es
este el lugar que les corresponde. Este efecto especular ha generado con el
tiempo la frontera que separa la zona del ser de la del no-ser, si gustamos
remitirnos al pensamiento de Fanon, o bien, a la línea abismal, que escinde la existencia relevante de la no
existencia, si preferimos recurrir al pensamiento de De Sousa Santos. En
cualquiera de ambos, el “espejo” es un dispositivo de control que bloquea la
mirada hacia adentro y hacia afuera, y produce un sin sentido que impide
comprender que existen dos zonas. Y es que justamente de eso se ha tratado la
estrategia, de impedir que el que está del
otro lado de la línea (el marginado y excluido) sea incapaz de concebir tanto su lugar de enunciación como la
posibilidad de trascenderlo.
La arquitectura es por ello un
ejemplo excelente de este proceso. Por un lado, es una actividad que depende
completamente de la especialización técnica y artística; y por el otro, se
trata de la materialización de los códigos que el sistema de exclusión reproduce.
En efecto, los trabajadores que la hacen posible dejan de sentirla como suya
porque sin saberlo son despojados de los códigos necesarios para hacerlo;
espacio sin significado es un espacio lleno de nada. La ilegibilidad de lo
habitable produce la extrañeza que es constitutiva de ese “otro” moderno.
Ahora bien, ¿de qué forma estos
códigos son sustraídos? ¿existe forma de evitarlo? Un factor necesario para
ello podría ser evitando que los productores sean despojados de su trabajo,
cosa que se antoja compleja dentro del modo de producción capitalista. Pero
existe un atajo que bien podemos promover, a saber, la responsabilidad
académica, la obligación de concientizar y concientizarnos del efecto que causa
la rigidez del paradigma disciplinario, esto es, de una práctica que se niega a
reconocer que existen otros saberes y otros valores que la forman; narrativas
que pretenden negar la diversidad de la arquitectura porque no se aceptan las
historias, tradiciones y estilos de vida que se encuentran fuera de la
modernidad.
En este sentido, la academia
arquitectónica puede ser tan severa como las demás, pues concibe una sola forma
de producir su objeto de estudio y no admite ni variaciones ni confusiones. Y
es comprensible porque mucho le ha costado sistematizar un oficio que de alguna
manera no ha dejado de serlo; porque la arquitectura nació siendo eso, un
oficio que poco tiene que ver con la formación rigurosa y técnica que se impone
en las aulas y en los tratados.
Tenemos que comenzar por reconocer
que la propia academia se ha encargado de ir marginando a los trabajadores de
un conocimiento que antes les pertenecía y que dominaban a partir de la
estructura de su vida cotidiana. Se sustrae el saber popular y se le da una
base “científica” para modernizarlo y
legitimarlo ante un gremio que no puede pensarse más allá de su propia
“especialización”. De esta manera, al que antes era el artífice de la
producción espacial, hoy se le otorga el estatuto de neófito o más radical, de
ignorante.
Mamani sufrió este revés a pesar
de haber pasado por la Universidad Mayor de San Andrés, ya que, incluso
habiendo estudiado ingeniería y posteriormente arquitectura, se le relegaría
del gremio porque a decir de los “especialistas”, el arquitecto aymara tiene
una lógica bidimensional no espacial, y en consecuencia genera fachadas como si
estuviera trabajando con textiles. Según éstos, nada que ver con el arte de
crear “espacio”. Sin embargo -lo que este ignora- es que el “espacio” es otro
en la marginalidad constitutiva, tiene otra forma en la zona del no-ser, y esto
es justo la que Mamani acarrea en sus criterios de diseño.
La modernidad pronto supo que eso
podía ser un problema y de alguna manera se obligó a trabajar con un
conocimiento sistematizado en el lugar de “todos”, en el espacio público, pues ese“otro”
no podría ejercer su “inferioridad” si los códigos en las ciudades seguían
siendo producidos desde su “extraña” zona. La arquitectura homogénea capaz de
aniquilar el factor cultural en el que se reproduce esa otredad, comenzó a realizarse
con el argumento de la necesidad de vivienda masiva. La maqueta con la que
soñaba incansablemente Le Corbusier y toda la Bauhaus, comenzó su diatriba. La
ciudad moderna, concebida no en la forma de vida de la gente ni en los modos de
organización comunal, sino en el restirador de algún urbanista sacado de la
Escuela de Chicago, comenzó a funcionar como un espejo de dimensiones
descomunales que se ha encargado de devolverle a los habitantes no urbanos una
imagen de atraso y subdesarrollo, y un sentimiento de exclusión a todas las
personas hacinadas en las zonas conurbadas (“coincidentemente” donde se
encuentra la zona del no-ser).
En este sentido, la academia ha
creado y difundido las tramposas etiquetas de “arquitectura vernácula”,
“autoconstrucción” o “arquitectura popular”, para intentar encapsular a todas
aquellas producciones espaciales que no nacen de lo que Bolívar Echeverría
llamó el “estado de partitura”, es decir, esa región temporal en el que la
idea, organizada y racionalizada bajo cánones específicos, aún no se
materializa.
En consecuencia, la arquitectura
que produce la gente y que tiene la virtud de formarse en comunión con el
territorio, con las condiciones naturales y culturales específicas de su tiempo
-la que podríamos llamar verdadera arquitectura orgánica-, es vista como un
residuo histórico que arroja a todos sus habitantes y productores a la vitrina
del museo patrimonial. Y es en esta línea donde se sitúan todos los detractores
de Mamani, pues resulta intolerable para ellos saber que el “espejo” -por un
instante- dejó de funcionar: el alarife aymara que estudió arquitectura decidió
avanzar hacia este y estrellarse contra él, y entonces supo que su trabajo
tenía valor; Ddecidió hacerse consciente de su lugar de enunciación. Por
supuesto, Mamani no produce ni una arquitectura orgánica -en el sentido
definido con anterioridad-, ni una arquitectura ajustada a los cánones
académicos. ¿Qué es entonces lo que crea? ¿Cómo entender o leer la sintaxis
visual que nos propone este artista?
Como mencionamos, Mamani dejó de ver su imagen devaluada en el “espejo”
y sin proponérselo, se imaginó del otro lado; soñó -y así lo demuestran sus
creaciones- con una modernidad aymara, con una forma de hacer arquitectura
tardomoderna en El Alto, Bolivia. Y tal y como se exige en la formación
arquitectónica en cualquier parte del mundo, innovó una morfología espacial que
no tiene parangón.
Concibió el cholet, nombre peyorativo que combina la palabra chalet -vivienda unifamilar construida
con madera característica de la campiña alpina- con la palabra cholo -nominación discriminatoria que
recibe la población urbana con ascendencia indígena-, y que, en palabras del
propio Mamani, decidió aceptar como acto de reivindicación. Comenzará de esta
forma a conocerse su obra la cual será el resultado directo de localizarse del
otro lado del “espejo”. Desde luego, no pensemos que con ello Mamani está cuestionando
o poniendo en tensión a la modernidad capitalista; tampoco está pretendiendo
modificar la forma en que se produce la arquitectura contemporánea. El cholet es el resultado de una pulsión
que según nos explica Lefebvre, yace contenida en la realización del proceso de enajenación.[1]
La clave, desde mi perspectiva, es
que Mamani no abandonó el concepto de la decoración; por el contrario, mantuvo
-con base en la arquitectura de Tiahuanaco- el binomio inseparable de
objeto-ornamento. Una fórmula que curiosamente también fue escindida durante el
proceso de modernización, porque la decoración, justo a finales del siglo XIX
en Europa, comenzó a considerarse como un añadido y una sobreposición
completamente prescindible; una escisión perturbadora que me atrevo a afirmar
no forma parte del sistema de conceptos que rige la estética de casi todos los
pueblos premodernos. Pero la civilización moderna lo arranco después de su fase
barroca y decidió internarse en el oscuro pasaje de la funcionalidad.
Para el siglo XVIII, el clérigo y
matemático veneciano Carlo Lodoli, ya había comenzado a abogar por una
arquitectura racionalista libre de la seducción sensorial que pregonaba el
barroco contrarreformista; una arquitectura generada únicamente a partir de su
función y carente de elementos ornamentales que para él no tenían ninguna
utilidad. Pero será con el arquitecto austriaco Adolf Loos, que quedarán
asentadas las bases de la expulsión del ornamento que ha permitido clasificar a
todas la producciones espaciales y culturales fuera de Europa, como atrasadas.
Loos incluso sentenció que el ornamento era un delito, y que la decoración
había dejado de formar parte de la cultura europea, de la civilización y del
futuro.
En este sentido la obra de Mamani
se vuelve sumamente provocativa, y estresa a todos los arquitectos/as formados
bajo la guadaña de la modernidad; la estridencia del color y la profusión de
elementos que encuentran su razón y finalidad dentro del sistema que la obra
misma propone, no tiene forma de ser juzgada y/o entendida. Por ello se
etiqueta Mamani de “fachadista”, porque a decir de ellos, sólo agrega elementos
en la fachada sin alterar la calidad del espacio interior. Pero el arquitecto
aymara piensa en otra cosa, porque justo esta decoración que usa de manera tan
categórica es la parte invisible de la pulsión de esa forma natural que la enajenación continuamente está tratando
de aniquilar. Una pulsión que un día vence y desvela la potencia del trabajo no
enajenado, aquel que le pertenece al trabajador, y que, al hacerse consciente
de ello, modifica la forma en que se mira en el “espejo de la modernidad”.
La dignidad con la que Mamani
diseña, debería ser un aliciente no sólo para todas las personas que consideran
que su forma de imaginar el mundo es inocua, sino sobre todo para un gremio que
peca de soberbia y que mucho podría hacer si decidiera incluir entre sus
paradigmas la imaginación, la resistencia y la diversidad.
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*Estudiante del Doctorado en Ciencias y Artes para el Diseño, UAM-X.
Referencias:
Echeverría, B. (Ene-Jun 2006).
“Lefebvre y la crítica de la modernidad”. Veredas. Vol. 7 (12) pg. 33-37
[1] En su texto “Lefebvre y la crítica de la modernidad”, Bolívar Echeverría explica que el concepto de enajenación en Marx puede dejar de ser entendido como un concepto acabado; como si el capital, en su proceso de reproducción, le sustrajera el trabajo al sujeto de una vez por todas y para siempre, y decidiera depositarlo en el objeto. Lefebvre -nos dice Echeverría- nos obliga a comprender que la enajenación es más un acontecimiento que un destino, algo que tiene que estar ocurriendo permanentemente porque el valor de uso generado por el mundo de la vida, se renueva siempre. “La enajenación está siempre aconteciendo porque la forma natural siempre está reviviendo y siendo subordinada, subyugada por la forma de la valorización, por la acumulación de capital, por el valor valorizándose.” (Echeverría, 2006, pg. 36).
JUNIO,2024
El Trazo Semanal, 15 años y la incertidumbre del relevo generacional en CyAD
Alejandro Ochoa Vega*
Pues resulta que se cumplen 15
años de este medio de difusión de temas de diseño, como periódico mural y blog,
con el apoyo inicial de mis amigos y ex alumnos Fernando Minaya, Pamela Vicke, y mi área de
investigación, Procesos Históricos y Diseño (PHyD) del Departamento de Métodos
y Sistemas (MS), como respaldo. Un esfuerzo que nace de un interés personal
añejo, por el valor de las notas periodísticas, y hemerográficas en general,
las cuales he recapitulado por años y que seguro no me alcanzara la vida para
organizarlas, digitalizarlas y compartirlas en números futuros de El Trazo Semanal (TS).
Después al emigrar Fer y Pame
a la UAM-A, mis alumnos de servicio social han sido claves para llegar a este
aniversario. No obstante, con todo y que hubo apoyo de la Dirección hasta marzo
de 2020 para su impresión y que pudiera crecer con nuevas vitrinas, que hacen
al TS visible en casi toda la Unidad, la pandemia detuvo su versión impresa por
dos años, y al volver, la nueva gestión de CyAD cerró la oficina de Vinculación
Externa (donde se imprimía) y han sido PHyD y MS los que han hecho posible que
sobreviva, aunque con una periodicidad quincenal, y ya no semanal. El contexto
interno de la División, Unidad y UAM en general, así como el externo nacional e
internacional, hace difícil mantener un esfuerzo académico, que, aunque muy
modesto, si requiere un apoyo mínimo. Me detendré en lo más local y próximo,
como reflexión breve sobre mi visión de CyAD en la actualidad.
Es evidente que la generación
de profesores que estamos en CyAD, nacidos entre 1941 y 1955, incluso más
grandes que participararon en la creación de la UAM, con nombres como, por
mencionar algunos, Alberto González Pozo, Roberto Einbenschutz, Emilio
Pradilla, Blanca Ramírez, José Ángel Campos, Rodolfo Santa María, Concepción
Vargas, Jorge Andrade, Enrique Bonilla, Bruno de Vecchi, Vicente Guzmán, Víctor
Muñoz, Horacio Sánchez, Juan Oliveras y el que escribe, o ya están en proceso
de jubilarse, o lo haremos en pocos años. Las dos siguientes generaciones, los
nacidos entre 1956 y 1970 y la de 1971 y 1985, como Pablo Quintero, Dulce
García, Carmen Ramírez, Luis Guerrero, Carlos Mercado, Javier Soria, Haroldo
Alfaro, Martha Flores, Gonzalo Becerra, Juana Martínez, Sonia Orozco, Alejandro
Tapia, Luis Andrade, Felipe Moreno, Jorge Pacheco, Roberto Padilla, Jaell
Duran, Homero Mendoza y Gerardo Álvarez entre otros, o más jóvenes y que
incluso ya tienen varios años como temporales pero con gran compromiso, como Guadalupe
Morales, Cesar Herrera y Edgar Martínez. Todos ellos serán los responsables de
encabezar CyAD los próximos diez, quince años o más.
El panorama es muy complejo e
inestable, debido a los recortes presupuestales, que han hecho que la UAM
destine alrededor del 90% de sus recursos en pagar salarios. Aunque hay una
paradoja en la burocracia universitaria, cuando generalmente se dice que “no
hay recursos para nuevas plazas”, sin embargo, se sabe que en CyAD están
atoradas por diversas razones, plazas de personas que se han retirado o
fallecido, y que tienen años sin convocarse. Un problema que afecta, tanto a la
investigación como a la docencia. Otras limitaciones, es que algunos de los
profesores que ya ganaron una plaza, los procesos para promoverse a una
categoría mayor se han endurecido demasiado, por no decir burocratizado en
extremo, aunque no pocos ya tengan el grado de doctorado, varios años en la
docencia, y con productos de investigación de gran calidad.
Me
pregunto si estas nuevas generaciones, podrán construir condiciones académicas
adecuadas dentro de sus posibilidades, que seguro por disposición y calidad no
habrá problema, pero ante los retos y limitaciones de nuestra universidad y
país, vaya que no será fácil. Por lo pronto esta la incertidumbre de que México
nos espera a partir del próximo 2 de junio y 1 de noviembre, si habrá
continuidad de una transformación que no se reconoce, o un regreso a políticas
que demostraron en demasía, su incapacidad para reducir las grandes
desigualdades. Estaremos atentos, desde otra trinchera, los mas “viejos”, de
ese proceso que depara nuestra realidad actual. Entre tanto, El Trazo Semanal, publicara algunos
números impresos por lo que resta de año, manteniendo abierto su blog, hasta
que “el cuerpo aguante”. Gracias a todos los que lo han hecho posible.
Vaya
que México es muy distinto al de 2009, cuando se colgaron los primeros Trazos…
y no se diga al de 1974, cuando se fundo nuestra querida UAM.
*Arquitecto, profesor investigador de la UAM
Xochimilco y editor de El Trazo Semanal.
.
Mayo, 2024
La niñez y la ciudad
La
niñez y la ciudad
Juan Carlos Rojo Carrascal*
“La ciudad moderna es una ciudad en crisis porque ha perdido una buena parte de sus habitantes: los más vulnerables”.
Así lo sentenció Francesco Tonucci en la
reunión de la Red Mexicana de Ciudad de los niños y de las niñas al mencionar
cómo la niñez, la gente mayor y quienes tienen dificultades para desplazarse de
forma autónoma están dejando de salir de casa por su cuenta. Cada vez es más
peligrosa la calle, porque cada vez hay menos gente en ella y cada vez es más
inaccesible.
El
pasado 20 de febrero tuvimos un encuentro virtual todos los que de una u otra
forma promocionamos el proyecto del Pedagogo Italiano Francesco Tonucci, quien
tiene décadas promoviendo la participación de los niños y de las niñas en la
toma de decisiones con respecto a las ciudades.
Ellos tienen muy claras sus necesidades para
su desarrollo personal sustentado en su autonomía, el derecho al juego y al
goce del espacio público sin que se ponga en riesgo su integridad. Una ciudad
sana y segura para la niñez es una ciudad sana y segura para toda la gente.
Como en el cuento El traje del emperador, de Hans Christian Andersen, donde dos
charlatanes le confeccionaron un supuesto traje al Rey con la advertencia de
que era invisible para la gente incapaz y por ello, nadie se atrevió a decirle
al Rey que el supuesto traje no existía hasta que un niño lo dijo como debe
ser, sin filtros -El Rey va desnudo.
Generalmente,
a medida que los niños crecen, dejan de ser auténticos para entrar a este mundo
de la adultez donde terminamos todos adoptando los hábitos de siempre, y donde,
por uso y costumbre, sumisos renunciamos a los cambios que puedan hacer
funcionar de otra forma las ciudades. Tenemos siempre miedo a experimentar.
Francesco Tonucci a través de este Laboratorio promueve integrar en las
ciudades los Consejos de Niños y Niñas (de entre 8 y 11 años, elegidos de forma
aleatoria) que se reúnen periódicamente para opinar y ser escuchados por las
autoridades municipales y principalmente por los alcaldes o alcaldesas.
Los
municipios de San Pedro, Monterrey, León, Zapopan y Zamora ya tienen forma- dos
sus consejos y comienzan a dar resultados. La infancia exige vivir la ciudad y
tener los mismos derechos y condiciones que los adultos tenemos. No podemos
negarles la ciudad por una supuesta protección que cada vez les está afectando
más en su desarrollo y autoestima. Los mayores peligros para la niñez están en
sus casas. Actualmente entran por cualquier pantalla.
El
Laboratorio tiene muchos avances en ciudades colombianas, peruanas, brasileñas
y sobre todo argentinas. El año pasado tuve oportunidad de visitar Buenos Aires
y Rosario donde operan los consejos de niños y niñas que son siempre escuchados
y atendidos por sus alcaldes o alcaldesas. Han logrado disminuir el tráfico en
algunas calles, mejorar espacios públicos, instituir el día del juego o
desarrollar lugares de encuentro para la niñez (como el llamado tríptico de la
infancia en Rosario que lo conforman La Isla de los Inventos, La Granja de la
Infancia y El Jardín de los Niños).
Por
nombrar algunos, dos bellos proyectos surgieron de aquellos consejos: ¿Y si
llenamos la ciudad de mariposas? Proyecto que recupera el paisaje nativo en
plazas y parques a partir de la plantación de asclepias. Y Ale Río que consiste
en paradas amigables para pájaros urbanos mediante la instalación de casitas de
pájaros como una manera de reflexionar sobre las formas ciudadanas de acoger a
los demás. En 1989, los dirigentes mundiales suscribieron un compromiso histórico
con la niñez mundial al aprobar la Convención de las Naciones Unidas sobre los
Derechos del Niño.
México
está incluido. Entre los derechos de esta Convención existen dos artículos que
han inspirado a los trabajos del Laboratorio: el Artículo 13 que expone que “El
niño tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la
libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin
consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma
artística o por cualquier otro medio elegido por el niño”, así como el Artículo
31, donde se “reconoce el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al
juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar
libremente en la vida cultural y en las artes”.
Si
realmente se cumpliera con estos dos compromisos, las ciudades mexicanas fueran
muy diferentes de lo que hoy son. En Culiacán tuvimos algunos ejercicios
interesantes inspirados en los trabajos del Laboratorio. Si bien, no con la
rigurosa metodología que se recomienda, desde el Instituto Municipal de
Planeación Urbana hicimos una consulta pública (en 2017) donde implementamos
los llamados Foros Zonales que incluían la sección infantil para que decenas de
niños y niñas nos compartieron sus sueños para la ciudad de Culiacán a través
de frases escritas y dibujos en una extensa manta de 15 metros donde la niñez
culichi planteó un futuro muy alentador. Siempre llevo presente una sencilla y
a la vez profunda frase que escribió una niña de 9 años: “Me gustaría que todos
respeten a los demás”. De una u otra manera este deseo quedó implícito en la
redacción de la visión del Programa de Desarrollo Urbano del Centro de
Población de Culiacán, hoy publicado, que dicta “Culiacán, ciudad segura donde
la naturaleza es belleza, el respeto es cultura; y su esencia, la gente”.
Niños jugando en el proceso de la obra de la vía escolar Amado Nervo en Culiacán
**Arquitecto, Maestro en Arquitectura, Doctor
en Geografía y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad
Autónoma de Sinaloa.
FEBRERO
2024


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