Degradación de la ciudad Vs la renovación urbana. Parque Tercer Milenio en Bogotá– Colombia. Por Myriam Stella Díaz

Se entiende la degradación como un proceso mediante el cual se reducen las cualidades inherentes a algo o alguien; desvirtuarlo, rebajar de categoría un elemento. En el ámbito urbano, hablamos de degradación cuando un lugar de la ciudad ha perdido sus características valiosas y ha entrado en procesos de deterioro ya sea por el abandono o por efectos de una utilización nociva del espacio urbano.

Los centros de las ciudades latinoamericanas se han visto inmersos en procesos de conservación y revitalización, fomentando en ellos proyectos de transformación urbana y arquitectónica, que los han puesto como escenarios turísticos y también ha hecho que los propios ciudadanos recuperen estos espacios, como parte de sus vidas cotidianas.

En el marco de esta tendencia, para el centro de la ciudad de Bogotá, se propuso una serie de proyectos de transformación física que, avalados por el plan de ordenamiento territorial y en específico por el Plan Centro[1], pretendían recuperar áreas en potencial deterioro y devolver la vitalidad al centro, enfocando esta vez su uso a las actividades culturales, educativas, recreativas y sociales.

El parque Tercer Milenio es uno de estos proyectos, quizás el de mayor envergadura que se construyó en la Bogotá del siglo XXI y el que mayor impacto causo en la imagen de la ciudad. Sin embargo, después de once años de su inauguración, aún no ha podido ser lo que sus promotores esperaban.


Esquema del centro de Bogotá y localización del parque Tercer Milenio. Fuente: http://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/

Esta localizado entre las calles 10 y 6 y las Avenidas 10 y Caracas, en el costado sur occidental de la Plaza de Bolívar y del centro histórico de la ciudad. Este parque fue levantado sobre las ruinas del antiguo barrio tradicional de Santa Inés, que luego de procesos de cambio de uso y abandono tanto de sus edificaciones, como de sus habitantes, se había convertido en una de las zonas más peligrosas de la ciudad: el temido “Cartucho”. Allí se realizaban toda clase de actividades ilícitas, y se concentraban los expendedores y consumidores de sustancias prohibidas de la capital.

Desde finales de los años cuarentas se había detectado el deterioro del barrio Santa Inés debido a la presencia de la plaza de mercado de La Concepción y de la proliferación de inmigrantes hacinados en las antiguas casonas, ahora convertidas en inquilinatos. Sin embargo, no se hizo nada entonces y esto empeoró la situación. 

A finales de la década de los noventas, las administraciones locales tomaron de nuevo en marcha el plan de recuperar esta zona y bajo los planteamientos del plan de ordenamiento territorial, que entró en vigencia desde el año 2000, emprendieron las acciones necesarias para superar la crisis que en este sector se vivía.

El proceso comenzó con el reconocimiento de la zona, que estaba colonizada por grupos que controlaban el micro tráfico de estupefacientes y que hacían justicia a mano propia. A “sangre y fuego” fueron recuperadas las casas y desterrados los habitantes, quienes se alojaron en los barrios aledaños.  De esta manera se pudo dar paso a la demolición única alternativa para el saneamiento de las edificaciones y de la estructura urbana, según los asesores de la Administración Municipal.

Proceso de demolición del Cartucho – FUENTE: Archivo IDU[2].

Como parte de la estrategia de renovación urbana, desde 1999 se había propuesto el diseño de un parque de escala metropolitana, que fomentara la vida, en un espacio que durante décadas se asocio con la muerte y la decadencia. Es así como en el año 2002 se inaugura el parque Tercer Milenio, buscando re-significar este lugar e incluirlo como parte de las prácticas cotidianas de los bogotanos.

Sin embargo, nada de lo planeado resultó como se esperaba. El parque es un gran vacío dentro de la estructura urbana del casco histórico de la ciudad de Bogotá. Es una isla que, al no vincularse con ninguno de sus bordes, no propicia la integración. Es un lugar que a pesar de su estética contemporánea no es agradable, produce temor porque es desolado. Los niños no juegan, los ancianos no lo recorren, los pocos transeúntes que lo atraviesan lo hacen de manera ocasional por ser un paso más corto entre las dos grandes avenidas que lo bordean al oriente y occidente: la carrera décima y la Avenida Caracas, respectivamente.












Parque Tercer Milenio – Abril de 2013. Fuente: Myriam Stella Diaz.

Por otro lado, el problema social que se gestó en “el Cartucho” tampoco se erradicó. Los antiguos habitantes de barrio Santa Inés se desplazaron dos calles más al occidente de la zona centro, ahora se agrupan en la “calle del Bronx”, réplica del deterioro físico y social del antiguo Cartucho. Varios son los que comentan que desde que los desterraron de Santa Inés, juraron recuperar la zona. Y aunque el control de las autoridades hace que su permanencia en el parque Tercer Milenio sea vigilada, realmente son los únicos que disfrutan de las vastas áreas verdes, del mobiliario urbano y hasta de las atracciones deportivas.

Este ejercicio de “renovación urbana” me deja serias dudas sobre la estrategia de intervención de la ciudad y me lleva a recordar las visionarias palabras de Jean Jacobs cuando decía que: “los parques públicos no son abstracciones ni repositorios automáticos de virtud y elevación moral.... No significan nada divorciados de sus funciones y usos tangibles y prácticos, por lo tanto no significa nada divorciados de los muy tangibles efectos aplicados sobre ellos   -para bien o para mal-  de los distritos urbanos circundantes y los usos que los afectan”[3]

Puede ser que, a largo plazo, con el resto de proyectos que acompañan la intervención del Plan Centro, este parque finalmente se convierta en el espacio verde que necesitaba la ciudad, pero por ahora, solo es un vacío más, producto de la idealización “del verde” como elemento salvador por parte de algunos urbanistas contemporáneos.

Septiembre, 2013






[1] Plan centro: Decreto 492 de 2007, por medio del cual se regularon las estrategias de operación en el centro histórico de la ciudad.
[2]IDU: Instituto de Desarrollo Urbano – Bogotá
[3]JACOBS, Jane, Muerte y vida de las grandes ciudades. 1961. Traducido por: Ángel Abad/Ana Useros. España: Capitaán Swing libros. 2011. Pág. 142 

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