Introducción
No se
necesita ningún diagnóstico sobre las necesidades de la población para tener
una vivienda; tampoco cifras de los funcionarios advirtiendo cuantas viviendas se
requieren en tanto, basta caminar unos pasos para advertir la cantidad de
nuevos conjuntos habitacionales que se han seguido construyendo por toda la
ciudad, aún sin norma. Una norma urbana
dedicada a la vivienda tendría sentido si buscara el equilibrio entre los
intereses de los distintos grupos gestores, desarrolladores y autoridades de
vivienda para favorecer a la población de bajos recursos –no dice, los más
pobres- que aún no tiene acceso a una vivienda. Situación que, por cierto,
es el origen de la Norma 26.