Arquitectura Básica. Por Alejandro Ochoa Vega

Arquitectura Básica. Por Alejandro Ochoa Vega

Comentar el trabajo de un amigo tan cercano en un espacio público y abierto, implica un reto, más allá de cualquier compromiso por hablar bien del producto, sino de poder ser objetivo y distante frente, a un libro en este caso, en donde el lenguaje ya no es el coloquial acostumbrado, sino el construido como investigador. No obstante, Arquitectura básica 2, el texto editado por la Universidad Veracruzana del doctor en Arquitectura y Urbanismo Carlos Caballero Lazzeri, es un testimonio, en palabras bien armadas y escritas, de mucho de lo que yo le he escuchado en múltiples conversaciones, de casi 20 años de amistad.


Mauricio Hernández Bonilla, el prologuista, ya nos advertía que estábamos ante un segundo trabajo de divulgación, que había iniciado en 2008 con el primer Arquitectura básica, dedicado a los problemas operativos y funcionales de la arquitectura. En esta nueva entrega, el objetivo es abordar la composición, sus procesos y sus productos, de forma integral. A lo largo de 5 capítulos, el autor desde sus propias palabras, se centra en el análisis de la manera como la forma y el espacio son aprehendidos por sus usuarios en un proceso de registro que no es ni estático ni fotográfico sino suma aditiva de estímulos y experiencia y en el cual, por lo tanto, la memoria tiene particular importancia.

Sin pretender desglosar el contenido del libro, apuntaría algunos temas abordados por el autor, como el papel de la luz en la arquitectura, natural o artificial. Desde la que provoca un efecto único en el Panteón de Roma o la que se asoma en un callejón de Chicago, y que hace posible el “espectáculo de la arquitectura”. A su vez, Caballero resalta los recursos actuales de la iluminación artificial que están produciendo volúmenes evanescentes, donde por la noche los colores no corresponden con el de su materia constructiva. Lo bello, no solo como la manera de componer y ordenar, sino por los recuerdos gratos que despierta en nuestra memoria, a propósito del componente emocional de la arquitectura. En ese sentido, igual se resalta el impacto de obras como Santa María de las Flores o el Congreso de Estados Unidos, por su significado y carga histórica, pero también la posibilidad de seducción de una arquitectura tradicional, sobre otras expresiones atrevidas de en las tendencias contemporáneas.

Respecto a los temas del aprendizaje y el oficio, el autor enfatiza la importancia de un entorno cultural vivo y desarrollado desde tiempos remotos, como se demuestra, en el éxito y calidad del diseño italiano, resultado de sus institutos, pero sobre todo por la influencia del medio. Los viajes, otro factor clave en el perfil de un arquitecto sobresaliente, porque como Caballero afirma; Ver el mundo con ojos extranjeros amplia nuestros horizontes y en arquitectura nos regala el placer del recorrido por obras maestras de todos los tiempos, verdaderas universidades del aprendizaje de la arquitectura. Se rescata también lo valioso de la enseñanza de los grandes maestros, como los mismos Le Corbusier, Mies y Gropius que abrevaron tanto en la oficina de Peter Beherens. Y el arte, como un componente en la formación de un diseñador, al incorporar una sensibilidad estética además de la destreza técnica.

Carlos Caballero se detiene en uno de sus capítulos, para hablarnos de la psicología de la percepción, Gestalt. Complejo tema que lo lleva desarrollar varios de los asuntos de la composición arquitectónica, como son los trazos reguladores, las leyes de organización y configuración, que al final, al sumarse coherentemente, permitirían lograr una unidad en la obra, desde su función operativa, hasta su expresión formal. El contraste, otro problema abordado por el autor, opone vacíos contra llenos, figura y fondo, naturaleza y cultura, contexto libre y construido, ruptura y continuidad, entre otros, los cuales llevan a enriquecer un proceso de diseño, de acuerdo a su especificidad. El capítulo final, aborda aspectos como el movimiento, la tensión y el equilibrio, con ejemplos diversos, donde los umbrales, el orden, la profundidad y perspectiva, los ejes y barreras, así como las correcciones ópticas y manipulaciones de la percepción, ayudan al diseñador novato y profesional, a tener en cuenta recursos de composición siempre pertinentes.

Arquitectura básica 2, es un esfuerzo encomiable para hacer presentes los contenidos de la Teoría de la Arquitectura, poco valorados en la dinámica contemporánea, desde la formación, hasta la práctica profesional. Texto riquísimo en referencias textuales y de imágenes, que lo hacen asequible para un público amplio, y ávido en sustentar ideas que definen una buena arquitectura. Cerraría este comentario con palabras de Carlos Caballero:

Vivir y sentir la ciudad involucra todos nuestros sentidos y, dentro de márgenes tolerables, es también placentera la fatiga de algún ascenso o puede resultar gratificante el hecho de que, en espacios que se encierran, se despierte en nosotros la curiosidad de saber que hay más allá. Cierres, umbrales, sorpresas, contrastes, cambios de ritmo; descubrimientos del caminar y el ver en espacios orquestados para el placer del andar, el percibir y el descubrir. En ello, dado que como hemos afirmado importa tanto la realidad física como la captura perceptual, los elementos materiales están al servicio de las sensaciones y es posible –y deseable- manipularlos de forma tal que corrijan aspectos ópticos indeseables o provoquen determinados fenómenos o hasta ilusiones que, sin entrar en conflicto con el cometido operativo de la arquitectura, den más vida y alegría a la experiencia de esta disciplina.

Junio, 2013.


Transformación urbana: el espacio público como intención. Por Fernando Minaya Hernández

Transformación urbana: el espacio público como intención. Por Fernando Minaya Hernández
En los últimos años, la Ciudad de México ha presenciado cambios en su estructura urbana, a través de obras viales, principalmente. El planteamiento de ampliaciones y renovaciones para la mejora vehicular han provocado una nueva imagen urbana, que por varias décadas habían permanecido intactas, ante el crecimiento voraz de la mancha urbana e incremento del parque vehicular como consecuencia.

Al norte de la ciudad, dos avenidas fundamentales se transformaron para dar una mejora vehicular y sobre todo, renovar la movilidad y el espacio público: Éuskaro y Fray Juan de Zumárraga, al sur de la Basílica de Guadalupe. La primera de ellas, hasta el año 2012, entre Insurgentes y la calzada de Guadalupe, contuvo solo dos carriles vehiculares, ello provocó problemas viales ya que tal avenida forma parte del Eje vial 4 Norte, sentido poniente-oriente, la cual cuenta con una amplitud de seis carriles, sin embargo, en el tramo mencionado se reducía drásticamente y provocaba congestionamiento vial y la discontinuidad del flujo vial. Actualmente, ya enumera seis carriles en las inmediaciones de la colonia Industrial. La transformación también incluyó un parque lineal, el cual es utilizado para exposiciones de objetos artísticos de gran tamaño. Para el proceso de la ampliación tuvieron que demolerse varias construcciones, en la acera norte, pocas de ellas con algún valor arquitectónico o patrimonial, a pesar de que la colonia Industrial posee una gran riqueza de la arquitectura neocolonial, decó y funcionalista de la primera parte del siglo XX.

 Fray de Zumárraga esq. Calzada de Guadalupe. Vista hacia el sur.
Fuente: Fernando Minaya

La segunda vialidad intervenida fue Fray de Zumárraga, la cual se ubica entre la Calzada de los Misterios y 5 de Febrero, para mayor referencia, es toda la longitud del conjunto de la Basílica de Guadalupe. En los últimos diez años, la avenida permaneció parcialmente cerrada, desde el anunció de la construcción de la Plaza Mariana por el arquitecto Xavier Sordo Madaleno, entre pausas y falta de presupuesto de la obra, hasta la aportación 800 millones de pesos de Carlos Slim y la imposición del arquitecto Fernando Romero para terminar los proyectos; el pasado año fue reabierta la avenida con grandes cambios, uno de ellos es el paso a desnivel en la calzada de Guadalupe para eliminar el puente que conectaba a los peregrinos con el conjunto mariano, y por lo tanto establecer un vínculo totalmente peatonal en el crucero. Otro cambió fue la reducción de carriles y la inclusión de dos crujías de locales comerciales que formalmente refieren a un talud verde en un pasaje al aire libre.


Las dos obras públicas mencionadas, por un lado representan el letargo de la planeación en la ciudad, ya que en los dos casos, desde la década de 1950, ya se habían planteado soluciones similares para adecuar los trazos de las vialidades y la mejora de la movilidad, por otro lado, la inclusión de espacios públicos para peatones o zonas para actividades culturales son destacables. Aunque existen problemas de diseño en ambas obras, se convierten en pautas del urbanismo contemporáneo, aunque consideramos se requiere más reflexión y perspectiva al mediano y largo plazo, para que realmente se olviden las buenas intenciones y se inicie una transformación urbana totalmente social e inclusiva, para los habitantes capitalinos. 

Junio, 2013.

Expansión Urbana de la Zona Metropolitana del Valle de México. Por Herman Barrera Mejía

Expansión Urbana de la Zona Metropolitana del Valle de México. Por Herman Barrera Mejía

El crecimiento de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) es resultado de diferentes factores que han originado una configuración territorial heterogénea con usos del suelo y actividades económicas diversificadas que han dado como resultado una concentración (en 2010) de más de 20 millones de habitantes distribuidos sobre más de 1500 km2 de área urbana, ésta última a su vez, se desborda sobre 76 municipios y/o delegaciones tanto del Distrito Federal (DF: 16), Estado de México (EM: 59) e Hidalgo (1) que integran a la metrópoli (CONAPO, 2010).

El incremento y concentración de las  actividades socioeconómicas diversificadas (industria, comercio, servicios, etc.); el aumento de asentamientos humanos, centros comerciales, zonas residenciales; proyectos de vías de comunicación y transporte, la especulación del suelo, han derivado en diversas problemáticas ambientales.

El aumento descontrolado de asentamientos humanos se ha dado principalmente al norte, oriente y sur de la ciudad,  resultado de procesos de migración del campo-ciudad, permisividad de autoridades en materia de planeación para el asentamiento de poblaciones en suelos no aptos (altamente salinos e inundables) como en zonas de Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Ecatepec, Tecámac, Chalco, Ixtapaluca; o riesgosos ubicados en barrancas, cañadas o sobre suelos blandos como en la Sierra de Santa Catrina, Guadalupe o Las Cruces localizadas al oriente, norte y poniente respectivamente, en donde las características orográficas (relieve abrupto y sinuoso) ponen en riego a miles de habitantes que viven hacinados sobre lo que es suelo de conservación decretado como tal en el año 2000 por el Gobierno del Distrito Federal.

Por otra parte, el desborde del área urbana de la ZMVM sobre otras entidades como el Estado de México e Hidalgo viene a complicar la toma de decisiones, la coordinación de los distintos gobiernos, las políticas de acción y desarrollo en el territorio metropolitano, resultando en una nula, complicada y sectorizada aplicación de la legislación urbana, del financiamiento inequitativo para obras públicas (Garza y Damián, 1991). Esto a su vez, se traduce en una desatención en las demandas y problemáticas sociales: necesidades de suelo, servicios, infraestructuras, abasto, empleo, caos vial, inseguridad, delincuencia, manejo de residuos sólidos, deterioro ambiental, entre otras cuestiones.


Asentamientos irregulares en Bordo de Xochiaca,
y viviendas ubicadas en barrancas del poniente del D.F.
Fuente: Archivo personal del autor.

Los patrones de ocupación territorial en la ZMVM han respondido a condiciones políticas, económicas, sociales, tecnológicas, naturales. Ante la falta de disponibilidad de suelo en el centro de la ciudad, el fenómeno de la conurbación que se da durante 1950, se ha magnificado a escalas inimaginables en nuestros días, al grado de que las instituciones de cada entidad  con la atribución de diseñar planes y programas con miras a lograr una planeación del territorio simplemente se han visto rebasadas ante un incremento desmedido de las actividades económicas diversificadas, demanda de servicios e infraestructuras, mayor centralidad de la gestión política y privada del presupuesto nacional, y un mayor deterioro ambiental ocasionado por una planeación todavía sectorizada y permisiva, misma que requiere el diseño de políticas a escala metropolitanas e incluso megalopolitanas.

Referencias
Garza, Gustavo y Araceli Damián (1991). “Ciudad de México. Etapas de crecimiento,
infraestructura y equipamiento” en Schteingart Martha. (coord.), Espacio y vivienda en la Ciudad de México. COLMEX, México, D.F.
Consejo Nacional de Población, 2010. Delimitación de zonas metropolitanas en línea en ver: http://www.conapo.gob.mx/en/CONAPO/Zonas_metropolitanas_2010


Junio, 2013.

La ciudad del futuro en el cine: ¿posible realidad o ficción? Por Fernando Minaya

La ciudad del futuro en el cine: ¿posible realidad o ficción? Por Fernando Minaya

Hace algunos meses el crítico de cine Rafael Aviña habló de dos maneras de hacer cine futurista: la primera versa  sobre los escenarios apocalípticos de la humanidad, en donde podemos ver la devastación y destrucción de las ciudades - tal es el caso de películas como Mad Max (1979) de George Miller o The book of Eli (2010) de los hermanos Hughes. Una siguiente refiere a las características de la sociedad dentro de un marco evolutivo, el avance tecnológico –y se agregan las diferentes propuestas y visiones urbano-arquitectónicas. Para fines ilustrativos y más esperanzadores de la construcción de una ciudad, nos referiremos en este ensayo a la parte de las películas que han establecido una propuesta, a partir de nuestra contemporaneidad,  de formas de interpretar el tan ansiado devenir y como viviríamos en él.

La cinta Blade Runner (1982) de Ridley Scott nos acerca a la construcción de edificios de gran altura que evocan la idea de ciudades verticales, generando un ambiente oscuro y poco ordenado en las partes bajas de estas ciudades, dominadas por el consumo masivo y la llegada de robots. Otra película que asombró por las locaciones fue Total Recall (1991) de Paul Verhoeven, aquí se presentó la forma de habitar dos planetas, la Tierra y Marte representados por la arquitectura mexicana de la década de 1970, denominada monumentalista; la intención fue conformar la idea del orden y magnificencia de las corporaciones como formas de gobierno y control social aceptadas, sin embargo, coexiste una subcultura insurrecta que no está de acuerdo con los cánones y vive de manera paralela en zonas deterioradas, oscuras e insalubres.



The Book of Eli. 2010. Alcon Entertainment, Silver Pictures y Warner Bros.


Otra historia basada en los comics fue llevada a la pantalla grande en dos versiones, en ellas refieren a la problemática del crecimiento de las ciudades; Dredd (1995) de Danny Cannon y la reedición de 2012 por Pete Travis nos llevan a la  aventura de conocer a las megaciudades con los problemas de inseguridad que ello representa. En la primera versión hay una ciudad en permanente anarquía y desorden, y por ello la justicia se hará prevalecer, pero afuera de sus muros residen los que han quedado excluidos de estos parámetros: mercenarios, exiliados, sentenciados, entre otros tienen que arreglárselas en una precaria sociedad altamente hostil y violenta. Tal parece que dentro o fuera de las megacities no hay mayor diferencia. En la segunda adaptación, el tema de ciudades a escalas descomunales es el eje central, pero en este caso se concentran en unos edificios de viviendas, y en particular, en uno llamado Peach Trees, donde residen 75 mil habitantes, algo inimaginable para nuestra realidad. La violencia e inseguridad reina en cada uno de los 200 niveles de cada torre, que parecen estar sembradas dentro de una enorme ciudad de 800 millones de habitantes, donde la ciudad antigua, de proporciones horizontales, es el asiento de las estructuras verticales de gran altura .


Dredd. 2012. DNA Films, IM Global y Reliance Big Entertainment

Finalmente, dos cintas, de manufactura reciente, versan sobre el tema de dos ciudades conectadas. Una de ellas es otra versión de Total Recall de 1991, ahora dirigido el remake por Len Wiseman (2012), donde observamos territorios diferentes: uno en el que viven los más afortunados y tienen las mejores comodidades, y el otro donde residen las masas que sirven de mano de obra. Estos sitios, los únicos habitables en la tierra debido a la devastación nuclear eran las regiones de United Federation of Britain y la Colony. Las dos urbes están opuestas en geografía y son conectadas por un transporte que cruza el interior de la tierra, llamado The fall. La última película por estrenarse, Elisyum (2013) de Neill Blomkamp, refiere a dos formas de vida, una donde no existe la enfermedad, la violencia, la inseguridad, todo es un paraíso y está localizada en el espacio, la otra ciudad se ubica en la tierra donde no hay alimentos, la destrucción masiva de las ciudades es una realidad caótica, y donde la supervivencia es cosa de todos los días.


Total Recall. 2012. Columbia Pictures.

Las historias mencionadas contienen elementos repetitivos y elocuentes de un futuro, que por más que nos resistamos a reflexionar sobre él, refiere a los problemas contemporáneos de las ciudades: crecimientos desmedidos de la mancha urbana, redensificación vertical, masificación de los conjuntos habitacionales, todo esto ya ha causado mella en la falta de recursos, servicios insuficientes, perjuicios ambientales, entre muchos más. También las distinciones sociales y económicas polarizan a la sociedad, hasta los límites de separación total y exclusión de las clases vulnerables como en Children of men (2006) de Alfonso Cuarón, o el caso extremo de Wall-E (2008) de Andrew Stanton, la tierra es inhabitable por la contaminación y los pocos humanos sobrevivientes se encuentran en un viaje espacial indefinido.


Elisyum. 2013. Media Rights Capital y Columbia Pictures

La reflexión apuntaría a un viraje de un posible futuro de autodestrucción, a otro que promueva la calidad de vida, a través de mejores diseños arquitectónicos y urbanos, incluyentes, y que permitan un mayor equilibrio entre la dispersión y la redensificación urbana contemporánea.


Junio, 2013

Manifiesto de insurrección contra el racionalismo esclavizante. Por Jaell Durán Herrera


De acuerdo con el artista austriaco Hundertwasser, lo que distingue al esclavo del individuo libre es la incapacidad para tomar decisiones. Ser libre significa poder seleccionar la ropa y transformar la casa, apropiarse de ella. En cambio ser esclavo significa vivir en estas cajas-prisiones repetidas al infinito.

Entro en mi casa como una mujer libre, no como una esclava, entonces puedo soñar en ella, pensar, crear, diseñar, pero antes que arquitecta soy también habitadora. Pensé en esto después de haber mirado por dentro cientos de casas habitadas, en las que sobraban objetos acumulados, imperaba la limpieza, predominaban los estilos y colores efímeros que pronto pasarían a la historia o que se congelarían como imágenes vintage. La casa como biografía de quien la habita es elocuente e insurrecta, se resiste a la ortogonalidad, se revela ante lo racional.

A partir de esto me ha parecido necesario pensar en quién habitará lo que proyectemos en el futuro. Si bien esta pregunta se planteó mucho tiempo atrás, en otras mentes subversivas y antisistema, es evidente que ante la abrumadora sociedad que se presentaba entonces como una masa seguimos necesitando las propuestas que a principios del siglo XX los CIAM aportaron con el concepto de entornos colectivos. Los otros, individuos rebeldes y de gran chistera, pertenecían a otro mundo, el de los utopistas u onironautas. Pensemos en Mario Larrondo, quien al viajar por las honduras de la selva y regresar enamorado siempre de la capital ayudo a muchas familias a edificar un hogar.

Otros ejemplos, que posiblemente sean lejanas referencias, pero no por menos actuales, nos enseñan el camino que unas veces se pierde como sendero incierto y otras se abre ante los tiempos de hacinamiento y búsqueda de individualidad, en una colectivización que alguna vez fue un crimen de guerra, un crimen inconsciente de la estandarización arquitectónica.

John Habraken, arquitecto holandés, proponía a principios de los sesenta mirar la arquitectura como un sistema abierto, como un proceso en el que tendría que ser posible separar lo que permanece de lo que cambia, tal y como cambian los habitadores, la naturaleza. Él decía que la arquitectura de espacios públicos y privados solamente podía proyectarse desde una mirada o mentalidad especial: la del arquitecto que comprende los lenguajes subyacentes de los que habitan, los que comprenden los deseos y las necesidades de las personas.

Otro ejemplo es el de los Situacionistas que ponían la atención en lugares otros que sacudían a la decadente sociedad del espectáculo. Este colectivo visitaba lugares no concurridos y poco conocidos con la intensión de reivindicar a los individuos que vivían apartados de la mirada de la sociedad en espera de una revolución que hasta hoy no ha llegado. Con los conceptos de psicogeografía, deriva y geografía unitaria dieron lugar a la ciudad en tránsito permanente de Constant Nieuwenhuis: New Babylon, una ciudad nómada influida por las culturas gitanas y que como dijo alguna vez el mismo Constant no termina en ninguna parte por las características esféricas de nuestro planeta. New Babylon es el planteamiento de una ciudad sin fronteras, en donde puede ser posible vivir a la aventura y en donde cualquier lugar era accesible para todos. Si bien el proyecto pudiera tener un tono demencial, es cierto que Constant no podía agregar a su vocabulario una palabra tan vaga y limitante como frontera, sin embargo eso es lo que experimentamos en nuestra arquitectura: límites, fronteras, estandarización.

Como la felicidad ocurre bajo un cielo estrellado, bajo una bóveda de tierra o bajo las sabanas, la conciencia tiene como posibilidad llegar a los intersticios de la utopía que se hace tangible cada vez más.

La conciencia sobre las necesidades de los que habitarán lo que proyectemos en el futuro consiste en saber que la disciplina necesita de la intuición y que los espacios no son simples trucos de magia.


Mayo, 2013

Pedro Ramírez Vázquez, Secretario de Estado. Una aportación significativa. Por Fernando Minaya

Pedro Ramírez Vázquez,  Secretario de Estado. Una aportación significativa. Por Fernando Minaya
El pasado 16 de Abril de 2013, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez falleció a los 94 años de edad. La noticia ha sido de las más comentadas en el ámbito de la arquitectura en los últimos años, y por supuesto, no es para menos. La trayectoria de Ramírez Vázquez fue amplia por las grandes obras que dejó en la ciudad, desde su participación en el edificio para Escuela de Medicina de la UNAM, el Museo Nacional de Antropología e Historia con aquel gran diseño del paraguas en el patio central que reta a la gravedad, el estadio Azteca que es el icono del futbol mexicano, y para los fervientes creyentes católicos, en colaboración con Gabriel Chávez de la Mora y José Luis Benlliure, les aportó la Basílica de Guadalupe, El Palacio Legislativo para la representación del poder legislativo de la nación, entre otras obras.

La otra faceta estuvo vinculada con la administración pública, de los puestos representativos, el arquitecto fue Presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de 1968, Rector y fundador de la UAM, pero donde encuentra la gran responsabilidad de ser un secretario de Estado fue el  1 de diciembre de 1976, bajo el mandato del presidente José López Portillo, recibe la encomienda de dirigir la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP), que solo recibe ese nombre durante el periodo del arquitecto Pedro Ramírez, ya que desde el 1958 hasta 1976 se denominó Secretaria de Obras Públicas (SOP); y posterior a 1982 fue la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE) hasta 1992, cuando se crea la actual Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).

La SAHOP, durante su corto periodo fue la responsable de la obra pública en todo el país. Entre 1976 y 1982 se reutilizaron, ampliaron, proyectaron y construyeron varios edificios fundamentales para la administración pública como los son las sedes de la Secretaría de Marina, de Gobernación, del Trabajo, el Archivo General de la Nación y el Palacio Legislativo de San Lázaro; en el rubro de cultura destaca el cine-teatro OMNIMAX y el conjunto CICOM. Estas obras son resultado del Programa Nacional de Desconcentración Territorial (PRODETAP) y a su vez, bajo la Dirección General de Edificios y el Programa de Integración Física de las Dependencias y Entidades de la Administración Pública Federal de la SAHOP, se emprende una estrategia para regular y ordenar la construcción de edificios públicos en todo el país, para dar mayor a poyo a los Estados y eficiencia del quehacer del Estado en el territorio, así como promover un acercamiento a la sociedad de los servicios públicos.

En esta labor titánica, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez logró concretar en su gestión una buena parte de los proyectos, pero las deficiencias y posibilidades de tener un desarrollo equitativo en cuanto la obra pública fueron interrumpidos por la transformación de la secretaría en las últimas tres décadas. Los resultados son palpables en la dispersión actual de la obra pública y por consiguiente una heterogeneidad de la arquitectura institucional del país, que en algunos casos, él fue autor de obras de notoriedad estadista durante un periodo, donde el progreso y la modernidad fueron fundamentales en la continua construcción de Estado mexicano.

Centro SAHOP, Chihuahua. 
Fuente: SAHOP (1982) Desarrollo urbano en México. Obras Urbanas, equipamiento y vivienda. SAHOP. México.


Abril, 2013

Manifiesto ciclista o sobre la importancia de sonreír sobre dos ruedas. Por Jaell Durán Herrera

Manifiesto ciclista o sobre la importancia de sonreír sobre dos ruedas. Por Jaell Durán Herrera

Cuando la ciudad dejo de ser la región más transparente y se convirtió en una sombra nebulosa, los destinos tortuosos se volvieron inmediatos y la felicidad inalcanzable. En donde había olores a jugo de naranja y césped recién cortado, ahora se pueden ver caras angustiadas. El estruendoso ego citadino, impide a la individualidad asomarse al cuerpo de la colectividad; el de la soleada “Doña Capital de México”.

En el discurrir del andar lo cotidiano se convierte en “las leyes de una jungla”, no me refiero a la jungla exuberante y verde, sino a la llamada “jungla de concreto”; la musa para innumerables maldiciones bien conocidas:

“Voy derecho y no me quito”, ¡paso primero yo, por encima de todo!

La moderna sociedad vehicular se alza sobre las ruinas de la sociedad ciclista y hace énfasis en las diferencias; “los todopoderosos en sus supercarros último modelo, deberían comprarse unos último modales”[1].

Como pudieron haberlo dicho Marx y Engels sobre “la moderna sociedad”, quien tiende a separase en dos grandes campos enemigos y en dos clases antagónicas: “Los de en coche” y “Los de en dos ruedas”.

Vivir en el centro del país, con todos los servicios y diversiones al alcance, no basta para tener una buena calidad de vida; la emocionalidad y el intelecto, se saturan con el rugido de las bestias metálicas y al mismo tiempo, nuestra felicidad se diluye junto con la lluvia en las bocas de tormenta.

El progreso del transporte obstruye el tránsito por la ciudad en lugar de fomentarlo, de todos los transportes que hoy se enfrentan a la vorágine metálica, no hay otro más revolucionario que la bicicleta. Los otros se confunden y se desvielan, regando su sangre negra y viscosa en el asfalto, la bici es en cambio un motor genuino para la alegría humana.

La bicicleta carece de carrocería ostentosa, su relación con la naturaleza no se compara a las cuatro ruedas; ir en bicicleta por la ciudad es para David Byrne como navegar por las vías neuronales colectivas de una gran mente global, un viaje por el inconsciente colectivo. Sobre las cuatro ruedas, el piloto en cambio se convierte en un primate del más bajo rango, un monstruo invencible, cuya carrocería es la prótesis de su cuerpo.

Con menos carrocería y más felicidad la bicicleta es, por más, el medio de transporte más estimulante y solicitado en muchos lugares del mundo.

Los que al comienzo eran una minoría, ahora cada domingo se convierten en una inmensa mayoría.

La necesidad de un lugar más humano en donde vivir y el respeto a los derechos de los ciclistas, es apremiante. La muerte de la indiferencia, el egoísmo, la “virtud del cafre” y el triunfo de la alegría sobre las dos ruedas, son a corto plazo inevitables.

Ir en bicicleta, es una forma de meditación activa; un lugar en la mente que no requiere de mucha atención ni profundidad. Espontáneamente te hace sonreír y como reflejo el que te mira, también terminara sonriendo. La algidez citadina, con una bici de por medio, se derrite con facilidad:

¡Pedaléale¡
¡Tú si puedes!

Bajo estas circunstancias dos desconocidos o más, se convierten en parte de un cerebro colectivo y feliz, en parte de todo lo que sea árbol, ave, sol y bicicleta.

¡Esta es la sociedad feliz y pacifista que nuestro espíritu ciudadano exige!
En el fondo, el sentimiento de prisionero necesita de la metáfora sanadora que representan las bicicletas: Libertad.

La bicicleta, que me transporte al lugar de la felicidad, la que me llevé por los caminos de arena blanca y mar azul turquesa; a donde la gente siempre sonríe; en donde haya fauna silvestre; en el recorrido por las arterias de la ciudad desconocida; a paisajes oníricos olvidados.

La revolución ciclista, será la exaltación de esta largamente añorada libertad; la conquista del respeto por los derechos de todos los habitantes y la batalla por una ciudad más feliz y pacifista.

¡Ciclistas de todos los países, uníos!



Abril, 2013





[1] Tweet de @ GabrielRevilla, Lunes 1 de Agosto 2011, 20:32.

La seguridad en los mercados públicos de la Ciudad de México. Por Pamela Vicke Sánchez



El pasado 27 de febrero se incendio en la madrugada la Nave Mayor del mercado La Merced, considerado uno de los principales centros de abasto especializados de la Ciudad de México más importantes del siglo XX, inaugurado el 24 de septiembre de 1957 y proyectado por el arquitecto Enrique del Moral, en colaboración con los arquitectos Hilario Galguera y Félix Candela, y como residente de construcción el ingeniero Javier Barros Sierra. 

Otro aspecto relevante de este mercado, es que desde el año 2000, se encuentra en lista para su catalogación por las técnicas constructivas empleadas para la época, sus claros de grandes dimensiones, con cubiertas en forma de paraboloides contraventeados y trabes que permiten su aligeramiento. 

Según las noticias, se quemó el 80% del inmueble, sin pérdidas humanas que lamentar; la causa del siniestro fue ocasionada por un corto circuito según versiones de Protección Civil, debido a la sobrecarga de energía eléctrica que los comerciantes del mercado y los vendedores ambulantes, utilizan con frecuencia los famosos diablitos para iluminar sus locales y puestos. Ante este hecho, recordamos que no es el único mercado que ha tenido este tipo de percances, también el de Jamaica y Sonora han sufrido incendios parciales.
Recientemente visite el mercado de La Merced, para ver en que condiciones se encontraba el inmueble y bueno…, los dos accesos que se encuentran para entrar directamente desde la estación del metro Merced de la Línea 1, estaban cerrados y con un olor bastante desagradable, entonces me dirigí a la otra salida y entrada que da hacia los locales ubicados dentro de la plaza. Poco a poco comencé a recorrer los alrededores del mercado y todo estaba cerrado, después de indagar donde estaban los vendedores, me comentaron que algunos se habían reubicado en Anillo de Circunvalación y a otros en las inmediaciones del mercado Anexo, entonces me trate de acercar a uno de los accesos al mercado que estaba cubierto con plásticos y alcance a ver que había maquinaria pesada en su interior para terminar de sacar los escombros y dejar limpio el lugar, en cuanto al interior del inmueble, no percibí a simple vista algún daño de consideración en su estructura y en las bóvedas.

Por eso cabe destacar que no solo el mercado de La Merced, sino los 322 que existen en la Ciudad de México, carecen de medidas de seguridad, al no contar con extinguidores y los que llegan a tener se los llevan porque los van a cambiar. No cuentan con mantenimiento preventivo y mucho menos uno mayor, la ubicación de los vendedores en los alrededores de los centros de abasto impide el libre tránsito, entrar y salir sobre todo en casos de siniestros como incendios y sismos. La falta de accesibilidad para discapacitados, la carencia en el mantenimiento de las instalaciones eléctricas y de gas, son algunos de los problemas regulares.

Con respecto a lo anterior, es importante señalar que las autoridades gubernamentales, delegacionales y administrativos de cada centro de abasto, deberían estar al pendiente para dar mantenimiento constante a los mercados de la ciudad, para seguridad de los locatarios y de la población que acude a realizar sus compras. Imagínese usted estimado lector, que si el incendio del mercado La Merced o algún otro siniestro, hubiera sucedido en la hora pico cuando acude mucha gente, entonces el resultado hubiera sido un desastre, en cuanto a pérdidas materiales y humanas.

Por ello es importante tener en cuenta que un peligro como éste implica principalmente una degradación funcional y de seguridad en los mercados. Si las autoridades, inversionistas y comerciantes se coordinaran, los mercados públicos, principalmente el de La Merced, se verían favorecidos ante la mirada de los consumidores, visitantes y turistas.

Marzo, 2013

Tele-ciud@d. Por Gerardo Álvarez Montes


Los primeros cien días del gobierno de Enrique Peña Nieto nos han dejado dos importantes iniciativas de reformas constitucionales; la primera de ellas es la Reforma Educativa, acompañada del espectáculo mediático generado por la destitución y proceso judicial de Elba Esther Gordillo, dirigente vitalicia del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE); y la segunda es la Reforma Constitucional en Materia de Telecomunicaciones, presentada el domingo 10 de marzo pasado.

La propuesta de reforma al sector de telecomunicaciones está conformada grandes rasgos por cuatro ejes rectores:

1)Introducción del derecho de los mexicanos al libre acceso a los servicios de telecomunicaciones, banda ancha y radiodifusión, así como las adecuaciones necesarias para garantizar el derecho al acceso a la información y de libertad de expresión.

2)Creación de órganos con autonomía constitucional para abordar los temas de competencia, telecomunicaciones y radiodifusión; asimismo la creación de un organismo público para proveer el servicio de radiodifusión, sin fines de lucro, en cada una de las entidades federativas; y la creación de juzgados y tribunales especializados en estos temas.

3)Dotar de instrumentos adecuados para fomentar una competencia efectiva en ambos mercados.

4)Licitación de dos cadenas nacionales de TV y la creación de una nueva red propiedad del Estado para brindar servicios de telecomunicaciones.

Sin duda alguna la reforma generagrandes expectativas entre muy variados sectores e intereses, pero los alcances de esta propuesta van más allá del tema financiero o cuestiones técnicas propias del espectro radioeléctrico.

El solo hecho de elevar a rango constitucional el acceso a la información ya los servicios de telecomunicaciones como un derecho de todos los mexicanos, puede verse como un paso adelanteen la exigencia que diversos grupos sociales han planteado para la democratización de los medios de comunicación, o bien mediante iniciativas ciudadanas como Libre Internet para Todos, cuyo propósito es que el internet sea un derecho que, sin afectar intereses comerciales, se materialice sobre todo para las personas de menores recursos, los estudiantes y las comunidades más aisladas.

Sin caer en falsos triunfalismos, es necesario no perder de vista el desarrollo de la discusión parlamentaria, así como la promulgación y publicación de la ley reglamentaria que haga operativo este derecho.En caso de consolidarse esta propuesta y desde la perspectiva urbano arquitectónica, ¿Cuál sería su impacto en la vida urbana actual?; pensemos que si gran parte de las actividades que realizamos hoy en día, por medio del intercambio cara a cara, pudiéramos realizarlas de forma eficaz y segura a través de dispositivos móviles, smart-tv’s conectadas a la web o por medio de la computadora; muchos de los desplazamientos que hasta ahora nos son necesarios e ineludibles podrían quedar en segundo término.Incluso podrían gestarse nuevas formas de trabajo desde casa, escuela oplaza pública, no vinculadas necesariamente al desplazamiento físico, con ello se modificarían considerablemente los problemas de movilidad de nuestras ciudades.

Asimismo, la aparición de nuevas funciones y modelos de actividades generan nuevos espacios y nuevas tipologías, ¿Qué transformaciones sufriría el espacio público al endosarle esta  tarea?.Pensemos también en ¿Cómo será la integración de estas tecnologías en la estructura urbana?, ¿Esto podría acarrear más problemas de imagen urbana?, ¿Estaríamos ante la proliferación de antenas de transmisión colocadas indiscriminadamente en las azoteas de edificios y casas, como cualquier anuncio publicitario espectacular?.¿Cuáles debenser las estrategias para la implementación de estas nuevas infraestructuras y redes (tele-puertos, fibra óptica, redes Wi-Fi) que nos permitan ordenar y revelar la organización física de la nueva tele-ciud@d?

Imaginar ¿Cómo será la ciudad del futuro? es un acto que me remite a la película clásica de Fritz Lang, Metrópolis(1927); sin embargo pensar y explorar como van a evolucionar nuestras ciudades frente a estas propuestas del Estado mexicano y las necesidades que de ellas se deriven, es una tarea obligada de los profesionistas ligados a la ciudad y su desarrollo; particularmente para los arquitectos y urbanistas debe ser un ejercicio de creatividad e ingenio, una oportunidad para visualizar la ciudad que queremos y merecemos.

Marzo, 2013

La arquitectura consumista. Por Pamela Vicke Sánchez




Se le define a este tipo de cultura consumista como un hecho que es incontrovertible: la sociedad contemporánea nació para el consumo. En algún momento posterior a la Segunda Guerra Mundial, surgió en los países occidentales una cultura de la insatisfacción permanente: la maquinaria de producción de bienes funciona en la medida en que los deseos nunca son plenamente satisfechos.

Jean Baudrillard logró describir sociológicamente el fenómeno: no compramos objetos por su utilidad sino por el halo que los rodea. Hoy en día no obstante, hemos alcanzado un nuevo modelo, aquel donde los individuos, los afectos, las ideas y las obras de arquitectura forman parte del supermercado global.

Con el tiempo la disciplina se ha limitado a las necesidades del mercado, la arquitectura de consumo es aquella que surge de las necesidades sociales específicas, sin depender de la iniciativa de clientes particulares. La idea se puede vincular a la crítica del consumismo, a la posibilidad de recuperar el impulso utópico del modernismo para reimaginar el entorno construido y volver a poner en el centro al sujeto de la arquitectura: el usuario, desplazado por el consumidor en la cultura contemporánea. A pesar de su protagonismo mediático, el arquitecto se ha vuelto irrelevante para la configuración de la ciudad, hoy en manos de la globalización.

Así, su margen de maniobra en términos de transformación social es inexistente. La arquitectura de consumo invita a redefinir el rol del arquitecto, que dejaría de ser un formalizador de las relaciones de poder (económico o político) para implicarse en la identificación de nuevos territorios para su práctica. Los ejemplos más claros de ello, son los modos en que los centros comerciales se hacen pasar por espacios “públicos”, pero ni siquiera nuestros supuestos bastiones de la cultura son inmunes al imperativo de utilizar cada metro cuadrado, como puede apreciarse por ejemplo en megamuseos tipo Tate Modern en Londres, el MoMa de Nueva York o la franquicia Guggenheim, y en la Ciudad de México el Soumaya, que dedican cada vez más espacios a cafés, tiendas de regalos y pancartas de patrocinadores corporativos. También se encuentran los edificios de tipo plurifuncional como es el caso del Reforma 222, Puerta Alameda, Antara Polanco, Parques Polanco, entre otros que cuentan con espacios para trabajar, abastecerse y de entretenimiento, todo en un mismo lugar.

Tradicionalmente la esfera pública era atendida por la Secretaría de Obras Públicas: los gobiernos empleaban a los arquitectos para diseñar escuelas, bibliotecas, viviendas, hospitales, mercados, infraestructura, etcétera; todas las obras habrían de ser administrados por el gobierno en el futuro inmediato, y que por tanto estaban exentos de las presiones del mercado.

Con el asenso de las políticas privatizadoras y las subcontrataciones, en décadas recientes, la arquitectura se ha enfrentado a retos tan exigentes como las obras públicas; es por ello que en algunas ocasiones me hago la siguiente pregunta ¿Dónde se encuentran hoy los edificios construidos para el usuario? Desafortunadamente hay muy pocos. Todavía existen arquitectos con conciencia social que han dejado la práctica profesional para instalarse en los márgenes: como en la reconstrucción de Haití posterior al terremoto, en Nueva Orleans destruida por el huracán Katrina o en Kosovo luego de sus conflictos, entre otros casos.

Si los arquitectos fueran capaces de concebir nuevos programas y modelos en las obras que giraran en torno a la capacidad transformadora de la arquitectura, seguramente tendríamos mayores oportunidades de ver nuestras ideas realizadas, jugando el papel de las necesidades del consumo, al tiempo que se insertaran programas o espacios para el beneficio del usuario. La arquitectura puede combinar los dos roles que se le exigen: servir al desarrollador, por una parte y a la sociedad, por la otra.

Es también importante no confundir este fenómeno de la arquitectura de consumo social con lo particular, entre lo público y privado, de obras de autor y sin autor. Diversas opiniones han celebrado que la crisis económica global es también una señal de “el fin del exceso” y el comienzo de una nueva era de arquitectura local, responsable y a pequeña escala. Nos enfrentamos en este momento a retos verdaderamente enormes  como el cambio climático, sociedades envejecidas, migración global y pobreza, que requieren por igual de respuestas audaces de la comunidad de diseñadores. La capacidad visionaria de la arquitectura consumista debería estar dirigida a los usuarios para afrontar estas necesidades de manera conjunta con las autoridades y particulares para obtener buenos resultados.

Marzo, 2013