Las ciudades, una creación humana inconclusa

Las ciudades, una creación humana inconclusa

Las ciudades, una creación humana inconclusa*

 Juan Carlos Rojo Carrascal**

Las ciudades son la creación humana más grande construida. En contraste, también es la que más riesgos y peligros le ha generado a la humanidad. El objetivo de los primeros asentamientos urbanos fue la autoprotección. Éstos se desarrollaron a partir de la generación de los primeros excedentes de producción agrícola o artesanal. Las personas se conglomeraron en grupos y comenzaron a construir espacios para pernoctar o guardar su producción excedente y comerciar con ella. Paralelamente, también desarrollaron formas de protección contra otras especies o civilizaciones. Esas primeras ciudades mostraban un desarrollado conocimiento de sus creadores con respecto a su entorno natural. Así, las ciudades se ubicaban cerca de los cuerpos de agua para facilitar su abastecimiento, aunque siempre manteniendo la debida distancia para no correr peligros.

Por muchos siglos las ciudades sostuvieron una escala discreta que favorecía la convivencia con los entornos naturales hasta que surgió y se desarrolló el mayor exceso de la humanidad que fue su propia capacidad de reproducción -la sobrepoblación- y sobre todo sus niveles de consumo que se convirtieron en los principales padecimientos de las ciudades.

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El desarrollo industrial permitió la proliferación de fábricas y la sobreproducción ilimitada de objetos, herramientas y utensilios para supuestamente facilitar la vida de los humanos, entre estos, los vehículos motorizados catapultaron la expansión sin límite de las ciudades. Todo ello se ha generado a costa de muchos otros privilegios de los que la humanidad gozaba y que imperceptiblemente ha venido perdiendo. Privilegios nada despreciables como el gozar de una vida urbana sin peligros, aire limpio para respirar, bosques sanos cercanos, agua limpia o paisajes naturales que cada día son más escasos o lejanos de donde las personas viven.

El crecimiento expansivo de las ciudades provocó la necesidad del desarrollo de infraestructuras cada vez más complejas para la dotación a la sociedad de servicios tan básicos como el agua, la energía eléctrica o el servicio de drenaje. A estos se les puede agregar la recolección de basura, mantenimiento de parques y jardines, servicios de transporte público, educación, seguridad o asistencia médica, por nombrar algunos. Las ciudades pronto se convirtieron en los concentradores de estos servicios cuya demanda crece en función del crecimiento exponencial de su población. La demanda de muchos de estos servicios es provocada también por las mismas deficiencias urbanas. Por ejemplo, las ciudades reúnen los mejores hospitales y servicios de salud para atender infinidad de padecimientos que la misma ciudad provoca (víctimas viales, sedentarismo, estrés o padecimientos crónicos generados por una mala calidad de aire).

Hace algunas semanas hablaba con unos amigos ya jubilados que viven en un pequeño pueblo junto a un caudaloso río que les ofrece todos los días los mejores paisajes naturales, el aire más puro de la región y la posibilidad de disfrutar cada amanecer del canto de las aves y la diversidad de colores de la naturaleza. Un lugar donde casi no hay vehículos de motor, la gente camina y come lo que el campo y la granja les produce al día. Su condición de pensionados les permite ahora mudarse a otros lugares. Tienen considerado trasladarse a la ciudad de Monterrey donde saben que podrían gozar de servicios especializados de salud para enfrentar la siguiente etapa de sus vidas. El debate es interesante, mi postura -que muchos pueden cuestionar- es que la mejor terapia para mantener una buena salud es permanecer en el lugar donde ahora viven.

La creación de las ciudades ha sido algo de lo más relevante que ha pasado en la historia de la humanidad, aunque en las últimas décadas se ha perdido el sentido de su creación y se han convertido en lugares que concentran injusticia, inequidad, enfermedades, violencia, contaminación, depredación e inigualables condiciones para que los desastres naturales sean cada vez de mayor impacto (inundaciones, sismos, huracanes, olas de calor, sequías, etc.).

La forma en que desarrollamos las ciudades hoy, o más bien, la forma en que dejamos que éstas se expandan multiplica cada vez más el problema. No podemos llamar exitosa a una ciudad que obliga a la gente más pobre a vivir más lejos y carecer de servicios básicos. No puede ser una gran ciudad aquella donde la mayoría de su población debe desplazarse a pie por lugares que no ofrecen las mínimas condiciones de seguridad, depender de un decadente servicio del transporte público o a jugarse la vida cada día por decidir usar la bicicleta como medio de transporte.

Las ciudades son una tarea inconclusa y seguirá siendo hasta que no se ofrezcan las mínimas garantías de derechos humanos a su población. Para ello se requiere de cambios diametrales y no de tímidas intervenciones. No es tarea fácil pero tarde o temprano habrá que enfrentarla y para ello es necesario una estrategia urbana y no más “improvisaciones apagafuegos”. Se deben pensar las ciudades a largo plazo y enfocar la energía en las grandes transformaciones positivas. Sigo pensando como Jaime Lerner lo decía “la ciudad no es el problema, la ciudad es la solución” y el mismo Lerner también acuñó una frase al ser alcalde de Curitiba: “No hacer nada con urgencia”. A veces -decía Lerner- cuando una ciudad enfrenta decisiones sobre obra pública que podrían hacer más daño que bien, no hacer nada,


 



*Tomado de El Noroeste Culiacán Sinaloa 15.07.2024.

**Arquitecto, Maestro en Arquitectura, Doctor en Geografía y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Septiembre 2024 

NUEVO EVENTO!!!

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NUEVO EVENTO!!!!

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¿Qué son seis meses en una casa abierta al tiempo?

 ¿Qué son seis meses en una casa abierta al tiempo?

 

¿Qué son seis meses en una casa abierta al tiempo?

*Juan Eduardo Bárcena Barrios

Sin el afán de aprovechar el espacio que aporta El Trazo Semanal para hablar únicamente de mi experiencia subjetiva (e inevitablemente sesgada) de la docencia, me parece pertinente contribuir con lo que pudieran ser una reflexión de interés para la comunidad académica de esta institución, a partir de mis dos primeros meses como parte del personal docente de mi alma mater.

Habiendo empezado mi carrera académica en el sistema de Tecnológicos Nacionales en la frontera norte, pasando también por la educación privada, ha sido notable el contraste entre la educación clásica escolarizada y los ideales y objetivos que el sistema modular promueve desde la enseñanza. Con problemas por demás apremiantes, empezando por el tema seguridad, pasando por migración y rematando en la tecnificación radical sin una planificación urbanística sustentable, la frontera norte adolece de los problemas sociales que trae consigo la política económica de fungir como camino entre la maquiladora y los cascos urbanos terciarizados, un ciclo que ni la recesión, ni el vaivén entre demócratas y republicanos, ni la violencia del crimen organizado han podido interrumpir, por un bien en común, el flujo de la riqueza.

En este panorama, las disciplinas relativas al hábitat se enfocan, y con razón, a la solución técnica de lo constructivo, ya sea para engrasar este sistema de engranajes económicos, desde la concreción de más industria y lugares de comercio, o aprovechando la marea creciente de la especulación urbana. La docencia, por tanto, desde la experiencia de los profesionistas que han ejercido en este ecosistema, perpetúa dicha visión en la solución de espacios habitables.

Si bien resultaría un despropósito la comparativa entre los problemas que enfrentan la sociedad de la frontera norte con la de la capital del país, en estos primeros dos trimestres como docente en la UAM, fueron disipadas las dudas (si en algún momento las hubo) del valiosísimo aporte de la visión holística de la relación entre el hábitat (como territorio y objeto) y el habitante (como colectivo e individuo).

Hay muchos recursos para documentarse sobre las extensas y cuantiosas virtudes del sistema modular, incluso, desde la posición de privilegio que posibilita nuestra universidad, de escucharlas de las palabras de aquellos que volvieron praxis la teoría que ahora bombardeamos con gran comodidad quienes, desde la mejor de las intenciones, buscamos aprovechar nuestra inexperiencia y optimismo para adaptar el modelo a nuestro contexto actual, que, en muchos casos, nos ha tocado padecer. Después de todo, el camino a tomar después de la universidad está lleno de incertidumbre; el flamante exalumno, que contempla el océano de posibilidades que ofrece ejercer su profesión, encontrará muchas veces como lo más sensato dejarse llevar por la corriente, que no necesariamente llevará a tierras fértiles y aguas tranquilas.

En la búsqueda por insertarse a la economía del país, quien tiene la oportunidad de dedicar tiempo a la reflexión se dará cuenta que se necesita con carácter urgente una reestructuración sistemática y democrática, acompañada de un cambio de las condiciones materiales de la sociedad; claro que el hábitat forma parte de ellas. Tomando lo mejor de ambos mundos, frontera y capital, el conocimiento técnico y empírico de la construcción brinda la posibilidad de materializar aquello que se gestó desde la investigación del objeto de transformación, como una oportunidad de incidir no solo en los ideales de los futuros profesionistas, de los colectivos y el habitante, sino de cambiar el escenario donde se da la vida en el día a día, el monstruo metropolitano, principal objeto de transformación de la universidad.

Seis meses resultan muy poco para pretender que se tiene respuesta a cómo mejorar cualquier cosa, pero como dicen, “cada uno habla de la feria según le va en ella”, y en mi caso no resulta complicado reconocer lo factible que fue en su momento caminar una senda donde poco o nada hubiera podido aportar de la visión integral del hábitat que me brindó el sistema modular. La concreción de la realidad material lleva delantera desde la visión positivista, por lo que es indispensable identificar los reales y verdaderos medios por los cuales será posible incidir cualitativamente en nuestra realidad inmediata. El panorama es el siguiente: la vivienda digna es un bien utópico para la mayor parte de la población, se imprimen viviendas 3D con programas arquitectónicos genéricos, la inteligencia artificial zonifica la vida de quien pueda adquirir el equipo y software necesarios y la infraestructura de todo tipo colapsa ante el incremento poblacional y la desatención de las administraciones públicas; ante ello, se hace necesaria la aceptación de la tecnificación con visión y contenido legislativo desde la docencia, sin dejar de lado las ciencias sociales; la UAM, como casa abierta al tiempo, abraza la incertidumbre como lienzo para diseñar mundos posibles, plurales y congruentes, y como profesor de teoría e historia, no descarto el caos como escenario desde el cual los futuros diseñadores construirán los cimientos de la esperanza de un cambio para todos.

 


*Mtro. Juan Eduardo Bárcena Barrios

Profesor asociado, departamento Teoría y Análisis

SEPTIEMBRE, 2024

DESAFIOS POLÍTICOS Y ARQUITECTÓNICOS

DESAFIOS POLÍTICOS Y ARQUITECTÓNICOS

 

DESAFIOS POLÍTICOS Y ARQUITECTÓNICOS

José Ángel Campos Salgado*

En estos tiempos de elecciones es un hecho la sorprendente votación a favor de la candidata Claudia Sheinbaum, ello hace necesario reflexionar sobre diversos aspectos que esta situación conlleva. Inicialmente debemos considerar el trabajo del presidente saliente; su ejercicio cotidiano de comunicación con la población mexicana a lo largo de casi seis años, logró una toma de conciencia sobre la situación del país que hasta ahora sólo estaba en la mente de los estudiosos del tema. Esto explica en parte ese resultado. A partir de esa condición se da el triunfo referido y se plantea el primer desafío: sostener el proceso que considera atender primero a los más desfavorecidos del sistema, para continuar la reducción paulatina de las desigualdades presentes en el país.

Es evidente que la candidata electa tiene la preparación y las cualidades necesarias para mantener este propósito, a pesar de las enormes barreras que están poniendo los poderes fácticos y que aumentaran conforme pase el tiempo en el ejercicio de la presidencia. De tal modo que podemos considerar que el siguiente desafío será la sucesión de esta primera presidenta de México, es decir, se debe pensar que hacer para ese momento que necesariamente va a llegar en 2030. Encuentro aquí una primera similitud entre el ejercicio de la política y el proyecto arquitectónico: se trata de imaginar como se vivirá ese momento en la convivencia de la población del país, tal como los arquitectos pensamos cómo será el uso vivencial de los espacios que proponemos para la apropiación de quienes vivirán esos espacios a futuro.

Por otra parte, están las tareas que deben realizar los arquitectos si quieren colaborar en el proyecto de superar las inequidades presentes en nuestro país. El gobierno saliente ha puesto los cimientos de la transformación así que, partiendo de esta condición tenemos que imaginar como será la edificación de lo que sigue. He aquí otra similitud con nuestro ejercicio profesional. El desafío es que no conviene modificar esta cimentación, a menos que encontremos que algo esta mal planeado o mal construido.

Hay que aceptar que vivimos en un sistema en el que el capital sigue siendo el rector del proceso de desarrollo; el Estado no puede salir de este sistema, aunque sí puede propiciar que se realicen las obras necesarias para servir a una población que carece de mucho. Esta a la vista lo que se requiere. En el plan de gobierno de la virtual presidenta electa se ha anunciado la construcción de millones de viviendas pues esa actividad se dejó en manos de inversionistas cuyo objetivo no era resolver la carencia de ese satisfactor sino obtener la mayor ganancia posible de su inversión.

Ahí está otro desafío para los arquitectos conscientes y con una ética social probada: miles de viviendas para una población diversa, en una inmensa variedad de situaciones, tantas como existen en nuestro enorme territorio. Las viviendas realizadas por los especuladores inmobiliarios son iguales independientemente de para quienes serán y donde se van a ubicar, y la oferta se limita a la posible capacidad adquisitiva de los acreditados por los organismos de apoyo a los trabajadores. La vivienda digna tiene que partir de la cultura de cada lugar y de cada grupo de usuarios y proponer las cualidades de los espacios y las percepciones que ofrecen, no sólo los metros cuadrados. Es un gran desafío para los arquitectos de hoy.

Por último, si la propuesta de la candidata electa es construir un millón de viviendas estas van a impactar a las ciudades del país. Los especuladores inmobiliarios nunca consideraron las consecuencias urbanas de sus inversiones; los arquitectos de hoy tienen que tener presente el modo en que sus proyectos se van a integrar y van a enriquecer las ciudades donde se construirán. El desafío es sostener esta condición positiva para unas ciudades que pretenden recuperar la vida en comunidad y no mantener el aislamiento donde cada quien sólo se ocupa de si mismo. Otros desafíos se presentarán para el nuevo gobierno que igualmente serán un reto para los profesionales de la arquitectura formados con otra visión. Habrá que estar atentos.



Julio 2024.

*Doctor en arquitectura y profesor investigador de CyAD-X.

Calakmul herido

Calakmul herido

 

Calakmul herido*

 Juan Carlos Rojo Carrascal**

Siempre he tenido una especial atracción por la selva. Aunque parezca un lugar inhóspito para el ser humano, considero que son los lugares óptimos para su supervivencia en condiciones naturales. Otros lugares en otras latitudes (tundras, desiertos, bosques templados) o en otras altitudes (como el altiplano o las zonas montañosas en México) hemos tenido que enfrentar las inclemencias climáticas adecuando nuestras condiciones de vida para soportarlas. Es decir, sin las construcciones climatizadas, ropa, fuego u otro tipo de energías, no habría manera de sobrevivencia.

El pasado fin de semana visité la Biósfera de Calakmul, una selva excepcional con una biodiversidad extraordinaria donde por cientos de años las comunidades mayas han sabido sostener -de una u otra forma- ese complejo equilibrio entre la actividad humana y el impacto que esta genera en el territorio que habitan. Actualmente, se está viendo amenazada esta armonía por las nuevas intervenciones en pro del “desarrollo turístico” que, definitivamente, no hace buena mancuerna con la conservación de las áreas naturales.

El propósito de mi visita fue conocer sitios arqueológicos mayas. Tuve oportunidad de visitar algunas de la zona de la región Rio Bec como Chicaná, Hormiguero y Becán, aunque la visita estelar fue la zona arqueológica de Calakmul -ya perteneciente a la región del Petén Maya- que junto con Palenque y Tikal fueron las ciudades más importantes en el Preclásico y Clásico Maya. Esta zona arqueológica tiene la distinción de Patrimonio de la Humanidad Mixto, por los valores arqueológicos y naturales que contiene, ya que se encuentra en el corazón de la Biósfera de Calakmul que es considerada la segunda masa forestal más grande de Latinoamérica, sólo detrás de la Selva del Amazonas.

Las Reservas de la Biósfera son una de las seis categorías de Áreas Naturales Protegidas. Según lo describe la SEMARNAT -basada a su vez en la definición de la UNESCO- “Las Reservas de la Biósfera son espacios que por su naturaleza se consideran adecuados para la conservación, la investigación científica y la aplicación de modelos de desarrollo sostenible con base en el trabajo de las comunidades locales”. A partir de este concepto haré énfasis en la importancia de este lugar y los evidentes riesgos que se están generando por la construcción del Tren Maya. Particularmente el tramo siete (Chetumal-Escárcega) que atraviesa una parte de esta Biósfera.

No voy a polemizar más de lo que ya se ha hecho con este proyecto. Personalmente simpatizo mil veces más con las vías del tren que con las carreteras como alternativas de comunicación y medio de transporte. Si algo ha sido letal para la fauna silvestre son los miles de kilómetros de carretera construidos en el país sin considerar sus necesidades naturales de desplazamiento en su territorio.

Solo el 11 por ciento del territorio nacional es considerado Área Natural Protegida, lo que entre otras cosas significa que solo en estos lugares la fauna silvestre goza de relativa protección y en el resto de la superficie, que es el 89 por ciento del territorio nacional, la humanidad incide y pone en riesgo continuamente a toda forma de vida silvestre. Siendo objetivos, estas proporciones debiesen estar a la inversa, pero hemos dispuesto “acorralar” los frágiles ecosistemas naturales en pequeños reductos como si fueran museos para la conservación natural.

Por todo lo anterior, la incursión del Tren Maya en la Biósfera de Calakmul es una operación quirúrgica de alto riesgo. Una herida grave. El solo paso del tren quizá no implicará tanto impacto como todo lo que conlleva el proyecto y su puesta en marcha. Actualmente se construye un “hotel ecológico” -nada modesto según aprecié- muy cerca de la zona arqueológica, en medio de la Biósfera. Esta y otras obras complementarias que se presume promoverán un incremento importante de turismo pondrán en riesgo a muchas comunidades mayas que hasta la fecha habían sabido entender y compartir la selva y sus recursos mediante una sana convivencia con el entorno que los rodea. Por lo pronto, el ritmo de la construcción y el continuo paso de vehículos pesados atravesando la selva están marcando un significativo deterioro ambiental inédito en este lugar.

Pasé dos noches en la comunidad 20 de Noviembre donde aprendí infinidad de cosas en pocas horas. Las artesanas y artesanos de este lugar muestran con orgullo sus productos y ofrecen talleres a quien quiera aprender a hacerlos. El lugar es un modelo de desarrollo sostenible. La comunidad no tiene hoteles, pero se las arreglaron estos días para albergar y alimentar a varias decenas de visitantes mexicanos, finlandeses y franceses. A partir de esta visita, nos hicieron descubrir la grandeza de lo sencillo, el valor de los entornos naturales y el orgullo de la cultura maya que aun está presente y de la cual siempre tendremos mucho que aprender.

Regresé convencido de una teoría muy personal: Las antiguas civilizaciones mayas, luego de vivir por siglos en aquellas ciudades, se retiraban de ellas para iniciar nuevos asentamientos en otras latitudes por respeto al entorno y sus ciclos naturales. Ellos sabían de límites, tal vez por eso nunca se asentaron de forma masiva sobre las costas, siempre al interior del continente. Hoy, los nuevos “colonizadores” de estas regiones -los del siglo veintiuno- no saben de límites. Pronto nuestra lacerada naturaleza nos pasará factura.









 

*Tomado de El Noroeste Culiacán Sinaloa 25.03.2024.

**Arquitecto, Maestro en Arquitectura, Doctor en Geografía y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

 

Julio 2024

 

Culiacán, un barco a la deriva

Culiacán, un barco a la deriva

 

Culiacán, un barco a la deriva*

 Juan Carlos Rojo Carrascal**

 Las ciudades necesitan contar con un plan estratégico urbano que garantice su sostenibilidad. El ritmo de expansión anárquico de la ciudad de Culiacán no garantiza condiciones de habitabilidad para una siguiente generación, mucho menos para las posteriores. Es decir, no se trata de pensar en el Culiacán que le vamos a dejar a nuestros hijos sino el que recibirán los nietos y bisnietos de ellos. La inmediatez no aplica en el urbanismo. Tratar de resolver por partes los problemas que se van presentando no resuelven la ciudad solo incrementan cada vez más sus infinitas demandas. 

Hace unos días fuimos testigos de la colisión del carguero Dali contra el puente Francis Scott Key de Baltimore. El peso del carguero de 300 metros de eslora con 4 mil 679 contenedores de más de 25 toneladas de peso cada uno hizo ver al puente como una frágil estructura de naipes. Las causas del accidente no están claras, lo único seguro es que el buque “perdió el rumbo” poco antes del cruzar el puente e impactó con uno de sus soportes. Ver el video de este suceso no pudo evitar en mí evocar, de manera metafórica, el futuro de una ciudad sin un adecuado plan estratégico urbano. No tener rumbo ni visión clara de hacia dónde vamos como ciudad implica tener un riesgo latente de colisionar en cualquier momento como lo hizo el Dali.

Culiacán requiere de una “carta de navegación”. La sistemática depredación de miles de hectáreas de bosques caducifolios que la rodean y que hasta ahora eran su principal fuente de servicios ambientales comienza a impactar de forma multifactorial en la ciudadanía. Actualmente, se está sufriendo una de las peores crisis hídricas de su historia y la ciudad seguirá padeciendo el incremento de olas de calor nunca antes registradas. Por consiguiente, serán cada vez mayores los padecimientos de salud en su población como claros efectos colaterales de un mal desarrollo urbano, entre los que se pueden mencionar los padecimientos del corazón o pulmonares, la diabetes, los golpes de calor, el estrés y la creciente cantidad de víctimas de cualquier edad por hechos viales totalmente evitables.

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Las ciudades necesitan contar con un plan estratégico urbano que garantice su sostenibilidad. El ritmo de expansión anárquico de la ciudad de Culiacán no garantiza condiciones de habitabilidad para una siguiente generación, mucho menos para las posteriores. Es decir, no se trata de pensar en el Culiacán que le vamos a dejar a nuestros hijos sino el que recibirán los nietos y bisnietos de ellos. La inmediatez no aplica en el urbanismo. Tratar de resolver por partes los problemas que se van presentando no resuelven la ciudad solo incrementan cada vez más sus infinitas demandas.

En estos días varias y varios aspirantes a la presidencia municipal de Culiacán comenzarán sus campañas. Seguro prometerán resolver el caos vial, la dotación de servicios, disminuir la violencia, mejorar parques, desaparecer baches y todo eso que suelen ser las mayores dolencias de la ciudadanía. Quizá no sea la mejor estrategia de campaña ofrecer la construcción colectiva de un plan estratégico urbano, sin embargo, es un paso que debiese considerar quien desee “conducir la nave”. Una verdadera “carta de navegación”. Quien asuma la presidencia tendrá en sus manos la oportunidad de promover un verdadero cambio. Una transformación que deberá partir de un innovador ejercicio de participación y consulta ciudadana que derive en la definición de qué ciudad queremos que sea Culiacán en las próximas décadas: Lo que sería una visión estratégica de ciudad.

Esta nueva “carta de navegación” deberá responder a los lineamientos internacionales (Objetivos de Desarrollo Sostenible, Nueva Agenda Urbana, Acuerdos de París, Carta de la Tierra, entre otros) para afrontar el cambio climático, el incremento de padecimientos crónicos, la discriminación e infinidad de injusticias que hoy se viven en nuestras ciudades.

Administración tras administración han dejado pasar grandes oportunidades y han seguido actuando de una manera inercial: Si hay demanda de vivienda se permiten más fraccionamientos cada vez más lejos y desprovistos de necesidades básicas. Si hay congestionamiento vial se hacen más anchas las calles, se construyen puentes, túneles y se pavimenta más. Si se genera más basura se compran más camiones de recolección y se construyen más rellenos sanitarios. Si hay más inseguridad se compran más patrullas y armas. Si hay más enfermos se hacen más hospitales y clínicas. No se puede seguir con este estilo apagafuegos.

Con un Plan Estratégico Urbano se puede revelar la existencia de suelo suficiente al centro de la ciudad para cubrir la demanda de vivienda que la ciudad tiene. Para ello se requerirán novedosos instrumentos normativos que rompan con la dañina especulación del suelo que hoy existe. Los congestionamientos viales se pueden diluir mediante un plan de movilidad urbana sostenible que apueste por otras alternativas de transporte (colectivo, bicicleta y peatonal) y a su vez, induzca a desarrollar la accesibilidad. Es decir, cubrir las necesidades de la ciudadanía (incluyendo la niñez y adultos mayores) a corta distancia de tal manera que no se le obligue diariamente a largos desplazamientos.

Para el tema de la basura, los esfuerzos se deben redireccionar a la reducción sistemática de los volúmenes y no a seguir deteriorando suelos. La inseguridad tiene mucha relación con la calidad y la capacidad de uso del espacio público (que incluyen las calles y banquetas). Una ciudad es para vivirla y no para esconderse de ella. En la medida de que las condiciones de sus calles, y sobre todo de sus banquetas, parques y plazas nos inviten a salir a caminar y a usar de forma constante el espacio público haremos una ciudad más segura y, sobre todo, más saludable. La salud de las personas se cultiva fuera de los hospitales y de las clínicas.

La (o el) presidente municipal en turno tendrán en sus manos la oportunidad de trascender en la historia de Culiacán. Esta nueva visión de ciudad deberá ser aprobada por gente convencida de que el futuro de la ciudad, su ciudadanía y de sus futuras generaciones está verdaderamente en riesgo de una colisión. Debemos afrontar cambios significativos. Aún estamos a tiempo de trazar el rumbo y navegar con seguridad las turbulentas aguas que se avecinan.














*Tomado de El Noroeste Culiacán Sinaloa 08.04.2024.

**Arquitecto, Maestro en Arquitectura, Doctor en Geografía y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

 

Julio 2024