Salir a votar cada tres años
y 6 para presidente en México era un ritual obligado, hasta este 2018, que no
estimulaba mayor cosa por prever un resultado frustrante, donde a pesar de
algunas alternativas que pudieran trastocar lo establecido, terminaban por
sucumbir, ante un aparato construido en décadas por las élites del poder
político y económico, que se aferraban a sus privilegios. A partir de este
momento histórico único que me toca vivir felizmente, de sentir que la
democracia en México parece ser real, al permitir por primera vez una
alternancia hacía la izquierda, comparto mi experiencia personal, desde una
cuna católica y conservadora, hasta una vida adulta de simpatía y lucha por las
causas sociales.