“El
dibujo, a pesar de la ventaja que significa su disponibilidad inmediata y su
rápida respuesta a la espontaneidad de las ideas súbitas, representa el espacio
arquitectónico de una manera ‘abstracta’ que a menudo es difícil de percibir.
Por el contrario, la maqueta, y sobre todo la maqueta conceptual, es la
traducción inmediata de nuestras ideas sobre el espacio a una realidad concreta
mediante elementos tectónicos.”[1]