Identidad del diseño, ¿oficio ó transdisciplina? Por Raúl Hernández Valdés

Identidad del diseño, ¿oficio ó transdisciplina? Por Raúl Hernández Valdés
Obstinadamente, el diseño se reitera como una práctica técnica, como un oficio con o mayúscula, como una confluencia de múltiples saberes científicos, humanísticos, tecnológicos y estéticos; todos ellos entretejiendo un círculo dinámico de principios, de procedimientos, valores y actitudes que conforman un ethos. Ese círculo carece de un centro teórico propiamente dicho; su centro lo ocupa el programa específico que es temporalmente prioritario. Este vacío podría hacer suponer que el diseño, como tal, no tiene identidad propia, más allá de su condición profesionalizante. Pero esa aparente falta de identidad, esa vacuidad central le hace posible al diseño una transmutación que a otras disciplinas les es ajena. La “vacuidad” central del diseño le permite no solo estar en el eje de la interdisciplina, sino también constituirse como transdisciplina y, de modo similar a la planeación, tomar prestados contenidos de otros campos especulativos con cuerpos téoricos ‘legítimos’ (historia, sociología, semántica, semiótica, etcétera), extraer objetos de estudio y adaptar teorías para reflexionar sobre sí mismo, profundizar en su prospectiva y establecer teorías, siempre y cuando, en esa parábola reflexiva, el diseño regrese a su propia naturaleza y no renuncie a su propia especificidad práctica. Como lo muestra la historia, la praxis nunca ha estado separada de la reflexión, pero hoy, en la práctica y en la educación del diseño, la máxima profesionalización tanto como la doctorabilidad son igualmente necesarias y complementarias. Esta premisa esboza la respuesta a la pregunta contenida en el título de este texto y a quienes se cuestionan sobre la naturaleza del estatuto epistemológico del diseño –ya sea éste arquitectónico, de artefactos y objetos, urbano o de la comunicación gráfica- y por lo tanto sobre sus principales núcleos conceptuales, sus principales métodos y principales formas de estudio y capacitación.


 Los conceptos causales del diseño

No estoy muy seguro de poder ahondar en el estatuto epistemológico del diseño gráfico, si consideramos el sentido de epistemología, (del gr. «epistémë», conocimiento, y «-logía») f. Fil. Tratado de los métodos del conocimiento científico, en general o de determinada ciencia;[1] primero porque el diseño no es ciencia, y segundo porque cuando pretende serlo renunciando a su identidad el diseño se vuelve sospechoso, por poner en cuestión la integridad de su ethos, el valor veritativo de su logos técnico y estratégico y la cualidad de su pathos, como disciplina afectiva y estética, aspectos sustantivos a los cuales Richard Buchanan se ha referido ampliamente. Pero sí podemos hablar de algunos conceptos nucleares en los que sustenta ciertos modos particulares de causalidad. Las causas y los efectos del diseño, por ejemplo el del diseño  gráfico, no son solo pragmáticos y funcionales, sus mayores alcances se encuentran en su causalidad emotígena y en las aportaciones de sentido complejas. En él, como en los otros campos del diseño, las imágenes y los objetos diseñados no son inocuos, llevan en sí mismos su propia carga de significado y son mucho más persuasivos por sus connotaciones que por sus denotaciones. La ideología, no es externa a los objetos sino que está incorporada y es transmitida por ellos. La implantación de contenidos ideológicos principia con la acción sobre el pathos en el condicionamiento estético, es decir la inducción de las preferencias por medio de la difusión mediática intensiva de formas concretas determinadas. Sus efectos simultáneos son la conformación sistemática del gusto colectivo y el consumo masivo de formas de contenido ideológico. De aquí la efectividad del cultivo sistemático de los discursos visuales para la definición de las identidades. El diseño, en términos generales, hace posible la materialización de su expresión y hace también posible la lectura de sus contenidos en las estructuras morfológicas que los sustentan en cada círculo de la sociedad: el individuo, la familia, la asociación, profesión, grupos diversos, nación. Conjuntamente con las escalas de lo urbano, lo arquitectónico y los objetos, el diseño gráfico configura y realiza los escenarios de las manifestaciones colectivas, los espacios, los artefactos y las imágenes que instrumentan los aconteceres: la celebración o el duelo, los rituales sacralizados o profanos, excepcionales o triviales.

El diseño como práctica cultural

La reflexión nos lleva pues al ámbito de la cultura, en el cual circulan las formas diseñadas y sus respectivas significaciones, nos conduce al sistema patrimonial de paradigmas y modelos explicativos, convicciones y creencias, ideas de lo trascendente y lo cotidiano, fuerzas normalizadoras, mitos, procederes, fetiches, tabúes, doctrinas, ideologías, etcétera, que no puede tener otra manifestación que las formas mentales, pensadas e imaginadas y las formas concretas, materiales, perceptibles sensorialmente. Las formas y las significaciones, impulsadas por el ser social, nutren la conciencia social de los ciudadanos y determinan, a su vez,  sus comportamientos frente a los productos culturales y los naturales.

Por su carga significativa, las formas diseñadas son portadoras de valores culturales; el diseño, como ejercicio de operación de formas, no es un trabajo neutro e higiénico de “resolución de problemas”. Es, al contrario, una práctica comprometida con los significados y los valores que las formas construyen y transmiten. Mediante la articulación de múltiples recursos semánticos, semióticos y retóricos, el diseño propone y confiere sentido a determinados segmentos y relaciones de la realidad y confirma o transforma, en su orden específico, el hábitat donde se inserta. El diseño hace que las culturas concretas se apropien material y espiritualmente de su hábitat, de su espacialidad, mediante la generación o producción de formas, de objetos visibles y tangibles, de su distribución y ubicación específica, de sus consideraciones, usos o utilidades, de las conductas o comportamientos que implican su consumo, de registros gráficos y descripciones verbales; definitivamente de todos los modos en que se realizan y operan las formas. Las formas diseñadas no son, pues, productos secundarios o accesorios, sino productos culturales ineludibles para la aprehensión y la reproducción de las manifestaciones – materiales y espirituales – de la sociedad que los genera. La cultura requiere del diseño como el diseño de la cultura. Los objetos del diseño no solo son satisfactores de necesidades culturales sino que ellos las generan y las multiplican. Cabe precisar que las necesidades tampoco son inmutables sino históricamente cambiantes. Su carácter original de ser biológicamente básicas se vuelve relativo, permitiendo múltiples concreciones de objetos satisfactores. En este sentido se puede argumentar que las necesidades son histórica y culturalmente producidas, sin perder por ello su condición de objetividad. El diseño conlleva una importante responsabilidad ética, por ser una práctica incidente en el sistema axiológico de los sujetos; y a partir de ello porque se concreta en un complejo sistema de objetos cuya producción requiere de un dominio total de las disciplinas que la manifiestan. Los objetos que se diseñan producen y conforman nuestro mundo, imbricado o confrontado para bien y para mal con el mundo de lo dado, de la naturaleza. Y es la naturaleza cultural del diseño la que finalmente suspende la contradicción entre el oficio y la transdisciplina, entre la teoría y la práctica. Las imágenes anexas muestran la potencia integradora del diseño.

Septiembre, 2013



[1] Nicola Abbagnano. Diccionario de Filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1994. 

La comunicación gráfica de la arquitectura. Por Jorge Contreras Cárdenas

La comunicación gráfica de la arquitectura. Por Jorge Contreras Cárdenas
En arquitectura la expresión gráfica es el medio cotidiano de trabajo, reflexión y comunicación: croquis, planos, maquetas, “renders”, etc. son elementos de un lenguaje común a los estudiantes y profesionales  de  la arquitectura, de las ingenierías, y de otros diseños relacionados con ésta, así como a los constructores. En éste ámbito el lenguaje es técnico y especializado, y se puede comunicar fácilmente porque se hace entre personas capacitadas para ello. Sin embargo, la necesidad de comunicar en arquitectura, no termina con el diseño o la prefiguración de una obra arquitectónica, por lo general tenemos que presentar los proyectos a otras personas, en ocasiones no especializadas, a clientes, promotores, inversionistas, comunidades, jurados de algún concurso, profesores universitarios, etc. Y en cada caso la presentación debe responder a un auditorio en particular.


Alumnos de arquitectura de la UAM-X

Elaborar la presentación de los proyectos de arquitectura es un problema de comunicación, que tiene como fin hacer comprensibles las características y cualidades de un proyecto, y persuadir a las personas interesadas de que les proponemos un proyecto que cumple con su requerimiento, necesidades y expectativas.No se trata del ejercicio cotidiano de la elaboración y del intercambio de las ideas de proyecto. Se trata de obtener la aprobación de nuestro proyecto: para ser bien calificado, para ser seleccionado en un concurso, o aceptado para llevar a cabo su construcción, nada menos.

Abordar éste como un problema de comunicación gráfica, nos permitirá sistematizar adecuadamente la elaboración de nuestras presentaciones, teniendo siempre presente las cuestiones fundamentales de nuestro objetivo, el ¿qué?, ¿para quién? Y el ¿cómo?, es decir, cuáles deben ser los mejores argumentos para convencer a un público en específico: de que le ofrecemos la mejor solución a su solicitud y cuál es la forma más adecuada de presentar estos argumentos para que sean comprendidos claramente.

En la licenciatura de Diseño de la Comunicación Gráfica, de la Unidad Xochimilco, una de las formas de abordar este tipo de problemas es por medio del Sistema Retórico. Siguiendo al maestro Antonio Rivera en su texto “La Retórica en el Diseño Gráfico”. La retórica es el arte de crear argumentos plausibles, pronunciados de forma elocuente, para convencer y persuadir a auditorios particulares. Entendido aquí el arte como una techné:en éste caso, la manera en que adquirimos los conocimientos y la habilidad para solucionar satisfactoriamente los problemas de comunicación gráfica en arquitectura trayendo a la prácticade la elaboración de las presentaciones de proyectos, las teorías pertinentes y reflexionando sobre sus resultados, para adquirir, con el proceso recurrente, el conocimiento del por qué y cómo se obtienen resultados satisfactorios. En el proceso retórico se realizan cuatro operaciones, a saber, Intellectio, Inventio, Dispositio y Elocutio.

LaIntellectio, dice el maestro Rivera, siguiendo a Heinrich Lausberg, es un proceso de recepción y comprensión, que consiste precisamente en comprender las ideas y pensamientos sobre la cuestión. El caso que nos ocupa tiene la particularidad de tratarse de un diseño arquitectónico ya resuelto, del cual tenemos muy claro cuáles fueron los requerimiento y las condiciones para su resolución, así como las características del demandante y de los usuarios, a esto debemos sumar las expectativas de la o las personas a quienes vamos a presentar el proyecto, su conocimiento sobre el lenguaje gráfico de arquitectura, sus acuerdos previos o tópicos sobre el proyecto en específico, etc. Esta operación es muy importante porque aquí definiremos el contenido de nuestro discurso gráfico, respondiendo a las preguntas sobre quién presenta el proyecto, a quién y en qué circunstancia. La Inventio busca hallar los argumentos, pero no cualquier argumento, sino fundamentalmente, aquellos que son adecuados a la situación, esto es, qué es pertinente argumentarle a ese auditorio. Es decir, sabemos cuáles son las soluciones que hemos dado a cada uno de los requerimientos del proyecto, algunas directamente relacionadas con la solicitud de nuestros demandantes, por ejemplo: cumplir con un programa, restringirse a un presupuesto, darle cierto carácter, etc. y otras de requerimientos técnicos, éticos o filosóficos, que surgen de nuestra ejercicio como arquitectos, y que en principio pueden estar fuera de las expectativas de los clientes o usuarios, pero que al mostrarlos también pueden ser determinantes para que se tomen decisiones. Por ejemplo: proponer la integración al contexto, consideraciones de diseño sustentable, aspectos de calidad de vida urbana, etc. Todos estos son nuestros argumentos, y de estos tendremos que seleccionar cuáles son los más relevantes y pertinentes para para ser presentados.La Dispositio consiste en ordenar, componer, disponer. Componer, por ejemplo, por medio de una retícula como base para establecer la disposición de los elementos de la presentación, tanto textos como imágenes, estableciendo la importancia jerárquica, o la estructura narrativa de los argumentos por medio de su ubicación y de su escala.  La Elocutio es una operación que consiste en la expresión lingüística de los pensamientos. El leguaje arquitectónico y el lenguaje gráfico no sólo denotan los argumentos o las razones, es decir el Logos.El Ethos y el Pathos juegan un papel importante como aspectos persuasivos: mostrarnos como como profesionales capaces, formales, confiables, etc., y lograr que las personas a quienes queremos persuadir, se emocionen y entusiasmen por nuestra propuesta, son propósitos que también podemos lograr  metaforizando nuestras capacidades y las cualidades del proyecto por medio del lenguaje gráfico: con la tipografía, el color, la composición, las imágenes, etc.

El proceso proyectual en arquitectura es sumamente complejo, son múltiples las variables que determinan las decisiones sobre un proyecto: el espacio físico, el espacio social, el cliente, los usuarios, el presupuesto, los sistemas constructivos, los reglamentos, etc. Todos están siempre presentes durante el proceso. Pero es común que a la elaboración de nuestra presentación, para quienes tomarán la decisión sobre su viabilidad, le demos muy poco tiempo y poca atención; que nos limitemos a componer una lámina con el material que generamos durante el proyecto, o que produzcamos un “render” muy vistoso, una maqueta, etc. Un croquis hecho a mano puede ser tan eficiente como un “render” muy elaborado, o no: las técnicas de representación, por sí solas, no aseguran una adecuada comunicación en arquitectura. Definir claramente los argumentos, que respondan a la expectativa de nuestro público, disponerlos y presentarlos de tal manera que llamen su atención, que permitan su fácil lectura, que sean convincentes, que emocionen, que sean persuasivos es lo que mejorará la eficiencia en la presentación de nuestros diseños o proyectos. 

Septiembre, 2013

Hermanos Campana. ¿Artistas o diseñadores? Por Dulce Ma. García Lizárraga

Hermanos Campana. ¿Artistas o diseñadores? Por Dulce Ma. García Lizárraga
El primer diseño que conocí de los hermanos Campana fue la cadeira favela, esta silla, inspirada en la construcción precaria a manera de pedazos de las favelas de Brasil. Y esta es precisamente la característica de la silla favela: más que piezas, son trozos de madera unidos desordenadamente entre sí mediante clavos.

Tiempo después tuve oportunidad de ver en una tienda de diseño en Brasil la Silla Vermelha. De estructura de acero, cubierta con casi 500 metros de cuerda roja (de ahí el nombre) y que, a pesar de su apariencia primitiva requiere de una exigente fabricación artesanal debido a la minuciosa atención a las proporciones. Actualmente estas dos sillas son fabricadas por la firma italiana Edra. Al Conocer más de su obra encontré que han diseñado una gran cantidad de objetos, desde zapatos para la empresa melissa, (empresa brasileña que fabrica zapatos de plástico diseñados por arquitectos, estilistas, diseñadores…) lámparas, biombos y mobiliario. Actualmente también incursionan en el interiorismo y la arquitectura con la intervención contemporánea en un hotel construido en 1958 en Atenas.

Los hermanos Campana comenzaron a emerger en la década de los 80 del siglo XX. Humberto, se formó en derecho en la Universidad de Sao Paulo (USP) y Fernando estudió en la Facultad de Bellas Artes. La primera exposición de la dupla fue en 1989 en el Museo de Arte de São Paulo y se llamó 'Desconfortáveis', en español: los incómodos. Desde entonces las exposiciones no han cesado, a la fecha ya han participado en varias exposiciones internacionales de diseño y han sido galardonados con múltiples premios.

En el libro Design brasileiro, quem fez, quem faz, publicado en Brasil el año 2005 -en portugués e inglés- reúne más de 70 diseñadores y despachos y por supuesto, se incluye a los hermanos Campana. Se menciona que su discurso del reuso, no es como el movimiento del ready made sino con la mirada puesta en las poblaciones pobres brasileñas, que reciclan objetos y materiales.

Personalmente sí me evocan el arte-objeto de Marcel Duchampy, en este caso, son objetos (peluches, muñecas…) y materiales (estambres, trozos de espejos, mangueras, llantas…) los que están sacados de su contexto, intervenidos o utilizados para construir los distintos objetos. De esta manera, nos muestran una nueva lectura de los objetos y materiales cotidianos. Así, mangueras de jardín sustituyen los revestimientos de una silla como en la anemona. Esto me recuerda algunos de los consejos que Carlos Aguirre da a sus alumnos: compren sus materiales de trabajo en las tlapalerías, y no en las papelerías.Visitar la exposición Anticuerpos, Obras de Fernando & Humberto Campana 1989 – 2009, en el museo Franz Mayer, invita a muchas inquietudes y reflexiones; por un lado, no deja de asombrar su innovación y creatividad, incluso su atrevimiento; pero también cuestionan los conceptos sobre las características y diferencias entre artes, diseños y artesanías como fenómenos socioculturales y estéticos que ha estudiado Juan Acha; tema que forma parte del programa de TD I “Campos Fundamentales del Diseño” de nuestra División. En su libro Introducción a la teoría de los diseños, Acha menciona que el artista es un renovador, el artesano sigue técnicas y procesos tradicionales y el diseñador prefigura (proyecta) las formas con fines utilitarios y masivos.

Sin entrar de lleno en la obra, retomo algunas consideraciones:

artesanías                  gremiales                   las artes                                 los diseños
producción                 tradicionalista            antitradicionalista                  funcionalismo
producto                     ornamentado             obra única                              masivo
productor                   agremiado                  libre                                        asalariado
distribución                por encargo                comercio                                industrial

Reconozco que Acha expone que los tres fenómenos o sistemas, coexisten en la actualidad, por lo general de manera independiente y con propósitos distintos, a mi parecer los tres aparecen en un solo objeto de los hermanos Campana.
Tenemos ante nosotros evocaciones, referencias de una cultura propia como es la brasileña. De forma muy parsimoniosa en el catálogo de la exposición se menciona: “Su rico lenguaje visual de influencia surrealista proyecta la flora tropical y las raíces culturales de su natal país”. Y aunque se dice que son piezas universales, yo no las podría comparar con diseños de Philippe Starck por ejemplo. Sin embargo, creo que muchos de estos objetos son en efecto para museos, para coleccionistas, y no para nuestras casas, es decir para la vida cotidiana. También por su costo (subvirtiendo las ideas originales de los artistas) y aunque se encuentran realizadas con objetos “encontrados” o adquiridos a bajo costo, no podríamos hablar de diseño social.

Por lo pronto, su éxito ya trascendió fronteras, la empresa Vitra organizó la citada exposición y distintas firmas internacionales fabrican sus diseños. Se menciona que forman parte del star- system del diseño mundial. Incluso en wikipedia se menciona que “son actualmente los diseñadores latinoamericanos más reconocidos del mundo”.

La exposición, que consta de más de 100 piezas entre mobiliario, esculturas, fotografías y vídeos, así como piezas hechas especialmente para la muestra, permanecerá hasta el 29 de septiembre y vale la pena visitarla, y aunque estemos o no de acuerdo con el trabajo de estos diseñadores-artistas-artesanos, lo que sí es seguro es que nos invitará a la reflexión. Y es que, ante estos objetos vamos a encontrar otras maneras de concebir el diseño, diferentes maneras de usarlo, entenderlo e interpretarlo y asimismo entran en juego otros sentidos y percepciones además de la vista.



Imágenes y fuentes:
1. Estudio.
2. Silla Favela.
3. Diseño. Manual de muebles domésticos y objetos insólitos.
Coco Books, S.L. p. 84.
4. Llanta de motocicleta intervenida.
www.franzmayer.org.mx

Septiembre, 2013


Conjunto Manacar, un ícono que se esfuma. Por Francisco Haroldo Alfaro Salazar y Alejandro Ochoa Vega

Conjunto Manacar, un ícono que se esfuma. Por Francisco Haroldo Alfaro Salazar y Alejandro Ochoa Vega
En febrero de este 2013 iniciaron las obras de demolición del otrora conjunto urbano Manacar, construido entre 1963 y 1965 en la confluencia de las avenidas Insurgentes y Río Mixcoac, al sur de la Ciudad de México. El proyecto original fue realizado por los arquitectos Enrique Carral, Héctor Meza y Víctor Bayardo, mismo que a lo largo de casi 50 años se convirtió en referente urbano por su expresión elegante y moderna, a partir de un bloque horizontal que albergaba una plaza comercial, el volumen sólido de una sala cinematográfica, una equilibrada torre de cristal para oficinas, y complementado todo con un estacionamiento resuelto en sótano y azotea. El esquema funcional se resolvía con pasajes interiores que comunicaban la zona comercial, el cine y la torre de oficinas con la plaza de acceso y las calles vecinas. Al exterior, fueron parte de la imagen urbana por muchos años tanto el Banco de Industria y Comercio como el Sanborn’s y la Librería de Cristal.


Conjunto Manacar. Fuente: Archivo AOV y FHAS

Aun cuando el conjunto empezó a sufrir alteraciones se mantenía vigente en sus usos mixtos y seguía cubriendo las necesidades contemporáneas. Ya en los años noventa del siglo pasado las alteraciones fueron agresivas, al cambiar el giro del restaurante y agregar texturas y colores a la fachada, sin relación con la imagen restante del conjunto. Por otra parte, la planta baja de la torre, por años libre y transparente, sólo con el vestíbulo y circulaciones verticales para acceder a los niveles superiores, fue ocupada por un local comercial.

En cuanto a la sala cinematográfica, funcionó como sala única alrededor de 30 años, pero a finales de los noventa se fragmento en nueve salas para la cadena Cinemex. Dicha intervención radical al interior, mantuvo el amplio vestíbulo original así como la blanca fachada ciega hacia la avenida Insurgentes y la pequeña calle transversal. En esas condiciones, el conjunto se mantuvo durante la primera década del siglo XXI, pero paulatinamente se cerraron las salas de cine, el restaurante, los locales comerciales y las oficinas. En 2011, con el conjunto cerrado y en obras de remodelación, se anunciaban trabajos para convertir al cine en casino, sin embargo, la desarrolladora DAHRNOS adquiere el terreno y autorización para demoler y hacer un nuevo proyecto urbano multifuncional de gran escala, con la autoría del arquitecto Teodoro González de León.

Ante estos hechos contundentes, que se suman a varios otros de años recientes que han mandado a la picota a esos viejos recintos de exhibición cinematográfica (tan distintivos por varias décadas del siglo XX y para el goce de varias generaciones como el Latino, Teresa y Paris entre otros) no queda más que preguntarnos, ¿Cuál es el siguiente, de los pocos que aún nos quedan?, ¿el Opera o el Orfeón?, ambos en condiciones de abandono, sino es que de ruina total.

Con una piel totalmente acristalada en la torre, el cine era el contraste con su fachada ciega, recubierta con una cerámica blanca y el bloque de unión era la zona comercial, horizontal y transparente que servía para armar el conjunto que ligaba a los dos volúmenes extremos. Efectivamente, el cine Manacar representó muy bien la etapa final de la tipología de gran formato, que lejos de las grandilocuencias en fachadas e interiores de los viejos recintos de las décadas de los años treinta y cuarenta, ya en los sesentas no perdían monumentalidad pero agregaban ligereza y modernidad, a través de luces indirectas, espacios diáfanos y un arte plástico de carácter abstracto. Es así como en el Manacar fue famoso ese telón del artista guatemalteco Carlos Mérida, desaparecido desde la fragmentación de los años noventa.


Vestibulo del cine. Fuente: Archivo AOV y FHAS

El conjunto Manacar y su cine fueron referentes de vida urbana desde el último tercio del siglo XX. Agotadas sus posibilidades de permanencia en un mercado inmobiliario que descubre nuestras carencias para valorar, proteger, conservar y reutilizar el parque construido, el conjunto ha cedido ante los embates de la transformación. Dado el carácter de la esquina referida, seguramente el nuevo proyecto se alzará con las innovaciones propias del siglo XXI, y con la visión de un mundo nuevo que se abre paso ante el pasado, demoliéndolo y dejando huérfana a la cultura contemporánea. La modernidad del siglo XX tuvo un excelente ejemplo en el Manacar y su memoria solo quedará en los registros que harán comprensible su historia, y cuyo hecho tangible ahora se ha esfumado.


Agosto, 2013

El "star system" de la arquitectura en México. Por Fernando Minaya

Arquitectura milagrosa, es el título de la libro de Llàtzer Moix (Anagrama, 2010), la cual aborda los años de la España que decidió edificar un país con gran frenesí e ímpetu. Todo lo anterior para superar aquella etapa de estancamiento de la modernidad industrializada, el fenómeno Guggenheim -como lo llama el autor- desencadenó una serie de esperanzas económicas y atracciones turísticas con edificios oníricos; estos fueron posibles a través de las grandes brands o marcas de arquitectos de renombre internacional, el “star system”, tales como Zaha Hadid, Norman Foster, Herzog y De Meuron, Peter Eisenman, Frank Gehry, Jean Nouvel, Rafael Moneo, Santiago Calatrava, entre otros.

Actualmente, en México existe un polo de atracción importante para realizar encargos de arquitectura a despachos internacionales, el financiamiento se ha realizado mayormente por parte de la iniciativa privada en contraste con la inversión pública. Podríamos decir que las estrellas de la arquitectura mundial han llegado a México, y también vienen acompañados, algunos de ellos, con el Premio Pritzker.

En la sección de las obras ya inauguradas o en proceso de finalización destaca la de I. M. Pei con el Centro Cultural Guanajuato en la ciudad de León, inaugurado en 2006. El planteamiento del proyecto pretende cohesionar la zona de cultura, entretenimiento, comercial y de negocios relacionados con el calzado y la piel. Otro edificio es el recién abierto Centro Roberto Garza Sada, de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Monterrey. El conjunto destaca el color gris del concreto y los grandes claros que libra la estructura, en donde se distingue el arte como objeto conceptual. Y para la Ciudad de México, el Museo Jumex de la Ciudad de México del arquitecto inglés David Chipperfield, la obra se encuentra en construcción y su inauguración está planeada para este año; el proyecto se ubica en el conjunto conformado por la Plaza Carso, el Museo Soumaya y el Teatro Cervantes; el diseño refiere a una nave industrial similar a las que existieron en los predios donde se asienta todo el complejo. Finalmente, se alude la Torre Bancomer del afamado Richard Rogers y el no menos reconocido Ricardo Legorreta. El proyecto se localiza en el Paseo de la Reforma, una de las zonas más intervenidas en los últimos años de la capital mexicana. Ahí se encuentran la Estela de Luz, la Torre Mayor, y los históricos hitos urbanos como la puerta de Leones del Bosque de Chapultepec y la Secretaría de Salud, entre otros.

Otros proyectos se encuentran en curso, ya sea que pronto inician las obras o estén en el proceso de planeación. Norman Foster diseña dos torres que servirán para alojar viviendas y oficinas en  San Pedro Garza García, Monterrey; otro edificio es la Torre Mitikah por Richard Meier justo en el cruce de Rio Churubusco y Universidad, frente a las oficinas corporativas de Bancomer; en Iztapalapa el despacho Herzog y De Meuron desarrolla el diseño Programa de Zonas de Desarrollo Económico y Social del GDF, el cual estará integrado por la ciudad de la tecnología, de la salud, de gobierno, creativa y cultural, y verde. El último proyecto, en este rubro, es el Museo Internacional Barroco en Puebla por el recién laureado Toyo Ito; el MIB se convertirá en un nodo cultural y alternativo al Centro Histórico, además de estar cercano al sitio denominado Angelópolis.

El caso mexicano dista de ser similar a lo ocurrido en España, los proyectos son de menor escala, principalmente apoyados por capitales privados, sin embargo, no deja ser riesgoso financiar obra de alto costo. Principalmente se apoyan los espacios destinados al turismo o la cultura, no hay rutas similares a la arquitectura de la zona vinícola de La Rioja, o en su caso grandes eventos mundiales como lo fueron, en 1992, los Juegos Olímpicos en Barcelona. Solo es cuestión de tiempo, esperemos si el frenesí o y el ímpetu de importar arquitectura nos llegue o aprendamos de la crisis española y –como afirma el autor de la arquitectura milagrosa- sobre el “legado de obras impresionantes pero, en ocasiones, insensatas, desmesuradas e insostenibles”.

Para estas vacaciones valdría la pena visitar estos lugares, si los itinerarios coinciden con las ciudades y observar y juzgar los espacios públicos y urbanos, y en su caso, acercarse al proceso constructivo de algunas de ellas.


Julio, 2013

Lo cíclico del diseño. Por Raúl García

El ser humano siempre ha tenido la necesidad de crear, modificar o reinventar  para satisfacer sus necesidades, sea esto de una manera consciente y estructurada o por mero empirismo e instinto. Con el paso del tiempo a la par de nuestra sofisticación se modifican y amplían nuestras necesidades, demandando así un rediseño de nuestro entorno y herramientas para transformarlo. Cuesta trabajo imaginar el salto cuántico que hemos hecho como raza desde nuestros albores, donde nuestros impulsos creativos se ceñían exclusivamente a la supervivencia en contraste las necesidades que permean nuestras creaciones hoy en día, que obedecen a variables específicas sin dejar de lado el valor artístico o estético del que pueda impregnarse.

En aras de tal especialización funcional, se nos obliga a dar cabida y respuesta, como profesionales del diseño, a las necesidades que puedan surgir hoy en día  por lo que nos sentimos avasallados por la infinidad de posibilidades que existen ante nosotros para materializar estas respuestas. Desde su planeación hasta la parte final de su elaboración, aún así en un lugar donde parece que ya no se puede hacer mucho, encontramos alguna manera de continuar y reinventarnos.

Ante este torrente creativo, siempre ha estado presente un factor que por su omnipresencia, dejamos de ver poco después de que comenzamos a caminar por los senderos del desarrollo social y tecnológico; pero no por eso ha dejado de ser menos importante o dejar de estar ahí. Una parte de nuestra realidad, al abstraernos del mundo que hemos creado a nuestro alrededor se ha diluido, de su presencia pocos reparan, hasta ahora que  comenzamos a ver las implicaciones de lo que hemos dejado en nuestro andar a lo largo de este camino evolutivo, y que comienza a pisarnos los talones: nuestro medio ambiente.

¿Cuántas de las veces que diseñamos algo pensamos en esa parte post-mortem de la vida útil de nuestro producto?  ¿O en las implicaciones ambientales de su producción, distribución y consumo? En este álgido torbellino de consumismo exacerbado y de caducidad, es muy fácil olvidar lo que no vemos y de lo que deja nuestras manos, como si mágicamente fuese a desaparecer, pero no.  A la par de nuestro desarrollo, desde hace más de cien años hemos estado construyendo sin querer una avalancha con los residuos de nuestra modernidad, que ya ha comenzado a dejar sentir sus efectos, desde la ´simple´ basura que encontramos en nuestras calles, hasta islas de plástico en el océano y enjambres de basura espacial.

Sólo hasta ahora recordamos ‘globalmente’ la importancia de incluir al ambiente en nuestro ejercicio como profesionales del diseño. Lo que nos sucede es crítico y nos encontramos en un punto donde no nos podemos dar el lujo de dejarnos llevar por un desempeño automático, caduco, consumista, irresponsable e irreflexivo como diseñadores.

Es triste y patético que seamos la única especie en este planeta que necesita estar condenada a una desgracia para reflexionar y adaptar su conducta para madurar hacia un existir responsable. Debemos integrar esta consciencia a nuestro quehacer como diseñadores y expandir nuestra visión más allá de la caducidad de nuestros productos, homologar esa ciclicidad que existe en todo lo demás que es ajeno a la mano del hombre.

Siempre hay que estar plenamente conscientes de que aunque seamos arquitectos de nuestro entorno, lo que nos permite crear tanto como podamos imaginar, que el diseño es una herramienta sumamente poderosa y por lo mismo implica una enorme responsabilidad. Desde ahí, podemos transformar muchísimas cosas, aunque siempre previendo las consecuencias de ello, pues todos vivimos en un entorno frágil, pese a que se pueda olvidar fácilmente.

Julio, 2013.

Arquitectura Básica. Por Alejandro Ochoa Vega

Arquitectura Básica. Por Alejandro Ochoa Vega

Comentar el trabajo de un amigo tan cercano en un espacio público y abierto, implica un reto, más allá de cualquier compromiso por hablar bien del producto, sino de poder ser objetivo y distante frente, a un libro en este caso, en donde el lenguaje ya no es el coloquial acostumbrado, sino el construido como investigador. No obstante, Arquitectura básica 2, el texto editado por la Universidad Veracruzana del doctor en Arquitectura y Urbanismo Carlos Caballero Lazzeri, es un testimonio, en palabras bien armadas y escritas, de mucho de lo que yo le he escuchado en múltiples conversaciones, de casi 20 años de amistad.


Mauricio Hernández Bonilla, el prologuista, ya nos advertía que estábamos ante un segundo trabajo de divulgación, que había iniciado en 2008 con el primer Arquitectura básica, dedicado a los problemas operativos y funcionales de la arquitectura. En esta nueva entrega, el objetivo es abordar la composición, sus procesos y sus productos, de forma integral. A lo largo de 5 capítulos, el autor desde sus propias palabras, se centra en el análisis de la manera como la forma y el espacio son aprehendidos por sus usuarios en un proceso de registro que no es ni estático ni fotográfico sino suma aditiva de estímulos y experiencia y en el cual, por lo tanto, la memoria tiene particular importancia.

Sin pretender desglosar el contenido del libro, apuntaría algunos temas abordados por el autor, como el papel de la luz en la arquitectura, natural o artificial. Desde la que provoca un efecto único en el Panteón de Roma o la que se asoma en un callejón de Chicago, y que hace posible el “espectáculo de la arquitectura”. A su vez, Caballero resalta los recursos actuales de la iluminación artificial que están produciendo volúmenes evanescentes, donde por la noche los colores no corresponden con el de su materia constructiva. Lo bello, no solo como la manera de componer y ordenar, sino por los recuerdos gratos que despierta en nuestra memoria, a propósito del componente emocional de la arquitectura. En ese sentido, igual se resalta el impacto de obras como Santa María de las Flores o el Congreso de Estados Unidos, por su significado y carga histórica, pero también la posibilidad de seducción de una arquitectura tradicional, sobre otras expresiones atrevidas de en las tendencias contemporáneas.

Respecto a los temas del aprendizaje y el oficio, el autor enfatiza la importancia de un entorno cultural vivo y desarrollado desde tiempos remotos, como se demuestra, en el éxito y calidad del diseño italiano, resultado de sus institutos, pero sobre todo por la influencia del medio. Los viajes, otro factor clave en el perfil de un arquitecto sobresaliente, porque como Caballero afirma; Ver el mundo con ojos extranjeros amplia nuestros horizontes y en arquitectura nos regala el placer del recorrido por obras maestras de todos los tiempos, verdaderas universidades del aprendizaje de la arquitectura. Se rescata también lo valioso de la enseñanza de los grandes maestros, como los mismos Le Corbusier, Mies y Gropius que abrevaron tanto en la oficina de Peter Beherens. Y el arte, como un componente en la formación de un diseñador, al incorporar una sensibilidad estética además de la destreza técnica.

Carlos Caballero se detiene en uno de sus capítulos, para hablarnos de la psicología de la percepción, Gestalt. Complejo tema que lo lleva desarrollar varios de los asuntos de la composición arquitectónica, como son los trazos reguladores, las leyes de organización y configuración, que al final, al sumarse coherentemente, permitirían lograr una unidad en la obra, desde su función operativa, hasta su expresión formal. El contraste, otro problema abordado por el autor, opone vacíos contra llenos, figura y fondo, naturaleza y cultura, contexto libre y construido, ruptura y continuidad, entre otros, los cuales llevan a enriquecer un proceso de diseño, de acuerdo a su especificidad. El capítulo final, aborda aspectos como el movimiento, la tensión y el equilibrio, con ejemplos diversos, donde los umbrales, el orden, la profundidad y perspectiva, los ejes y barreras, así como las correcciones ópticas y manipulaciones de la percepción, ayudan al diseñador novato y profesional, a tener en cuenta recursos de composición siempre pertinentes.

Arquitectura básica 2, es un esfuerzo encomiable para hacer presentes los contenidos de la Teoría de la Arquitectura, poco valorados en la dinámica contemporánea, desde la formación, hasta la práctica profesional. Texto riquísimo en referencias textuales y de imágenes, que lo hacen asequible para un público amplio, y ávido en sustentar ideas que definen una buena arquitectura. Cerraría este comentario con palabras de Carlos Caballero:

Vivir y sentir la ciudad involucra todos nuestros sentidos y, dentro de márgenes tolerables, es también placentera la fatiga de algún ascenso o puede resultar gratificante el hecho de que, en espacios que se encierran, se despierte en nosotros la curiosidad de saber que hay más allá. Cierres, umbrales, sorpresas, contrastes, cambios de ritmo; descubrimientos del caminar y el ver en espacios orquestados para el placer del andar, el percibir y el descubrir. En ello, dado que como hemos afirmado importa tanto la realidad física como la captura perceptual, los elementos materiales están al servicio de las sensaciones y es posible –y deseable- manipularlos de forma tal que corrijan aspectos ópticos indeseables o provoquen determinados fenómenos o hasta ilusiones que, sin entrar en conflicto con el cometido operativo de la arquitectura, den más vida y alegría a la experiencia de esta disciplina.

Junio, 2013.


Transformación urbana: el espacio público como intención. Por Fernando Minaya Hernández

Transformación urbana: el espacio público como intención. Por Fernando Minaya Hernández
En los últimos años, la Ciudad de México ha presenciado cambios en su estructura urbana, a través de obras viales, principalmente. El planteamiento de ampliaciones y renovaciones para la mejora vehicular han provocado una nueva imagen urbana, que por varias décadas habían permanecido intactas, ante el crecimiento voraz de la mancha urbana e incremento del parque vehicular como consecuencia.

Al norte de la ciudad, dos avenidas fundamentales se transformaron para dar una mejora vehicular y sobre todo, renovar la movilidad y el espacio público: Éuskaro y Fray Juan de Zumárraga, al sur de la Basílica de Guadalupe. La primera de ellas, hasta el año 2012, entre Insurgentes y la calzada de Guadalupe, contuvo solo dos carriles vehiculares, ello provocó problemas viales ya que tal avenida forma parte del Eje vial 4 Norte, sentido poniente-oriente, la cual cuenta con una amplitud de seis carriles, sin embargo, en el tramo mencionado se reducía drásticamente y provocaba congestionamiento vial y la discontinuidad del flujo vial. Actualmente, ya enumera seis carriles en las inmediaciones de la colonia Industrial. La transformación también incluyó un parque lineal, el cual es utilizado para exposiciones de objetos artísticos de gran tamaño. Para el proceso de la ampliación tuvieron que demolerse varias construcciones, en la acera norte, pocas de ellas con algún valor arquitectónico o patrimonial, a pesar de que la colonia Industrial posee una gran riqueza de la arquitectura neocolonial, decó y funcionalista de la primera parte del siglo XX.

 Fray de Zumárraga esq. Calzada de Guadalupe. Vista hacia el sur.
Fuente: Fernando Minaya

La segunda vialidad intervenida fue Fray de Zumárraga, la cual se ubica entre la Calzada de los Misterios y 5 de Febrero, para mayor referencia, es toda la longitud del conjunto de la Basílica de Guadalupe. En los últimos diez años, la avenida permaneció parcialmente cerrada, desde el anunció de la construcción de la Plaza Mariana por el arquitecto Xavier Sordo Madaleno, entre pausas y falta de presupuesto de la obra, hasta la aportación 800 millones de pesos de Carlos Slim y la imposición del arquitecto Fernando Romero para terminar los proyectos; el pasado año fue reabierta la avenida con grandes cambios, uno de ellos es el paso a desnivel en la calzada de Guadalupe para eliminar el puente que conectaba a los peregrinos con el conjunto mariano, y por lo tanto establecer un vínculo totalmente peatonal en el crucero. Otro cambió fue la reducción de carriles y la inclusión de dos crujías de locales comerciales que formalmente refieren a un talud verde en un pasaje al aire libre.


Las dos obras públicas mencionadas, por un lado representan el letargo de la planeación en la ciudad, ya que en los dos casos, desde la década de 1950, ya se habían planteado soluciones similares para adecuar los trazos de las vialidades y la mejora de la movilidad, por otro lado, la inclusión de espacios públicos para peatones o zonas para actividades culturales son destacables. Aunque existen problemas de diseño en ambas obras, se convierten en pautas del urbanismo contemporáneo, aunque consideramos se requiere más reflexión y perspectiva al mediano y largo plazo, para que realmente se olviden las buenas intenciones y se inicie una transformación urbana totalmente social e inclusiva, para los habitantes capitalinos. 

Junio, 2013.

Expansión Urbana de la Zona Metropolitana del Valle de México. Por Herman Barrera Mejía

Expansión Urbana de la Zona Metropolitana del Valle de México. Por Herman Barrera Mejía

El crecimiento de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) es resultado de diferentes factores que han originado una configuración territorial heterogénea con usos del suelo y actividades económicas diversificadas que han dado como resultado una concentración (en 2010) de más de 20 millones de habitantes distribuidos sobre más de 1500 km2 de área urbana, ésta última a su vez, se desborda sobre 76 municipios y/o delegaciones tanto del Distrito Federal (DF: 16), Estado de México (EM: 59) e Hidalgo (1) que integran a la metrópoli (CONAPO, 2010).

El incremento y concentración de las  actividades socioeconómicas diversificadas (industria, comercio, servicios, etc.); el aumento de asentamientos humanos, centros comerciales, zonas residenciales; proyectos de vías de comunicación y transporte, la especulación del suelo, han derivado en diversas problemáticas ambientales.

El aumento descontrolado de asentamientos humanos se ha dado principalmente al norte, oriente y sur de la ciudad,  resultado de procesos de migración del campo-ciudad, permisividad de autoridades en materia de planeación para el asentamiento de poblaciones en suelos no aptos (altamente salinos e inundables) como en zonas de Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Ecatepec, Tecámac, Chalco, Ixtapaluca; o riesgosos ubicados en barrancas, cañadas o sobre suelos blandos como en la Sierra de Santa Catrina, Guadalupe o Las Cruces localizadas al oriente, norte y poniente respectivamente, en donde las características orográficas (relieve abrupto y sinuoso) ponen en riego a miles de habitantes que viven hacinados sobre lo que es suelo de conservación decretado como tal en el año 2000 por el Gobierno del Distrito Federal.

Por otra parte, el desborde del área urbana de la ZMVM sobre otras entidades como el Estado de México e Hidalgo viene a complicar la toma de decisiones, la coordinación de los distintos gobiernos, las políticas de acción y desarrollo en el territorio metropolitano, resultando en una nula, complicada y sectorizada aplicación de la legislación urbana, del financiamiento inequitativo para obras públicas (Garza y Damián, 1991). Esto a su vez, se traduce en una desatención en las demandas y problemáticas sociales: necesidades de suelo, servicios, infraestructuras, abasto, empleo, caos vial, inseguridad, delincuencia, manejo de residuos sólidos, deterioro ambiental, entre otras cuestiones.


Asentamientos irregulares en Bordo de Xochiaca,
y viviendas ubicadas en barrancas del poniente del D.F.
Fuente: Archivo personal del autor.

Los patrones de ocupación territorial en la ZMVM han respondido a condiciones políticas, económicas, sociales, tecnológicas, naturales. Ante la falta de disponibilidad de suelo en el centro de la ciudad, el fenómeno de la conurbación que se da durante 1950, se ha magnificado a escalas inimaginables en nuestros días, al grado de que las instituciones de cada entidad  con la atribución de diseñar planes y programas con miras a lograr una planeación del territorio simplemente se han visto rebasadas ante un incremento desmedido de las actividades económicas diversificadas, demanda de servicios e infraestructuras, mayor centralidad de la gestión política y privada del presupuesto nacional, y un mayor deterioro ambiental ocasionado por una planeación todavía sectorizada y permisiva, misma que requiere el diseño de políticas a escala metropolitanas e incluso megalopolitanas.

Referencias
Garza, Gustavo y Araceli Damián (1991). “Ciudad de México. Etapas de crecimiento,
infraestructura y equipamiento” en Schteingart Martha. (coord.), Espacio y vivienda en la Ciudad de México. COLMEX, México, D.F.
Consejo Nacional de Población, 2010. Delimitación de zonas metropolitanas en línea en ver: http://www.conapo.gob.mx/en/CONAPO/Zonas_metropolitanas_2010


Junio, 2013.

La ciudad del futuro en el cine: ¿posible realidad o ficción? Por Fernando Minaya

La ciudad del futuro en el cine: ¿posible realidad o ficción? Por Fernando Minaya

Hace algunos meses el crítico de cine Rafael Aviña habló de dos maneras de hacer cine futurista: la primera versa  sobre los escenarios apocalípticos de la humanidad, en donde podemos ver la devastación y destrucción de las ciudades - tal es el caso de películas como Mad Max (1979) de George Miller o The book of Eli (2010) de los hermanos Hughes. Una siguiente refiere a las características de la sociedad dentro de un marco evolutivo, el avance tecnológico –y se agregan las diferentes propuestas y visiones urbano-arquitectónicas. Para fines ilustrativos y más esperanzadores de la construcción de una ciudad, nos referiremos en este ensayo a la parte de las películas que han establecido una propuesta, a partir de nuestra contemporaneidad,  de formas de interpretar el tan ansiado devenir y como viviríamos en él.

La cinta Blade Runner (1982) de Ridley Scott nos acerca a la construcción de edificios de gran altura que evocan la idea de ciudades verticales, generando un ambiente oscuro y poco ordenado en las partes bajas de estas ciudades, dominadas por el consumo masivo y la llegada de robots. Otra película que asombró por las locaciones fue Total Recall (1991) de Paul Verhoeven, aquí se presentó la forma de habitar dos planetas, la Tierra y Marte representados por la arquitectura mexicana de la década de 1970, denominada monumentalista; la intención fue conformar la idea del orden y magnificencia de las corporaciones como formas de gobierno y control social aceptadas, sin embargo, coexiste una subcultura insurrecta que no está de acuerdo con los cánones y vive de manera paralela en zonas deterioradas, oscuras e insalubres.



The Book of Eli. 2010. Alcon Entertainment, Silver Pictures y Warner Bros.


Otra historia basada en los comics fue llevada a la pantalla grande en dos versiones, en ellas refieren a la problemática del crecimiento de las ciudades; Dredd (1995) de Danny Cannon y la reedición de 2012 por Pete Travis nos llevan a la  aventura de conocer a las megaciudades con los problemas de inseguridad que ello representa. En la primera versión hay una ciudad en permanente anarquía y desorden, y por ello la justicia se hará prevalecer, pero afuera de sus muros residen los que han quedado excluidos de estos parámetros: mercenarios, exiliados, sentenciados, entre otros tienen que arreglárselas en una precaria sociedad altamente hostil y violenta. Tal parece que dentro o fuera de las megacities no hay mayor diferencia. En la segunda adaptación, el tema de ciudades a escalas descomunales es el eje central, pero en este caso se concentran en unos edificios de viviendas, y en particular, en uno llamado Peach Trees, donde residen 75 mil habitantes, algo inimaginable para nuestra realidad. La violencia e inseguridad reina en cada uno de los 200 niveles de cada torre, que parecen estar sembradas dentro de una enorme ciudad de 800 millones de habitantes, donde la ciudad antigua, de proporciones horizontales, es el asiento de las estructuras verticales de gran altura .


Dredd. 2012. DNA Films, IM Global y Reliance Big Entertainment

Finalmente, dos cintas, de manufactura reciente, versan sobre el tema de dos ciudades conectadas. Una de ellas es otra versión de Total Recall de 1991, ahora dirigido el remake por Len Wiseman (2012), donde observamos territorios diferentes: uno en el que viven los más afortunados y tienen las mejores comodidades, y el otro donde residen las masas que sirven de mano de obra. Estos sitios, los únicos habitables en la tierra debido a la devastación nuclear eran las regiones de United Federation of Britain y la Colony. Las dos urbes están opuestas en geografía y son conectadas por un transporte que cruza el interior de la tierra, llamado The fall. La última película por estrenarse, Elisyum (2013) de Neill Blomkamp, refiere a dos formas de vida, una donde no existe la enfermedad, la violencia, la inseguridad, todo es un paraíso y está localizada en el espacio, la otra ciudad se ubica en la tierra donde no hay alimentos, la destrucción masiva de las ciudades es una realidad caótica, y donde la supervivencia es cosa de todos los días.


Total Recall. 2012. Columbia Pictures.

Las historias mencionadas contienen elementos repetitivos y elocuentes de un futuro, que por más que nos resistamos a reflexionar sobre él, refiere a los problemas contemporáneos de las ciudades: crecimientos desmedidos de la mancha urbana, redensificación vertical, masificación de los conjuntos habitacionales, todo esto ya ha causado mella en la falta de recursos, servicios insuficientes, perjuicios ambientales, entre muchos más. También las distinciones sociales y económicas polarizan a la sociedad, hasta los límites de separación total y exclusión de las clases vulnerables como en Children of men (2006) de Alfonso Cuarón, o el caso extremo de Wall-E (2008) de Andrew Stanton, la tierra es inhabitable por la contaminación y los pocos humanos sobrevivientes se encuentran en un viaje espacial indefinido.


Elisyum. 2013. Media Rights Capital y Columbia Pictures

La reflexión apuntaría a un viraje de un posible futuro de autodestrucción, a otro que promueva la calidad de vida, a través de mejores diseños arquitectónicos y urbanos, incluyentes, y que permitan un mayor equilibrio entre la dispersión y la redensificación urbana contemporánea.


Junio, 2013