Mérida 2013 (2), Gran Museo del Mundo Maya. Por Alejandro Ochoa Vega



Al finalizar 2012 y el sexenio del gobierno estatal, se inauguró el Gran Museo del Mundo Maya de Mérida, realizado bajo proyecto de los arquitectos yucatecos, Enrique Duarte Aznar, Josefina Rivas Acevedo, Ricardo Combaluzier Medina y William Ramírez Pizarro. Decisión oficial que aunque tuviera sentido tener un recinto de dimensiones importantes, para una de nuestras grandes culturas prehispánicas, como es la Maya, la primera contradicción es partir sin colección propia, y tener que acudir a la del Museo Regional de Antropología e Historia, en el viejo Palacio Cantón. La ubicación, al norte de la ciudad, hacía la salida a Puerto Progreso, es un sector de servicios con diversos centros comerciales a gran escala y el de Convenciones Siglo XXI, el cual ahora tiene a este nuevo edificio cultural como vecino. El terreno, un rectángulo alargado, tuvo sus complicaciones para el proyecto, obligando a un partido arquitectónico en sentido longitudinal. Lo primero que llama la atención es una gran escalinata por donde se llega a la plaza de acceso, con algunas bancas y árboles dispersos, y con la enorme “ceiba” como remate. Dicho elemento, metáfora de una de las especies más características de la región, es por mucho lo que más distingue a museo en su entorno.

La alta tecnología expresada en la arquitectura a través de grandes estructuras metálicas, ha estado en boga por lo menos desde hace 35 años, con el Centro Cultural Pompidou de París, como uno de los referentes significativos. Dicha tendencia ha tenido escaso impacto en nuestro país, salvo algunas obras de Enrique Norten o Alberto Kalach entre otros. La “ceiba” de este nuevo museo yucateco, se pretendía apoyar en un solo elemento central, el “tronco”, a la vez núcleo de elevadores y escaleras, sin embargo no fue suficiente y se agregaron otros. Su impacto en el espacio, que es el vestíbulo, una cafetería en primer piso y pasillos perimetrales, es menor porque el mencionado “tronco” requirió un espesor grande, lo cual obstruye de alguna manera la posible sensación de una escala espectacular. Sorprende la cantidad de acero utilizado, para un resultado pobre en el espacio y poco novedosa en la forma. En la parte funcional, a la mitad de la gran caja alargada se encuentra un vestíbulo con las taquillas y desde ahí se recorren las salas permanentes y temporales. Otros cuerpos, son los de un restaurante, tienda, sanitarios y relaciones públicas. En suma, un proyecto de carácter político, de alcances regionales, oneroso, y con una propuesta arquitectónica contradictoria.

Al finalizar, a raíz de este nuevo encuentro con la ciudad de Mérida se quedan diversas sensaciones encontradas, por un lado el gusto de ver una ciudad vital, que cuida su patrimonio histórico, pero a la vez en su arquitectura contemporánea se observan tanto hallazgos y búsquedas de interés, como excesos y limitaciones. De la alegría en su música, de la delicia de su comida y de la amabilidad de su gente, Mérida ofrece al visitante múltiples atractivos, por lo que es un punto obligado, tanto para el público en general como para los arquitectos. Estimado lector, no deje de considerarla como destino próximo.

Febrero, 2013

Mérida 2013 (1), ciudad y arquitectura . Por Alejandro Ochoa Vega



Mérida, la capital del Estado de Yucatán es uno de los lugares donde a pesar de que ya se conozca y se haya visitado en varias ocasiones, siempre agrada y sorprende. Su calidad urbana tiene que ver con la buena conservación de su Centro Histórico, una expansión de la ciudad de la primera mitad del siglo XX, donde conviven sin sobre saltos arquitecturas del eclecticismo porfiriano, neocolonial, art déco y primera modernidad con otras posteriores, y finalmente la urbe de los últimos 60 años, que a pesar de ciertas contradicciones y desigualdades, define un crecimiento ordenado en buena medida.

La historia marca una ciudad fundada en 1542 sobre un antiguo asentamiento maya, con una traza regular, alrededor de su Plaza Grande, la catedral concluida en el siglo XVI, así como la Casa Montejo del mismo periodo de fachada plateresca, ahora convertida en museo de sitio. Mérida y su región tuvieron un desarrollo económico significativo en el porfiriato, gracias a la explotación del henequén, por lo que surgieron muchas haciendas en el campo, varias de ellas recuperadas como hoteles “boutique”, y en la ciudad grandes mansiones afrancesadas para la clase burguesa en auge. El Paseo Montejo, diseñado a la manera del Paseo de la Reforma o de los Campos Eliseos de París fue el escenario y arteria principal, para casas como el Palacio Cantón, hoy Museo Regional de Antropología e Historia, de principios del siglo XX, de un eclecticismo exuberante. Algunos barrios y colonias, varios de ellos con su propia plaza y templo, conforman una ciudad de carácter amable y cálido, así como su clima, de más de 30° casi todo el año.

Durante el periodo posrevolucionario, Mérida aportó, con la obra del arquitecto Manuel Amábilis, su versión nacionalista y regional, el Neomaya. El Monumento a la Bandera en una de las glorietas del Paseo Montejo, y el Parque de las Américas en la colonia García Ginerés, entre otros proyectos reflejan un estilo propio, ligado a un pasado prehispánico, pero a la vez de una modernidad monumental. Otros arquitectos que transitaron hasta el funcionalismo de los años cincuenta y sesenta fueron Carlos Castillo Montes de Oca y Alberto García Bolio con innumerables casas y edificios. Para fin de siglo XX nuevas generaciones se han hecho presentes en la arquitectura de Mérida y su región, como Augusto Quijano, ganador dos veces de la Bienal de Arquitectura Mexicana, realizador con otros colegas del polémico Centro Cultural Olimpo, en plena Plaza Grande, Enrique Duarte, autor del Hospital de Alta Especialidad y Jesús Muñoz responsable del proyecto de la Procuraduría de Justicia del Estado, entre muchos otros.

Para el siglo XXI, Mérida y sus arquitectos despuntan como un enclave de arquitectura mexicana contemporánea de gran relevancia. Con una Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán, que en su posgrado produce una revista de artículos de investigación, desde hace más de veinte años, y que por lo mismo ha contribuido a una formación solida de los arquitectos locales. Uno de ellos, Roberto Ancona, autor de varios de los proyectos para la misma UADY, en el caso de la Aula Magna para la Facultad de Ingeniería, intervención a un modesto auditorio previo de tecnología CAPFCE, refleja un dominio del oficio, sin alardes ni elocuencias, solo una respuesta discreta y elegante.

Enero, 2013

Plaza Juárez, la contemporaneidad de la Alameda. Por Fernando Minaya


El sector de la Alameda Central, que forma parte del perímetro “b” del Centro Histórico de la Ciudad de México, fue resultado de la transformación urbana-arquitectónica del siglo XX, y también una de las zonas mayormente afectadas por el sismo de 1985. A principios de la década de 1990, el despacho de arquitectura de Legorreta + Legorreta, en colaboración con Skidmore, Owing & Merril y Frank Gehry, proyectaría el plan maestro de recuperación de la zona, pero que dados los problemas financieros se detuvo aquella iniciativa conocida como Proyecto Alameda, que quedo solo en la recuperación de la manzana ubicada entre las calles de Hidalgo, Paseo de la Reforma y Valerio Trujano, para albergar diversos espacios de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

En relación a la manzana que comprende las calles de Av. Juárez, Independencia, Dolores y Luis Moya (hoy Plaza Juárez), su transformación fue mayor después del sismo ya que en el lugar colapsaron el cine y hotel Alameda, por varias décadas emblema de modernidad en el sector, así como el templo de Corpus Christi que resultó con importantes daños pero que subsistió a pesar del sismo; asimismo, el abandono y el deterioro urbano se extendió por más de 15 años.

El 29 de mayo de 2003 el presidente Vicente Fox Quezada, el Jefe de Gobierno capitalino Andrés Manuel López Obrador y el presidente de la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad llegaron al acuerdo de promover la construcción del conjunto denominado Plaza Juárez que contendría a la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, inaugurados el 25 de abril de 2006 y bajo proyecto de Legorreta + Legorreta. El conjunto se despliega a través de espacios abiertos y una gran fuente, diseñados por el artista Vicente Rojo, y el Patio Juárez, como complemento comercial –parcialmente realizado-, el cual integraría dos fachadas de casonas del siglo XVII. Otros edificios determinantes son el templo de Corpus Christi reutilizado como Archivo General de Notarias y el nuevo Museo de la Memoria y Tolerancia del grupo Arditti Arquitectos + RDT, este último inaugurado en 2011. El conjunto se adapta a la estructura, tanto de la Plaza Juárez como del antiguo templo colonial, las dos torres que componen el conjunto, refieren esquemas funcionalistas en su organización, plantas libres y zona central de servicios.

La avenida Juárez, desde el siglo XX, ha sido importante por su cercanía al Centro Histórico, además de ser el eje de conexión entre la Plaza de la Constitución y el Monumento a la Revolución. Por ello, la construcción de edificios a lo largo del siglo XX relacionados con el Estado, turismo, comercio, recreación y cultura han sido importantes y han generado un perfil urbano emblemático.  Algunos de ellos son el Palacio de Bellas Artes, el edificio de La Nacional y su gemelo contiguo, la Torre Latinoamericana, el Hotel Hilton y el conjunto habitacional Patio Alameda, entre otros. Todo esto define la relevancia de la Alameda, como punto de encuentro y derrama económica, además de una significativa presencia en la cultura urbana de la ciudad. En los últimos 30 años han sucedido los cambios más significativos, en cuanto a la arquitectura y el espacio público, así pues, pareciera ser que el sector Alameda Central de nuestro Centro Histórico, no quiere dejar de ser contemporáneo, quiere vivir en el presente.

Enero, 2013

Línea 12 STC Metro. Modernidad estremecedora. Por Claudia Chávez Albor



Tláhuac y Tlaltenco, poblados de antecedentes prehispánicos ubicados al sureste del Distrito Federal han comenzado un proceso de urbanización incontrolable; derivado de la inserción del desarrollo en el sitio en estas localidades desatando una serie de  transformaciones en el lugar.

La consolidación de muchas de las actuales colonias en el territorio se dio desde el siglo XX, y desde entonces la planeación logró mantener dos vacíos importantes como reservas ecológicas que hasta ahora han negado la  relación directa con la ciudad formal, uno al poniente de Tláhuac que forma parte del territorio llano de Tlaltenco  y se conecta con la zona chinampera de Xochimilco, y otro en las faldas de la sierra de Santa Catarina.

Actualmente estas reservas ecológicas aun pertenecientes a ejidatarios, se ven fuertemente amenazadas por los asentamientos irregulares, la expansión urbana en las zonas rurales sin control, y ya se han empezado a establecer familias que construyen su vivienda con materiales precarios, por miedo a que sean despojados de su tierra. Pero aun más preocupante, es que la inversión privada ha puesto los ojos en esta delegación, porque ahora la conexión de esta zona periferiférica  con la ciudad central –a causa de la llegada de la línea 12 del metro-  ha propiciado que el desplazamiento tome menos tiempo.

Jorge Legorreta en 2004 ya señalaba sobre el riesgo de la expansión de la mancha urbana sobre  el verdor de las chinampas de Tláhuac. Este presagio parece acelerarse en gran medida a causa de la construcción de la  línea dorada del sistema de transporte colectivo metro, y es que incluso antes de que se anunciara formalmente el proyecto, se modificaron considerablemente los usos de suelo de los Programas Delegacionales de Desarrollo Urbano, de 1997 a 2008, reduciendo el porcentaje de áreas verdes y aumentando la altura de los niveles de construcción. También, se han establecido perímetros en los que el uso de suelo habitacional se ha transformado a, habitacional con comercio.

Pero lo que definitivamente cambiara tanto la imagen como la estructura urbana, son los usos de suelo permitidos en los bordes de recorrido del metro, que de uso habitacional se modifico a usos mixtos, permitiendo el establecimiento de oficinas, comercio y habitación.

El territorio de Tláhuac, sufrirá una fuerte re densificación derivada de futuras e importantes inversiones inmobiliarias. Por un lado, estas acciones estarán a cargo de pequeñas inmobiliarias que se ocuparan de los predios baldíos, o con poca construcción dentro de la traza de las colonias existentes, y por el otro, desde 2010 se viene  anunciando la creación  de unidades habitacionales al sur de esta zona, por parte del gigante de la construcción habitacional GEO.

El verdadero problema es justo ese  ¿donde se alojara la vivienda masiva que se construirá en Tláhuac?. La única respuesta  que podría tener esta pregunta, es hacia las reservas ecológicas, puesto que hacia el lado poniente la preservación de las chinampas ha sido uno de los territorios considerados por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

Ambas formas de ocupación del territorio son un riesgo para el sitio, pero lo más preocupante es la alternativa masiva, es decir la densificación planeada está limitada por una traza que morfológicamente será transformada, aumentando alturas, entre otros problemas, no así en los espacios vacíos de grandes dimensiones, en ellos todo puede pasar.

Este panorama nos permite observar como continúa la urbanización extensiva de la ciudad, en perjuicio de los poblados periféricos, Tláhuac y Tlaltenco, que se habían mantenido al margen del desarrollo urbano-arquitectónico al que se había sometido  la ciudad durante el siglo XX, pero con la implementación reciente de la nueva línea del Metro en el territorio, se pierde toda esperanza de mantenerse en un bajo perfil fuera de la mira de los sedientos cazadores de bienes raíces.

Enero, 2013

Oscar Niemeyer. El arquitecto revolucionario del siglo XX. Por Pamela Vicke



Nacido el 15 de diciembre de 1907, en Río de Janeiro, Brasil, Oscar Niemeyer, fue ingeniero-arquitecto de profesión y en 1932 comenzó a trabajar en el despacho de Lucio Costa, el urbanista reconocido por elaborar años después el plan de Brasilia. También en ese periodo conoció al arquitecto francés Le Corbusier, quien se convertiría en una de las principales influencias en su vida.

Seguidor y gran promotor de sus mentores, el arquitecto Niemeyer fue considerado uno de los personajes más influyentes de la arquitectura moderna internacional, y pionero en la exploración de las posibilidades constructivas y plásticas del hormigón armado. Dentro de sus principales proyectos arquitectónicos destaca la construcción de Brasilia como nueva capital de su país a finales de los años cincuenta. Niemeyer fue el principal responsable de algunos icónicos edificios públicos de la ciudad, como el Congreso Nacional de Brasil, la Catedral de Brasilia, el Palacio de Planalto y el Palacio de Alborada. Fue también uno de los principales responsables del equipo que diseñó la Sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.

La arquitectura de Niemeyer fue también la de las articulaciones artísticas y técnicas que se aproximaron hacia una plenitud de composiciones por demás diversas. A través de la materialización, su arquitectura transmitió un espíritu de vida y búsqueda de nuevos métodos, con temas y exploraciones plásticas inscritos en contextos específicos. De una profunda convicción política abrasada al comunismo, que le valió el Premio Lenin de la Paz, otorgado por la Unión Soviética en 1963, tras el golpe militar de 1964 en Brasil, Niemeyer recibió presiones para dejar el país, fue por ello que decidió exiliarse en París, Francia, luego de que el general Charles de Gaulle (entonces presidente de Francia) le concediera permiso para ejercer su profesión en ese país. Entre sus obras más destacadas en ese periodo fueron la sede del Partido Comunista Francés en París, la mezquita de Argel y la Universidad de Constantina en Argelia, entre otros.

Al término de la dictadura militar en los años ochenta, el arquitecto Niemeyer regresó a Brasil, donde diseñó obras como los Sambódromos de las ciudades de Río de Janeiro (1984) y de São Paulo (1991); hace unos meses -en febrero pasado- concluyeron las obras de renovación, el cual amplió su capacidad para recibir a 72,000 personas y además fue adaptado para ofrecer un mejor acceso a las personas con discapacidad. El recinto se convirtió en la primera sede olímpica abierta al público, cuatro años antes de que se realice la justa deportiva en ese país. En 2010, el arquitecto dio a conocer un diseño para un museo dedicado a Pelé y apenas el año antepasado se inauguró en Asturias, España, el Centro Niemeyer, obra que el brasileño proyectó como agradecimiento al premio Príncipe de Asturias que le fuera otorgado en 1989.

Finalmente, el arquitecto Oscar Niemeyer aunque en los inicios sus proyectos se veían influenciados por sus maestros Lucio Costa y Le Corbusier, con el tiempo puso su sello al ser considerado como un diseñador provocativo, con proyectos a escala monumental y de líneas curvas y sensuales. El genio creador ya no se encuentra entre nosotros, y lo único que nos queda es apreciar sus obras, que descanse en paz el arquitecto más longevo del siglo XX.

Enero, 2013

Nuevos espacios para los espectáculos musicales en México. Por Fernando Minaya



En la última década, en la Ciudad de México ha proliferado la creación de centros destinados para ofrecer espectáculos relacionados con conciertos y eventos masivos de diversos géneros musicales. La apertura de estos sitios responde a una demanda cada vez más alta, ya que existe una derrama económica importante por parte de la población para ver estos “shows” de exponentes nacionales e internacionales, que responden, en muchos casos, a las modas musicales y a los artistas consagrados de otras épocas.

Hacia la década de 1990, solo existía un puñado de estos centros, que en algunos casos no habían sido diseñados ex profeso para estos fines, y por lo tanto se adaptaron para dicha función. Tal es el caso del Estadio Azteca con los conciertos memorables de Elton John y de Michael Jackson, el Foro Sol, que abrió sus puertas de manera efímera para el concierto de Madonna, y posteriormente para los multitudinarios eventos de Paul McCartney, Pink Floyd y The Rolling Stones; debido a su gran éxito fue entonces que se adecuó como lo conocemos hasta ahora. Otro espacio emblemático es el Palacio de los Deportes, que ha tenido problemas de acústica en su trayectoria, desde su inauguración en 1968, por haber sido diseñado para realizar actividades deportivas; también el Auditorio Nacional y la sala del Palacio de Bellas Artes, espacios que por excelencia son parte de la difusión de la cultura nacional, han servido para tal uso, aunque con una capacidad menor de espectadores.

Estos precedentes son relevantes, ya que fueron los escenarios perfectos para experimentar sobre la viabilidad económica de los conciertos de música en México. El éxito fue rotundo, en donde hasta la fecha han surgido espacios arquitectónicos para este fin, unos diseñados desde sus cimientos, y otros, resultado de adaptaciones de estructuras existentes. Uno de ellos, la Arena de la Ciudad de México fue inaugurada en 2011 con el objetivo de subsanar la deficiente calidad en los espacios para conciertos. Los problemas que enfrentó la construcción de este recinto no fueron menores, ya que se construyó sobre los predios y estructuras del abandonado Rastro de Ferrería, proyectado por el arquitecto José Villagrán García a medidos de la década de 1950. Esto provocó que la Arena, proyectada por el despacho estadounidense KMD Architects, tuviese que respetar la estructura del edificio principal del rastro. La ubicación del inmueble parece que se encuentra alejada del centro, y que no tendría mayor éxito, pero en el poco tiempo que lleva ha demostrado que la gente si se desplaza hasta el norte de la ciudad. Una característica urbana fundamental que se ha desarrollado en los últimos años en esta zona es el transporte público, aquí confluye una línea 6 del metro y el Tren Suburbano, y próxima a estas, la línea 3 del Metrobús, así mismo la vialidad de la Autopista Urbana Ecatepec-Los Remedios (parcialmente terminada), se encuentra a unos metros de la Arena; estas condiciones favorecen la comunicación y viabilidad del proyecto, sin duda alguna, sirvieron para que su localización y movilidad fuesen eficientes.

Otro recinto inaugurado recientemente es el Auditorio BlackBerry, planeado por el grupo de arquitectos Estudio Atemporal, el cual reutilizó la estructura del antiguo cine Las Américas, abierto en 1953 y proyectado por el citado José Villagrán. El cine fue parte de un conjunto que incluía comercios y oficinas, que actualmente subsisten, pero que han modificado el diseño original por la alta rentabilidad de la zona, que provocaron el aislamiento del cine hasta que fue recuperado para albergar un foro, patrocinado por una marca transnacional de celulares; este nuevo uso modificó por completo el aspecto del diseño original de Villagrán, enfatizado con el pobre acceso lateral y el nulo acercamiento histórico de los interiores del vestíbulo y las sala cinematográfica. En contraste, se propone un espacio multiusos (pista) a la altura del escenario, así como una gradería con butacas en el primer nivel, la cual permite la realización de eventos contemporáneos como los afamados rave party de música electrónica, entre otros.

La evolución los espacios para espectáculos musicales masivos en México ha sido poco creativa, adaptada a las necesidades tanto de los grandes conciertos, de escala superlativa de las figuras musicales y sus seguidores, así como de la música alternativa de grupos minoritarios que busca la discreción y mayor interacción con los espectadores. Las condiciones acústicas son prioritarias en estos foros, pero en algunos casos se ha improvisado, y la calidad del sonido en los conciertos son deficientes. Por lo tanto, la arquitectura para el espectáculo desarrollada en los últimos años en la ciudad de México, no siempre es la más funcional; aunque hay que reconocer que son puntos de referencia urbana, ya sea por su escala o su promoción en los medios; y por algunas horas se convierten un verdaderos nodos de confluencia popular, unidos por una sola actividad: el entretenimiento.

Diciembre, 2012

CHOPO, 2.5. Por Alejandro Ochoa Vega



En mayo de 2010, al inaugurarse el nuevo Museo del Chopo, después de una intervención del arquitecto Enrique Norten, escribimos un ensayo crítico en este mismo espacio. De aquel momento a la fecha han pasado dos años y medio y cabrían unas reflexiones a distancia, con la idea de evaluar someramente el impacto del proyecto de Norten. En su momento, la prensa recogió diversas manifestaciones en contra de la intervención al inmueble, traído de Alemania en 1903 y armado en la entonces calle de Chopo, en la colonia Santa María la Ribera. Entre ellas, la del mismo ICOMOS México, que elaboró un dictamen técnico donde argumentó los daños, sobre todo de carácter espacial, al recinto original. Incluso agregó sobre una carta al rector de la UNAM, Dr. José Narro, donde exigían se revirtieran esos daños, sin embargo no habían tenido respuesta.

Ya en las notas que retomaban entrevistas realizadas en o después de la inauguración, tanto la directora del museo, como el mismo rector, minimizaron cualquier manifestación crítica y justificaron los alcances e impacto del proyecto de Norten, además de escudarse en la aprobación del INBA. El mismo arquitecto, en entrevista se declaraba abierto a las críticas y lamentaba la museografía de las exposiciones de reapertura, por haberse encimado a la estructura original, cuando el acuerdo era haberlas dejado respirar, situación en la que coincidimos, porque incluso, otras muestras posteriores, han seguido montándose sobre la vieja trama de acero. Por esas fechas, en su recién abierto blog, navegándolaarquitectura.wordpress.com, el crítico Gustavo López Padilla cuestiono a su vez diversos problemas causados al edificio después de la intervención de Norten. Misma posición y con más elementos críticos, que agregaría Juan Carlos Cano, en un excelente texto publicado en Letras Libres en septiembre de 2010.

En abril de 2012, al aparecer el libro, El Chopo, año por año, 1975-2010, Alma Rosa Jiménez, directora de museo comentaba que en dicha publicación no se recogió la polémica suscitada por la intervención al inmueble, por no ser ese el objetivo. Sin conocer al momento dicho texto, seguramente ahí se registra una historia del museo muy rica, cuando era una opción para las manifestaciones artísticas de vanguardia y “subterráneas”, donde diversos grupos “alternativos” pudieron expresarse. Sede ya por muchos años de la Semana Cultural Gay, origen del célebre “Tianguis del Chopo”, aunque no dentro de sus muros sino en las calles próximas, y recinto cultural por excelencia para una población popular del centro y norte de la ciudad. Eso fue el Chopo, después de que la UNAM lo intervino a principios de los años setenta, al quedar abandonado cuando dejo de ser Museo de Historia Natural, (1913-1963).

Efectivamente, como asentaron López Padilla y Cano, el recinto ya requería una adecuación para poder recibir en optimas condiciones la obra artística, además de tener las características convenientes para todas sus actividades, en las salas de exposición, cine y foro de artes escénicas. Todo eso ya lo tiene, sin embargo, la prepotencia del arquitecto Norten, de usar el viejo recinto, ejemplo único en la ciudad (además del Kiosko Morisco ubicado en la misma colonia) de arquitectura industrial con rasgos art nouveau, solo como un contenedor para introducir un nuevo edificio, es francamente inaceptable. Los jardines posteriores, en principio para uso de exposición de obra plástica al aire libre, son ahora espacios abandonados, con evidente muestra de la falta de bodegas, y qué decir del “chipotito” agregado en plena fachada principal, junto a la taquilla, con un uso hasta ahora indeterminado. En fin, sin poder extenderse más, parecería que las autoridades del museo están muy contentas con su nuevo recinto, pero cabe preguntarse, ¿esas comunidades alternativas piensan lo mismo?, ¿la UNAM y en particular Felipe Leal no pudieron considerar realizar un concurso de arquitectos de la institución o egresados de la misma, en lugar de asignárselo a alguien que ya se sabía que haría algo como lo que resulto ser?. El nuevo Chopo ya está ahí, en funciones, el viejo Chopo, habrá que rastrearlo en archivos históricos, o en la memoria colectiva.

Noviembre, 2012

Arquitectura Mexicana Contemporánea, crítica y reflexiones, un libro de Gustavo López Padilla. Por Alejandro Ochoa Vega



A partir del adjetivo ¡esplendido! utilizado por Carlos González Lobo en el prólogo de este libro de Gustavo López, aparecido en 2008 por la editorial Designio, se me ocurren varios más para celebrar su aparición: oportuno, esperado, polémico, importante para cubrir un hueco historiográfico, ameno, didáctico, revelador, y sencillo pero a la vez complejo, entre otros. Pasaría entonces a explicar y argumentar porque de esos adjetivos, inevitables en la crítica y por lo tanto en la reseña de un libro de alguien que yo consideraría, el crítico de arquitectura periodística más sistemático en México, al colaborar en diversos medios desde hace más de 20 años. Esto es debido a que otros críticos como Manuel Larrosa ya solo escriben de vez en cuando, y otros como Víctor Jiménez, Michel Adrià y Alejandro Hernández Gálvez desde la columna Arquitextos en Reforma, no pasan de los 10 años. En la introducción del libro, Gustavo López establece algunas premisas básicas a nivel conceptual y metodológico. En primera instancia ubica su reflexión dirigida a un público amplio, el mismo que lee un diario y no una revista de arquitectura, básicamente desde los periódicos Excélsior y El Financiero donde el colaboro por varios años. Considera que su actividad implica estar al día y que sus argumentos valorativos sobre arquitectura, siempre pretender ser constructivos, desde ejemplos que tienen algún interés o valen la pena. Después, en cuanto a los principios metodológicos define los siguientes pasos: contacto con la obra y no con el autor, datos básicos, autor y fecha de construcción, visita exhaustiva de la obra, si se puede más de una vez, entrevista a los usuarios, consulta si es posible de los planos arquitectónicos y crítica a partir de las tendencias e influencias de la obra, relación con el contexto urbano, identificación de las cualidades arquitectónicas y trascendencia y repercusión dentro de la arquitectura mexicana contemporánea.

El ejercer la crítica desde un espacio público tiene sus repercusiones, Gustavo López las asume y nos cuenta como desde sus textos ha podido ganar amigos, pero también con otros, conflictos, resentimientos y alejamientos. Y al final, en esta introducción remata afirmando que lo que pretende es contribuir a la reflexión arquitectónica, tan pobre en nuestro país, e incentivar a los jóvenes arquitectos a ser críticos, desde el aula, la profesión o cualquier otro medio. La crítica de la arquitectura mexicana contemporánea es abordada por el autor desde el capítulo 3, con unas líneas de entrada donde explica de lo importante de partir de lo general a lo particular, o lo que es lo mismo, de la arquitectura universal a la local, las referencias de lo que pasa en el mundo como parte intrínseca del análisis. En los textos recopilados, ordenados cronológicamente desde 1989 a 2008 los géneros abordados van desde la vivienda, el trabajo, la recreación, el transporte y los servicios. En cuanto a las generaciones de arquitectos, van desde los consagrados hasta los más jóvenes y no solo los de la capital del país, sino también de otras regiones. Gustavo López nos vuelve a señalar en estas líneas introductorias un marco metodológico y de alcances: los juicios no pretender ser absolutos y definitivos sino a partir de una idea básica, dar a conocer la arquitectura reciente del país a un público más abierto y plural, quienes la hacen y como, además de hacer una primera evaluación de sus resultados.

A través de ejemplos y autores, de problemas y tendencias, de polémicas y coyunturas y hasta de exhortos y denuncias, el autor desglosa una mirada sobre la arquitectura de los últimos 20 años, reconociendo de los maestros su sabiduría y experiencia, pero también sus tropiezos, revelando exponentes más jóvenes con ideas vanguardistas pero de facturas todavía torpes. Clásicos como Mario Pani, Luis Barragán, Augusto H. Álvarez, Pedro Ramírez Vázquez, o Agustín Hernández, Abraham Zabludovsky, Teodoro González de León, Ricardo Legorreta, Carlos Mijares o José Luis Benlliure son referidos a manera de reconocimiento, homenaje y admiración, pero también con un ojo crítico y analítico. Otros nombres de generaciones más jóvenes, como Sánchez Arquitectos, donde el mismo Gustavo López aporta su parte de creador, Enrique Norten, Isaac Broid, Augusto Quijano, Alberto Kalach y Mauricio Rocha entre otros son ubicados como camadas intermedias, que dan pie a una generación aún más joven, como la de Javier Sánchez o Central Arquitectura, que ya despuntan en nuestra arquitectura contemporánea.

En cuanto a las obras, se analizan algunas que son parte de nuestro paisaje cultural, como Ciudad Universitaria, El Museo Nacional de Antropología, el Edificio Aristos, Hotel Camino Real de Ixtapa, el Fondo de Cultura Económica, la Universidad Iberoamericana, hasta las protagonistas de la ciudad de entre siglos, como Arcos Bosques, Torre de Ingenieria en la UNAM y muchas más. De las tendencias, Gustavo López habla de aprovechar la posmodernidad, en aquel momento de inicio de la última década del siglo XX, como una oportunidad para la búsqueda de nuevos caminos después del Movimiento Moderno. Por esas mismas fechas ubica los rumbos de la polémica en tres tendencias que él identifica, la que parte de Luis Barragan, otra desde Teodoro González y Abraham Zabludovsky y finalmente la que se basa en la obra de Agustín Hernández. No obstante, ubica otros dos grupos, la de él y Sánchez Arquitectos, Carlos Mijares, Juan José Díaz Infante y Grupo Diseño Urbano, con trayectorias diversas y además a los más jóvenes ligados a las tendencias internacionales, como el High Tech.

Al final, un libro obligado para entender la contemporaneidad arquitectura mexicana, previo a otro libro del autor recién publicado, que abordaremos próximamente.

Julio, 2011

Architectures. Por Fernando Minaya




A principios de año el canal de televisión de paga Film & Arts programó la serie Architectures,  compuesta por cinco temporadas; cada una de seis episodios (excepto la 2 con 5). La producción establece en cada capítulo un edificio emblemático, entre los siglos XIX y XX principalmente. Producción francesa realizada entre 1995 y 2001 con el patrocinio de Les Films d'Ici; Centro Pompidou; el Ministério de Cultura; Dirección de Arquitectura y Patrimonio; el Museo de Orsay; y la Fundación Sasakawa, y con la dirección de los cineastas Richard Copans y Stan Neumann.

La estructura de los capítulos inicia con la presentación del edificio y su origen, así como una breve introducción sobre la idea de diseño del arquitecto. Posteriormente, analizan las partes espaciales y estructurales que componen al edificio, a través de recorridos en video y maquetas virtuales. Ello acompañado de la voz del narrador que ofrece una descripción arquitectónica concisa de las virtudes del proyecto, durante los 26 minutos de duración de cada entrega.

Las obras que podemos encontrar son variadas en tipología y envergadura, y se ubican principalmente en el continente europeo.  Architectures  presenta la Bauhaus de Walter Gropius; la Facultad de Arquitectura en Oporto de Álvaro Siza; el conjunto de casas Nemausus 1 de Jean Nouvel; el Centro Georges Pompidou de Richard Rogers y Renzo Piano; la Caja de Ahorros en Viena de Otto Wagner; el edificio Johnson de Frank Lloyd Wright; la estación Lyon Satolas TGV  de Santiago Calatrava; los baños termales de Peter Zumthor El Spa de Vals-les-Bains, diseñada por Peter Zumthor, redefine el concepto de baño público, una puesta en escena de agua en todos sus aspectos.Más en nuestro blog:; el Museo Judío en Berlín de Daniel Libeskind; el Convento de La Tourette de Le Courbusier; el Auditorium Building en Chicago de Louis Harris Sullivan; el Centro Municipal de Säynätsalo de Alvaar Alto; el Museo Guggenheim  en Bilbao de Frank Gehry; y la Biblioteca Multimedia en Sendai de Toyo Ito; entre otras obras y arquitectos de gran relevancia.

Los grandes ausentes han sido el continente de Oceanía y toda América, salvo Estados Unidos; así mismo la extinta Unión Soviética. No obstante de algunas omisiones importantes en cuanto a arquitectura universal de los dos últimos siglos, la recopilación documental y descripción arquitectónica es rescatable; y en ello radica la importancia de producir programas con calidad, que aborden temas poco atendidos por los medios visuales, como lo es la arquitectura. La serie resalta sus aportes hacia la ciudad y cultura universal, así como su impacto social.

Finalmente, la serie se editó en 5 dvd’s, pero solo está disponible en algunas tiendas en línea como e-bay o Amazon. Actualmente (2012), la televisora de tv pública Canal 22  re-transmite este material de gran manufactura, sobre la arquitectura universal de indudable calidad.

Julio, 2011

El Centro SCOP en el olvido. Por Dulce Ma. García




El edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas proyectado por los arquitectos Carlos Lazo, Raúl Cacho y Augusto Pérez Palacios, con murales en mosaico de piedra de Juan O´Gorman, Zúñiga, José Chávez Morado y escultura de Rodrigo Arenas Betancourt, se inauguró en 1954.

En el mismo periodo de realización de la obra, el arquitecto Carlos Lazo fue Secretario de Comunicaciones y Obras públicas (1953-1955) en el Periodo presidencial de Adolfo Ruiz Cortines y previamente gerente del proyecto de Ciudad Universitaria de 1950 a 1952. Como podemos darnos cuenta se mantuvo simultáneamente como funcionario público y arquitecto-empresario.

El centro SCOP es un digno ejemplo de la corriente arquitectónica conocida como “integración plástica” en la que se conjuntaban el trabajo de arquitectos, escultores y pintores en un concepto de integrar las tres artes desde la etapa preliminar al proyecto o anteproyecto para evitar que la escultura y los murales se vieran como mera ornamentación o como añadidos posteriores.

Algunos edificios construidos bajo estos preceptos son: la fábrica Chrysler (1952); los laboratorios CIBA (1954); la biblioteca central de la UNAM y la Unidad Independencia entre otros.

Lamentablemente el conjunto SCOP ha sufrido distintas afectaciones, la primera en 1968 fue la construcción de la torre de telecomunicaciones de 17 pisos que ocupó gran parte de la explanada de generosas dimensiones.

Posteriormente el conjunto fue severamente dañado en los sismos de 1985, y quizás debido a esta situación ha sido ignorado en al menos dos de las más recientes guías de arquitectura: la guía arquitectura contemporánea de Louise Noelle y Carlos Tejeda y la guía de arquitectura, ciudad de México de la Junta de Andalucía (1993 y 1999 respectivamente).

Aunque por otro lado, en el año 2004 fue motivo de reconocimiento por el 50 aniversario, con una estampilla postal y hoja recuerdo, en la que se destacan principalmente a los muralistas Francisco Zúñiga y José Chávez Morado, y como es común en las estampillas que muestran arquitectura se omite el nombre de los arquitectos. Todo parece indicar que en esta obra de integración plástica se reconoce más la obra plástica que la arquitectura y sus autores.


Julio, 2011